Abril le dio esperanza a la política nicaragüense
La juventud ya entró en la política yes parte de la historia. Ahora es momento de dar el salto cualitativo másimportante y construir un partido político propio que, en confluencia con lasdemás fuerzas políticas, dispute el poder a Ortega y Murillo.
Apáticos,desconectados e incluso vagos. Esas eran algunas de las calificaciones que dabana los y las jóvenes por su poco interés en la política que hacían señoras yseñores que asociábamos a ese ámbito, y que produjo, por tanto tiempo,antipatía.
No es que ala juventud no le gustara la política institucional, es que, a lo mejor, se leshabía olvidado para qué podía servir. Aunque sí hubo una generación que fueparte y espectadora de cambios profundos a través de irrumpir en lasinstituciones del Estado para, desde ahí, cambiar las cosas, -que no creo hayasido la de los 80’s-. La generación de los que nacimos en los 90’s y más alláestuvo muy lejos de esa.
La transición democrática que vio la caída del régimen autoritario del FSLN de la década de los 80’s fue también una transición hacia una idea de sociedad más atomizada, en donde, en palabras de una vieja ministra británica, Margaret Thatcher, lo esencial era el individuo y la familia.
MÁS EN VOCES: Mafia líquida
La políticadesde las instituciones del Estado debía procurar tratar de administrar elorden, estabilidad y la seguridad de la sociedad, nada más. Ciertas necesidadesbásicas de las cuales carecía la gente – una amplia mayoría – debían estarfuera de la fórmula.
De esaforma, la democracia se fue convirtiendo en un simple mecanismo de cambio degobernantes, y los partidos políticos – sobre todo el FSLN y el PLC- dejaron derepresentar los intereses de la gente para representar los de ellos mismos ysus caudillos; rompieron las reglas del juego democrático a través de pactos yprebendas y, con ello, fueron vaciando de legitimidad la política institucionaly su ámbito de acción.
No solo seempezó a percibir, por parte de ciertos sectores, la política institucionalcomo inservible, sino, a través de las grandes tramas de corrupción, se agudizósu clasificación de sucia. ¿Para qué buscar donde no había esperanza? ¿Cómoinfluyó en las y los jóvenes?
Dado elsecuestro de la política por políticos tradicionales, la exaltada ideapredominante de que la posibilidad de una vida digna y segura dependía delesfuerzo individual y, por tanto, las instituciones del Estado no debíanaccionar en pro de los imposibilitadas de llevar a cabo tal empresa, y loscambios culturales influyendo en una sociedad más consumista e individualista,las juventudes – múltiples claramente – se fueron volcando hacia esferas másdel ámbito privado o, en el mejor de los casos, hacia organizaciones privadasde acción social u ONG’s.
De esamanera, la juventud poco a poco se fue apartando o mostrando desinterés haciala política institucional y, redefiniendo su idea de lo político, comenzó aincidir desde la sociedad civil no tradicional. Desde ese espectro veníanmuchos de los y las jóvenes que iniciaron las protestas de #SOSIndioMaiz yluego #SOSINSS. De ahí surgieron, chavalas como Madelaine Caracas, AriannaMoraga, Eloísa Altamirano, entre otras.
KatherineRamírez, miembro del Consejo Político de la Unidad Nacional y miembro de laplataforma Con Vos, hace referencia a la irrupción de la política en espacios“negados” históricamente:
“Los y las jóvenes hoy irrumpen en la política tomando los espacios que les han sido negados por mucho tiempo por diferentes motivos, pero el más absurdo: por ser jóvenes, error garrafal ya que es gracias a la juventud y a esas nuevas experiencias que recopilan, es que se puede crear e innovar en una sociedad mejor, equitativa y justa”.
MÁS EN VOCES: En Venezuela se aclara el camino
Abrilpolitizó a la gente, pero sobre todo a los jóvenes.
Ante al usode la fuerza armada monopolizada por un Estado acaparado por Ortega y Murillofrente a jóvenes desarmados, la gente se movilizó haciendo uso de un variadorepertorio de acciones colectivas, orientados por la exigencia de libertad,justicia y democracia. ¡Que se vayan!
El campopolítico se reconfiguró y, desde el afuera institucional, las multitudesluchaban para hacer renunciar a quienes encarnaban el régimen dictatorial. Lagente entendía que la única posibilidad de poder obtener lo que demandaban ysiguen demandando pasa por irrumpir en la arena política, tomarse lasinstituciones – por consenso o por asalto- y cambiar las cosas desde ahí.
Los jóveneslo comprendieron y, como fuerzas simbólicas, dieron los primeros pasos para quela unidad de todas las fuerzas antidictatoriales fuera posible. Espacios noexentos de los viejos vicios del adultismo complaciente al que los mismos jóvenesle hacen el juego, pero que debe desaparecer si la juventud de verdad quiere irhasta el final.
La juventud ya entró en la política y es parte dela historia. Ahora es momento de dar el salto cualitativo más importante yconstruir un partido político propio que, en confluencia con las demás fuerzaspolíticas, dispute el poder a Ortega y Murillo por la vía de elecciónanticipada, libre, transparente, competitiva y observada.
Este paso esfundamental, dado que la juventud ya no le basta solamente con estar ejerciendoun poder de veto a los gobernantes desdela calle o desde los espacios organizados de la sociedad civil. Si se asume eserol puede que una transición similar a la de los 90’s sea lo que nos receten yque la historia vuelva a repetirse.
La juventuddebe involucrarse en la política institucional, en la instituciones del Estadoy la administración de los asuntos de interés público, si de verdad quierehacer la batalla por lo que creen; y desde ahí luchar por la verdad, lajusticia, la reparación y la no repetición de la matanza y construir un modelo democrático que nosimplemente se asocie a cambio de gobernantes y al fortalecimiento de lainstitucionalidad democrática y el Estado de derecho, sino también a procesosde igualación social.
Según JuanCarlos Márquez, comunicador social y miembro de la plataforma política Con Vos,el significado de la irrupción de los y las jóvenes en la política es:
“Organizarnospara convertir nuestras demandas en las principales alternativas de cambioduradero, verdadero e inclusivo. También democratizar la nación en base a idealesllenos de valentía, dejando atrás los pactos obsoletos y viejos que obstruyennuestro futuro; por primera vez, la cultura cívica y pacífica nos garantizaráque nunca más haya exclusiones para tomar el camino más certero al progreso”.
Siguiendouna línea similar, Yarithza Mairena, miembro del Consejo Político de la UnidadNacional y parte de la Coordinadora Universitaria por la Justicia y laDemocracia (CUDJ), le da sentido a la participación de los y las jóvenes comouna manera de hacer política de forma distinta:
“Que losjóvenes participen en política significa terminar con los procesos viciados yla politiquería que ha mantenido a Nicaragua en una cultura y economíaestancada. Podremos renovarnos y ampliarnuestra visión de los problemas y las soluciones y al fin tener un país que nocaiga una y otra vez en los mismos errores”.
Hoy la juventud está dispuesta a asumir el cambio, a regenerar la política y a devolverle la esperanza a la gente, y desde este ámbito, construir mejores vidas. Vidas más dignas.
Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial. La publicación no significa que este medio valide los argumentos o considere las opiniones como cierta.
