¿Qué es un pasaporte biométrico y por qué Nicaragua sigue rezagada frente a la mayoría de Latinoamérica?

El control migratorio en los principales aeropuertos del mundo atraviesa una profunda transformación digital. Las tradicionales ventanillas atendidas por agentes están siendo reemplazadas a ritmo acelerado por puertas automatizadas (e-Gates), un sistema que procesa el ingreso y salida de pasajeros en cuestión de segundos. Sin embargo, para hacer uso de este canal rápido existe un requisito técnico indispensable: portar un pasaporte biométrico.

Al carecer de esta tecnología, la libreta nicaragüense excluye automáticamente a sus portadores de la agilidad migratoria en zonas como el Espacio Schengen y en otros hubs internacionales.

A diferencia de la tendencia global y regional, Nicaragua continúa emitiendo pasaportes de lectura mecánica tradicional, situando al país en un claro rezago tecnológico frente a la modernización de los sistemas de tránsito internacional.

¿Qué es un pasaporte biométrico y cómo funciona?

Un pasaporte biométrico o electrónico conserva la apariencia de la libreta tradicional, pero incorpora una hoja de policarbonato y un microchip interno con tecnología de identificación por radiofrecuencia. Este chip almacena los datos del titular, su fotografía digital en alta resolución, huellas dactilares y una firma electrónica protegida por claves criptográficas del país emisor.

La tecnología biométrica valida la identidad mediante el cruce automatizado entre los datos encriptados del chip y el reconocimiento de la geometría facial del pasajero en las terminales aéreas. Este procedimiento reduce al mínimo el error humano y neutraliza el fraude por suplantación, ya que cualquier manipulación física en la libreta altera y anula la información digitalizada.

El contraste regional: América Latina avanza hacia la biometría

En América Latina, la adopción del estándar biométrico es casi total. Países de la región han sustituido progresivamente sus antiguos formatos por libretas electrónicas, con tarifas de emisión que varían por país.

Precios accesibles: Perú lidera con un costo aproximado de 33 dólares, seguido por Colombia y Brasil con un costo cercano a los 45 dólares.

Rango medio: Costa Rica y Bolivia fijan sus tasas en torno a los 75 dólares, mientras que Argentina y Panamá alcanzan los 100 dólares.

Costos elevados: México aplica esquemas escalonados que llegan hasta los 215 dólares según la vigencia seleccionada, en tanto Venezuela ubica su trámite en los 200 dólares.

Nicaragua, junto con Cuba, El Salvador y Guatemala, forma parte del reducido grupo de países que aún expiden pasaportes de lectura mecánica. Aunque el documento nicaragüense posee códigos de barras y elementos legibles por escáneres ópticos, carece del chip electrónico de almacenamiento de datos.

“Ves cómo las filas de las máquinas automáticas avanzan en cuestión de segundos para los costarricenses, mexicanos o colombianos, mientras los nicaragüenses nos quedamos estancados en las filas largas esperando que un agente nos revise hoja por hoja o incluso nos hagan demasiadas preguntas”, dice un viajero nicaragüense que llegó este mes a España.

A pesar de la clara desventaja que esto representa, la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) de Nicaragua ni siquiera ha contemplado la modernización del documento. Implementarlo también sería una oportunidad de recaudación para las arcas públicas, dado que la transición hacia pasaportes con chip suele ir acompañada de nuevas tasas de renovación que generarían ingresos directos para la institución.

Impacto para los viajeros nicaragüenses

La falta de microchip no invalida la libreta nicaragüense ni impide el viaje a países con exención de visado —como la zona del Espacio Schengen en Europa—, pero sí impone limitaciones operativas en los aeropuertos internacionales.

Al no contar con un chip biométrico, los ciudadanos nicaragüenses quedan excluidos automáticamente del uso de las filas rápidas automatizadas (e-Gates) y deben someterse obligatoriamente a la revisión manual ante agentes migratorios, con los consecuentes tiempos de espera prolongados.

Este rezago tecnológico coincide además con la puesta en marcha del nuevo Sistema de Entradas y Salidas (SES) de la Unión Europea, un modelo que sustituye los sellos físicos en el pasaporte por registros digitales de datos en frontera. Ante la automatización global de la aviación comercial, la cartilla de viaje nicaragüense continúa operando bajo las limitaciones de un estándar técnico del pasado.

Para miles de nicaragüenses que viajan por motivos de trabajo, negocios, turismo o reunificación familiar, la falta de biometría en el pasaporte ya no es solo una curiosidad técnica, sino una desventaja operativa en las fronteras. La solicitud de un documento con chip se ha convertido en un reclamo recurrente entre la comunidad nicaragüense en el exterior y los viajeros frecuentes, quienes señalan que la cartilla emitida por la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) opera con estándares del siglo pasado.