Ortega llamó «usurpador» y «basura» a Taiwán: olvidó los 14 años que exprimió su cooperación

El dictador Daniel Ortega acusó este lunes a Taiwán de "usurpar la representación de China" y calificó su antigua embajada como "basura". Además, responsabilizó a la administración de la fallecida presidneta Violeta Barrios de Chamorro y a los dos gobiernos liberales que le siguieron de romper las relaciones con con China Popular. 

AFIRMACIÓN:  "(En 1990) inmediatamente lo primero que hizo la Presidenta (Violeta Barrios de Chamorro) fue anunciar la ruptura de relaciones con la República Popular China y abrir relaciones con Taiwán. Y así estuvo el país, porque luego vino otra Elección, y resultó electo otro dispuesto a servirle a los yanquis, el "octor Arnoldo Alemán".

VERIFICAMOS: Los hechos verificables demuestran que cuando regresó al poder en 2007 no solo mantuvo la ruptura diplomática sino que convenientemente recibió alrededor de 400 millones de dólares de la cooperación taiwanesa que incluyó el préstamo de 100 millones de dólares para financiar el Presupuesto General de la República en el 2019, un oxígeno económico en el inicio de la crisis sociopolítica todavía sin resolver.

Esperó 14 años para restablecer las relaciones con China y en ese tiempo -consta en registros de prensa-el veterano líder del FSLN no solo se deshizo en elogios sino que consiguió financiamiento para sus más emblemáticos proyectos populistas.

La versión de Ortega es que quedaron "amarrados con Taiwán". 

No obstante, obvia que aprovechó los lazos con Taipei para financiar proyectos que ha vendido como "progreso" sandinista para el pueblo como Asistencia técnica para la producción agrícola; los más emblemáticos: el Programa Hambre Cero, el Bono Productivo y el Programa Bismark Martínez por medio de las Casas Solidarias.

A esto se suma fiananciamiento para inversiones en carreteras, salud, educación y seguridad alimentaria, además de donaciones a entidades como SINAPRED para emergencias. Incluso, Taiwán entregó una donación de 30 millones de dólares que Ortega usó para financiar los daños provocados por el terremoto de abril del 2014. 

También pagó para la construcción del Estadio Nacional Dennis Martínez. El aporte de 30 millones de dólares terminó siendo desviado. Supuestamente fue destinado por el sandinismo para construir Ciudad Belén, un proyecto de vivienda social destiando a familias afectadas por inundaciones en 2017, pero tampoco el destino real de esos fondos no fue transparentado.

El giro narrativo de Ortega contra Taiwán no se trata una corrección diplomática. Todo lo contrario: el dictador manipula y distorsiona hasta la historia para encajar con los intereses de la República Popular China, país sobre el que pretende sostenerse a flote en medio del creciente ailamiento internacional. 

Un giro conveniente: nuevo amigo de China Popular

El dictador dijo en Managua, durante un acto de entrega de microbuses marca Yutong -adquiridos vía crédito y bajo condiciones ventajosas para la compañía china- que Taiwán "no era un país".

LO DICHO: "Es bueno recordar que cuando triunfa la Revolución en Nicaragua, aquí la Misión Diplomática que había en nombre de Taiwán, usurpaba. Los taiwaneses son chinos y deberían sentirse orgullosos de que son chinos y no basura taiwanesa", descalificó Ortega.

VERIFICAMOS: Estas afirmaciones no solo carecen de sustento sino que contradicen directamente la historia, el derecho internacional y la propia relación que mantuvo con Taipéi desde 2007 hasta 2021.

En los registros periodísticos consta que al asumir el Gobierno en enero de 2007, Daniel Ortega destacó públicamente la importancia de la relación con Taiwán. "Después del cambio de gobierno… espero continuar todo tipo de relaciones con el pueblo y gobierno de Taiwán", afirmó entonces, en un mensaje que evidenciaba su disposición a mantener y fortalecer los vínculos políticos y de cooperación con Taipéi. Y lo hizo.

Durante 14 años, Nicaragua recibió entre 30 y 50 millones de dólares anuales en cooperación taiwanesa. Esos fondos financiaron programas sociales utilizados por el FSLN, proyectos productivos, equipamiento para instituciones estatales y donativos administrados con amplia discrecionalidad por el círculo más cercano del régimen.

No existe evidencia pública de chantaje o presión por parte de Taiwán para mantener el vínculo. Por el contrario, la cooperación fue una de las más constantes durante ese periodo y contribuyó a sostener políticamente al régimen, especialmente después de la represión de 2018.

La afirmación de que Taiwán "usurpaba" la representación china es falsa. Taiwán ha funcionado como un Estado desde 1949, con instituciones, ciudadanía, sistema político y capacidad diplomática propias. La República Popular China nunca ha gobernado la isla, y Nicaragua mantuvo relaciones diplomáticas soberanas con Taipéi durante décadas.

El concepto de "usurpación" existe únicamente en el marco narrativo de Beijing, no en el sistema internacional. Presentarlo como un hecho histórico es una manipulación deliberada.

En enero de 2017, la entonces presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, fue recibida con honores oficiales por el dictador Daniel Ortega durante su toma de posesión. En ese encuentro, Ortega elogió públicamente la relación bilateral y agradeció la cooperación sostenida de Taipéi.

Ese día públicamente reconoció que "Nicaragua ha disfrutado largamente de la asistencia mutua, la cooperación bilateral y el creciente comercio entre las dos naciones", y manifestó voluntad de continuar apoyando "el derecho de Taiwán a participar en organismos internacionales y a salvaguardar sus intereses".

La visita de Tsai representó uno de los momentos de mayor cercanía histórica entre Managua y Taipéi, evidenciando que antes de adoptar el discurso de Beijing, el régimen de Ortega no solo reconocía la legitimidad de Taiwán, sino que se beneficiaba activamente de su cooperación económica y diplomática.

"Los taiwaneses son chinos": falso

Tampoco es cierto que "los taiwaneses son chinos", como sostiene Ortega. Las encuestas de identidad realizadas en Taiwán durante tres décadas muestran que la mayoría de la población se identifica exclusivamente como taiwanesa.

La identidad política y cultural de la isla responde a su historia propia, no a los postulados ideológicos del Partido Comunista Chino. Al repetir esa narrativa, el dictador nicaragüense reproduce propaganda, no hechos.

Lucro no corrección histórica

El giro discursivo no puede separarse del alineamiento total de la dictadura con la República Popular China. Para presentar la ruptura con Taiwán como una corrección histórica, Ortega debe borrar la evidencia de que se benefició de su cooperación durante 14 años y debe deslegitimar su antigua relación diplomática. La estrategia consiste en reescribir el pasado para justificar un presente geopolítico que depende del respaldo chino.

Lo verificable es lo contrario a lo que afirma el régimen: Taiwán no usurpó nada, no chantajeó a Nicaragua y no fue ilegítimo. Fue un socio diplomático reconocido que financió proyectos clave en los que el régimen sandinista se apoyó políticamente. Las descalificaciones actuales del dictador son parte de una narrativa diseñada para complacer a Beijing y para ocultar la historia reciente que lo benefició directamente.