Robo y profanación en parroquia de Estelí: denuncian nuevos ataques contra la Iglesia católica en Nicaragua

Una imagen del Divino Niño apareció rota a pocos metros de la parroquia Francisco de Asís de la ciudad de Estelí de donde fue robada. La imagen sacra fue abandonada en una cuneta por los «desconocidos» que ingresaron al templo para robar varios objetos y cometer un acto que la Iglesia considera sacrilegio.

El hecho ocurrió durante la madrugada del pasado 16 de junio en el templo también conocido como Ermita El Rosario y fue denunciado públicamente por el párroco Sixto Muñoz, quien reveló que presentó denuncia formal a la Policía «esperando que haya resultados positivos».

Además de la imagen religiosa, los delincuentes sustrajeron mesas, instrumentos musicales y otros artículos almacenados en una bodega parroquial, detalló el religioso a un medio local.

Ataques contra la Iglesia católica, callados por miedo

El caso denunciado por el sacerdote, -que es un acto poco usual bajo el clima de represión e intimidación contra la Iglesia católica de Nicaragua – es en realidad parte de una serie de ataques registrados en distintas parroquias del país que no salen a luz por el miedo impuesto por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, afirmó la investigadora Martha Patricia Molina, autora del estudio Nicaragua: Una Iglesia perseguida.

Molina considera que el caso refleja una realidad que permanece oculta por el temor existente dentro de las estructuras eclesiales. «En los últimos meses ha habido en Nicaragua un ambiente de silencio y miedo», señaló.

Según Molina, el que no hayan denuncias públicas no significa que hayan disminuido las agresiones contra la Iglesia, sino que existe una mayor cautela.

«En las últimas semanas varias parroquias han sido afectadas, pero optan por el silencio», escribió en sus redes sociales tras conocerse el caso de la parroquia Francisco de Asís.

Propagan mensajes de odio

Molina atribuyó estos hechos al clima de hostilidad que, a su juicio, promueve el régimen contra la Iglesia católica en los últimos años.

«Esto es lo que sucede cuando los dictadores hablan y emiten mensajes de odio contra la Iglesia católica. Empoderan a los delincuentes, quienes no se conforman con robar sino que también profanan lo sagrado y todo queda impune», expresó.

Desde abril de 2028 hasta julio de 2025, Molina documentó más de 1,010 ataques directos contra la Iglesia católica, la expulsión de 302 religiosos, el robo de al menos 36 propiedades y la prohibición de 16,564 procesiones en Nicaragua.

Molina denunció que en el país los sacerdotes viven bajo un silencio forzado: no pueden denunciar los abusos ni la vigilancia constante, bajo la amenaza de que «el que habla va preso y desterrado». Del mismo modo, los laicos se abstienen de alzar la voz, ya que el control y el espionaje se ha intensificado.

El robo ocurrió además en una de las diócesis más golpeadas por la persecución contra la Iglesia de Nicaragua. La diócesis de Estelí permanece sin obispo desde julio de 2021, cuando el ya fallecido papa Francisco aceptó la renuncia de monseñor Juan Abelardo Mata Guevara al cumplir la edad de jubilación.

Tras su salida, el Vaticano nombró administrador apostólico de Estelí a monseñor Rolando Álvarez, entonces obispo de Matagalpa y una de las voces más críticas frente al régimen. Álvarez fue posteriormente encarcelado y condenado a más de 26 años de prisión bajo cargos de «traición a la patria». En enero de 2024 fue expulsado del país y enviado a Roma junto a otros sacerdotes y religiosos. Desde entonces, Estelí forma parte del grupo de diócesis que permanecen sin obispo residente en Nicaragua, junto con Matagalpa, Siuna y Jinotega.