La incertidumbre de los damnificados de Wawa Bar y Lamlaya de cuándo volverán a reconstruir sus casas

Eta e Iota  devastaron Wawa Bar y Lamlaya, pero la ayuda está muy lejos de llegar. Hay desesperación en los albergues y la reconstrucción de las casas de las comunidades deberá esperar semanas.

BILWI, Caribe Norte —  Wawa Bar es un vasto mar de escombros retorcidos. En esta comunidad del litoral Sur de Bilwi, las olas entraron con fuerza y convirtieron el suelo en arena movediza. Y el amanecer de los últimos días, es el mismo aunque los pobladores se empeñen en mover las láminas de zinc, los retazos de madera y los árboles caídos. 

Hay escenas de inmundicia que hacen más difícil el retorno de los pobladores. Los zopilotes merodean los patios en busca de animales muertos que yacen entre lodo y escombros. La impotencia frustra a quienes quieren regresar pronto a sus casas, pero aunque tengan pocos recursos para emprender la reconstrucción deberán esperar más semanas hasta que el suelo vuelva a estar firme. 

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“El suelo está tipo arena movediza, lo que indica que se no pueden construir hasta que se estabilice y podrían pasar meses para eso. Quizás las personas podrían regresar y solamente poner una champa que esté en contacto con el suelo o sea no sería de tambo. Pero si llueve se inundarán”, cuenta un poblador que prefirió omitir su nombre por temor a represalias. 

La realidad es que Wawa Bar no tiene condiciones ahora para que los comunitarios retornen. El agua que sacan de los pozos está contaminada y si alguien pretende acarrear el líquido desde Bilwi deben invertir entre 2,000 y 2,800 córdobas. 

Esa empobrecida comunidad sufrió el impacto de dos huracanes en menos de 15 días. Eta dejó destrozos en varios sectores, sin embargo Iota terminó con lo poco que el primero había dejado en pie. En cuestión de horas, el vórtice derribó las humildes viviendas. 

Devis Hemphris (27 años) vive en Wawa Bar y al igual que muchos otros comunitarios lo perdieron todo, y cuando se dice todo no es exageración: No tienen viviendas, animales, ropa ni la tranquilidad que les daba estar en su lugar de origen, que ahora luce como una ciudad fantasma donde solo hay escombros

Ella viajó el jueves a su comunidad, pero  lo que vio solo le causó «tristeza y dolor, ya que no me queda nada, solo el terreno». «Después que pasó el huracán (Iota) dejó todo completamente destruido; nuestras casas, nuestros animales. Ayer que fui solo logré recoger unas cuantas ropas que saqué del lodo, estamos sin nada por eso pedimos ayuda a los gobiernos, empresarios porque no tenemos ni casa, ni ropa ni comida», relata desde la vivienda de una de sus hermanas, ubicada en la comunidad de Lamlaya, en Bilwi, que visiblemente se encuentra destruida.

Ella no se aloja donde su hermana, solo llega por las mañanas a lavar la poca ropa que tiene porque en el albergue donde se encuentra refugiada con sus otros 10 familiares, en la Escuela Normal Gran Ducado de Luxemburgo, no cuenta con condiciones. Ella ha estado en ese refugio durante 20 días. 

«En el albergue no hay donde lavar. Hoy aprovechamos que un señor venía para acá (Lamlaya) y decidimos venir donde mi hermana que aquí vive, porque ni dinero tenemos para movernos, es muy duro esta situación», lamenta la joven caribeña. 

Aunque asegura que la comida, el agua y el dinero son los principales problemas que su familia enfrenta, su mayor preocupación «es que no sabemos cuánto vamos a dilatar en el albergue porque no sabemos cuando vamos a tener casa en Wawa Bar, nadie nos ayuda».

Las condiciones en los albergues son insalubres, sólo hay un par de baños para más de 1,000 personas que duermen en colchones muy ligeros. En algunos, como los de Wawa Bar no hay comida que alimente a ancianos y niños, y han sobrevivido con tortillas que aportado la iglesia cristiana Verbo Loma Verde. 

VÍCTIMAS DE TRES HURACANES

Su hermana, Joyce Hemphris McClean, de 48 años de edad, también es originaria de Wawa Bar, pero tiene más de 15 años de vivir en Lamlaya. Aunque aseguró que quisiera tener a sus familiares en su casa, esta se encuentra parcialmente destruida, por lo que “no tenemos condiciones para tenerlos”

«El primer huracán (Eta) se llevó la mitad del techo de la casa, pero con este segundo (Iota), el techo se desprendió casi totalmente, me le quebraron varias tablas a la casa y no se puede vivir así», lamenta McClean.

La señora de 48 años cuenta que previo a la llegada del huracán, sobrevivían con los ingresos de su esposo que se dedicaba a «lo que le saliera». Tener trabajo era como ir de pesca, con la incertidumbre si encontraría algo o no. Pero semanas antes de que Eta tocará la Costa Caribe Norte de Nicaragua, este fue operado de un tumor que tenía en la cabeza, por lo que quedó sin ingresos económicos para mantener a su familia.

«Yo no tengo quien me ayude porque mi esposo no puede trabajar porque está operado, él está donde sus familiares en otro barrio de Puerto Cabezas porque aquí es muy peligroso para él. Aquí salimos a buscar cositas en las huertas para poder comer y a veces los vecinos nos dan aunque sea un poquito de comida. Es una situación bien triste», lamenta la señora. 

Según McClean, no es la primera vez que su casa sufre daños por un huracán, pues asegura que hace 13 años su casa fue destruida por el huracán Félix. No obstante, la señora caribeña expresó que en esa ocasión junto a su marido la volvieron a construir “porque él estaba trabajando todavía”. 

«Pero ahora, después de 13 años, el huracán dejó destruido otra vez. Solo que ahora es muy diferente porque no se hasta cuando voy a poder reparar mi casa, mi única opción es que el Gobierno me ayude porque yo no tengo dinero ni trabajo, y el Gobierno no nos ayuda», dice.

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MacClean cuenta que durante el paso de Iota también pasó en el albergue de la Escuela Normal, pero regresó un día después, el martes 17 de noviembre, a ver su casa y que no se me robaran lo poco que quedó.

Desde el 31 de octubre, el albergue instalado en la Escuela Normal Gran Ducado de Luxemburgo, abrió sus puertas a las personas que fueron evacuadas de zonas vulnerables. 

Durante una visita realizada al lugar, previo al impacto de Iota, otros evacuados de Karatá y Hallover intentaron refugiarse ahí, pero un coordinador de este albergue aseguró que ya no había más espacio.

Hasta el momento en este albergue hay un total de 1,109 refugiados desde esa fecha, todos de la comunidad de Wawa Bar, quienes no han podido regresar a su comunidad porque en su gran mayoría no tienen a dónde vivir.

La espera, dicen, es larga y angustiante.