
EE.UU. no sacará a Ortega y Murillo en 90 días: esto es lo que propone el Congreso para una transición democrática en Nicaragua
Estados Unidos volvió a poner la transición democrática de Nicaragua sobre la mesa. Un proyecto presupuestario tramitado en la Cámara de Representantes respalda los programas de promoción de la democracia para el país y contempla que el Departamento de Estado rinda cuentas sobre sus esfuerzos para apoyar un eventual cambio político.
El documento ha llamado la atención por una disposición que menciona un plazo de 90 días, interpretado como una cuenta regresiva para la salida de Daniel Ortega y Rosario Murillo del poder. Eso es falso.
No es un nuevo informe del Departamento de Estado, no crea por sí mismo un fondo para sacar del poder a Daniel Ortega y Rosario Murillo y tampoco anuncia nuevas sanciones contra el régimen.
Es el Informe 119-631 de la Cámara de Representantes, presentado el 30 de abril de 2026 por el republicano Mario Díaz-Balart desde el Comité de Apropiaciones. El texto acompaña al proyecto H.R. 8595, que establece las asignaciones para Seguridad Nacional, el Departamento de Estado y programas relacionados durante el año fiscal que termina el 30 de septiembre de 2027.
Nicaragua ocupa solo una parte de un extenso documento sobre el gasto y las prioridades de política exterior de Estados Unidos. En ese apartado, el Comité respalda la continuidad de los programas de democracia, delimita el destino de los recursos y pide al Departamento de Estado informar sobre los esfuerzos para apoyar una transición democrática en Nicaragua.
La Cámara de Representantes aprobó el proyecto el 15 de julio, con 217 votos a favor y 209 en contra. Eso no significa que ya sea ley ni que sus disposiciones estén vigentes.
¿Qué dice exactamente sobre Nicaragua?
El Comité de Apropiaciones asegura estar “profundamente alarmado” por el desmantelamiento de las instituciones democráticas, la persecución de la oposición política, el cierre del espacio cívico y las violaciones de los derechos humanos y de la libertad religiosa en Nicaragua.
También menciona la persecución contra la Iglesia católica, sus organizaciones de beneficencia y sus instituciones educativas.
El Comité respalda expresamente la continuidad del financiamiento de programas de democracia para los nicaragüenses y establece que su recomendación no contempla recursos para políticas, programas o actividades en Nicaragua que no estén directamente dirigidos a promover la libertad, la gobernanza democrática, la libertad religiosa y elecciones legítimas, libres y justas.
En otras palabras, el documento delimita el destino de los recursos relacionados con Nicaragua y los orienta hacia esos objetivos.
¿Qué significa la “transición democrática”?
El documento no presenta una hoja de ruta para sustituir al régimen de Ortega y Murillo ni establece las etapas de una transición. Lo que hace es señalar los elementos que, a criterio del Comité, deberían formar parte de ese proceso.
El informe establece que, dentro de los 90 días posteriores a la entrada en vigor de la legislación, el secretario de Estado deberá presentar a los comités de Apropiaciones un reporte sobre los esfuerzos para apoyar una transición democrática en Nicaragua.
Ese planteamiento incluye la recuperación de las libertades fundamentales y de instituciones independientes, el respeto a los derechos humanos y la libertad religiosa, así como las condiciones necesarias para celebrar elecciones creíbles, libres y justas.
El reporte también deberá abordar las acciones para reducir la dependencia de Nicaragua de China, incorporando así un componente que va más allá de la crisis política interna.
El documento no establece quién conduciría una eventual transición, cuánto tiempo debería durar ni el mecanismo mediante el cual se produciría un cambio político. Los 90 días se refieren únicamente al plazo que tendría el secretario de Estado para presentar el informe al Congreso una vez que la legislación entre en vigor.
China entra en la ecuación
La referencia a China permite entender por qué Nicaragua aparece también dentro de las preocupaciones de seguridad nacional de Estados Unidos.
El Comité sostiene que la relación con Pekín ha contribuido a sostener al régimen de Ortega y Murillo y ha profundizado el alineamiento de Nicaragua con gobiernos que Washington considera adversarios.
No es una referencia aislada. En su estrategia para América Latina, el Comité respalda programas, iniciativas y alianzas dirigidas a contrarrestar la influencia china en la región. El informe sostiene que Pekín utiliza inversiones económicas y asociaciones de seguridad, incluida la Iniciativa de la Franja y la Ruta, para fortalecer a gobiernos autoritarios y avanzar sus objetivos geopolíticos.
La situación nicaragüense queda así conectada con una preocupación más amplia de Washington por la creciente presencia de China en América Latina.
El documento también coloca bajo la lupa las relaciones de Managua con Teherán.
El Comité expresa preocupación por la expansión de los vínculos políticos, económicos y de seguridad del régimen de Ortega y Murillo con Irán y considera que esa relación puede ampliar la influencia iraní en el hemisferio y afectar los intereses estadounidenses y la seguridad regional.
Además, pide al Departamento de Estado presentar otro reporte sobre la presencia, las actividades y la influencia de Irán en América Latina y el Caribe, incluidas las del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y Hezbollah.
Ese reporte deberá analizar las amenazas que esas actividades representan, según Washington, para la seguridad nacional estadounidense y la estabilidad regional, así como los esfuerzos de Estados Unidos y sus socios para contrarrestarlas.
¿Es una nueva política hacia Nicaragua?
No completamente.
El respaldo estadounidense a programas de democracia en Nicaragua es anterior a este proyecto. Lo relevante para el año fiscal 2027 es que el Comité mantiene esa línea y establece de manera explícita las prioridades que propone para el país.
Además de Nicaragua, el documento también incluye a Cuba y Venezuela entre los países donde plantea mantener el apoyo a programas de democracia y libertad religiosa.
¿Ya está vigente?
No. El Informe 119-631 no es por sí mismo una nueva ley sobre Nicaragua. Es el documento del Comité de Apropiaciones que explica y acompaña al proyecto presupuestario H.R. 8595 para el año fiscal 2027.
Para despejar cualquier duda, el propio congresista republicano Mario Díaz-Balart, autor del informe, aclaró en su cuenta oficial de X el verdadero objetivo del texto y confirmó que está sujeto a la aprobación final del presupuesto:
“El pueblo de Nicaragua merece libertad y el derecho a elegir un gobierno legítimo a través de elecciones libres y justas. Mi proyecto de ley en el Comité de Asignaciones para el año fiscal 2027 requiere que el Departamento de Estado presente un informe, en un plazo de 90 días, sobre el apoyo a una transición democrática en Nicaragua, sujeto a su promulgación definitiva”, precisó.
La Cámara de Representantes aprobó el proyecto el 15 de julio, pero este debe completar el proceso legislativo antes de convertirse en ley.
Por tanto, el plazo de 90 días tampoco está corriendo. El propio texto establece que comenzará a contar después de la entrada en vigor de la legislación.
Entonces, ¿qué hay detrás?
La confusión parte de dos elementos que sí aparecen en el documento: una “transición democrática en Nicaragua” y un plazo de 90 días.
Pero el texto no establece una cuenta regresiva para la salida de Ortega y Murillo. Los 90 días corresponden al plazo que tendría el secretario de Estado para informar al Congreso sobre los esfuerzos de Estados Unidos para apoyar esa transición. Ese tiempo comenzaría a correr únicamente si la legislación entra en vigor.
CONCLUSIÓN: Estados Unidos no ha activado un ultimátum de 90 días para terminar con la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Lo que existe es una disposición que, si entra en vigor, daría ese plazo al secretario de Estado para rendir cuentas al Congreso sobre los esfuerzos de Washington para apoyar una transición democrática en Nicaragua.


