Rusia responde a Costa Rica y tacha de infundadas las acusaciones sobre su presencia militar en Nicaragua

Rusia rechazó las preocupaciones expresadas por Costa Rica por la persistente y reciente presencia de fuerzas militares rusas en Nicaragua planteadas por el canciller Manuel Tovar ante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Panamá. Moscú aseguró que esos señalamientos «carecen de fundamento» y defendió la cooperación que mantiene con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo que -sostuvo- no representa una amenaza para la región.

En un inusual comunicado, la Embajada rusa en San José rebatió las declaraciones del canciller costarricense ante la OEA donde afirmó que Costa Rica observa «con enorme preocupación» la «persistente y reciente presencia» de fuerzas militares rusas en Nicaragua así como de integrantes de agrupaciones terroristas como Hamás y Hezbolá.

La Embajada rusa expresó que las afirmaciones del canciller costarricense «no reflejan plenamente la realidad de los hechos». Según la representación diplomática, actualmente no existe un despliegue militar ruso en Nicaragua, sino un grupo de «asesores y especialistas militares» cuya labor consiste en intercambiar experiencias, capacitar personal nicaragüense y brindar apoyo en tareas humanitarias, así como en operaciones de búsqueda y rescate ante desastres naturales.

Moscú añadió que esa cooperación se desarrolla al amparo de acuerdos bilaterales vigentes entre ambos países y refirió que la legislación nicaragüense autoriza periódicamente el ingreso temporal de contingentes extranjeros, incluidos los de Rusia, Estados Unidos, México, Cuba y otros países centroamericanos, para participar en programas de cooperación internacional.

Lo que dice el acuerdo militar entre Nicaragua y Rusia

El acuerdo militar entre Rusia y Nicaragua va más allá de una cooperación limitada a labores humanitarias o de capacitación técnica. El documento al que tuvo acceso DESPACHO 505 establece una «cooperación militar a largo plazo» entre el Ministerio de Defensa de la Federación de Rusia y la Comandancia General del Ejército de Nicaragua, con una vigencia inicial de cinco años, prorrogable automáticamente por periodos iguales.

El texto contempla entrenamiento operativo y de combate, intercambio de experiencias, envío de especialistas, llegada de buques y aviones rusos, cooperación en armamento y equipo militar, además de asistencia en áreas sensibles como telecomunicaciones, seguridad de la información y guerra electrónica.

Uno de los puntos de mayor alcance es que Rusia podrá participar en procesos vinculados a la estructura interna del Ejército nicaragüense. El acuerdo incluye el «intercambio de experiencias en la construcción y reformas de las fuerzas armadas nacionales», así como en la organización de la gestión diaria y el adiestramiento de combate de las tropas.

El documento también abre espacios de cooperación en seguridad, orden público, disciplina militar, seguridad vial, búsqueda de militares y asuntos de policía militar. En el contexto nicaragüense, donde las instituciones armadas y policiales han sido señaladas por su subordinación al régimen Ortega-Murillo, ese apartado amplía el alcance de la presencia rusa hacia áreas que pueden tener impacto directo en el control interno.

Además, el pacto establece mecanismos para el intercambio de información clasificada, incluidos secretos de Estado. Esa cláusula otorga a Moscú acceso legal a información estratégica del Estado nicaragüense y profundiza una alianza que deja de ser meramente técnica para convertirse en una relación militar estructural.

A diferencia de los decretos semestrales que autorizan el ingreso temporal de tropas extranjeras, este acuerdo configura una cooperación sostenida, con capacidad de incidir en la formación, equipamiento, doctrina, comunicaciones y funcionamiento interno del Ejército de Nicaragua.

No obstante, el propio Decreto Presidencial 05-2026 firmado por Ortega y Murillo, que reguló el ingreso de tropas extranjeras durante el segundo semestre de 2026, estableció un trato claramente diferenciado para las fuerzas rusas.

Mientras el ingreso de contingentes de Estados Unidos, México y otros países quedó limitado a misiones específicas de cooperación y asistencia humanitaria, Rusia recibió facultades más amplias.

El decreto autorizó el ingreso rotativo de militares rusos para realizar adiestramiento con unidades de operaciones especiales del Ejército de Nicaragua, participar en intercambios con naves y aeronaves y desarrollar actividades relacionadas con el combate al narcotráfico y el crimen organizado.

Además, el texto permitió a las fuerzas rusas operar en aguas territoriales nicaragüenses y participar en funciones vinculadas a la seguridad, atribuciones que no fueron concedidas a otros contingentes extranjeros.

La nota diplomática insiste en que la relación entre Rusia y Nicaragua «no está dirigida contra terceros Estados» y responde, según su versión, a objetivos de estabilidad regional, seguridad y desarrollo.

Rusia «sorprendida» por alerta de presencia de Hamás y Hezbolá en Nicaragua

El comunicado también cuestiona que Costa Rica haya vinculado a Nicaragua con la presencia de organizaciones como Hamás y Hezbolá.

La Embajada calificó de «sorprendente» esa afirmación y la incluyó entre los señalamientos que considera alejados de la realidad.

Además, recordó que Tovar ya había expresado preocupaciones similares a principios de junio en una entrevista con la agencia de noticias AFP, cuando relacionó la presencia de personal ruso en Nicaragua con la guerra que Rusia libra contra Ucrania.

La Embajada rusa concluyó su pronunciamiento pidiendo a las autoridades costarricenses que, al referirse a la cooperación entre ambos países, se basen en «hechos comprobados e información objetiva» y eviten afirmaciones que, a su juicio, puedan generar «interpretaciones erróneas» y afectar las relaciones históricas entre Rusia y Costa Rica.