¿Renuncia o negociación?
Si las fuerzas democráticas deciden que la salida es la renuncia, se tendría que coordinar esfuerzos para el convencimiento de Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional.
MANAGUA — El diario La Prensa publicóesta semana una editorial en la que critica la idea de una junta de Gobierno deTransición. En cambio, propone una salida a la crisis sociopolítica a través deelecciones libres y transparentes.
Apesar de que nunca he sido un entusiasta de la primera ruta, en la medida enque a veces sus defensores pecan de voluntaristas, tampoco creo que hay “eternizar”un camino en la medida en que esta no es más que la expresión de un consensopropio de una correlación de fuerzas determinada en un momento de la lucha.
Pienso,por el contrario, que hay, en este momento, algunos factores que influyen en unconsenso casi tácito sobre la ruta de salida a la dictadura, es decir, lasalida negociada.
Un consenso tácito de los poderes fácticos
Elfactor más fundamental ha sido que el ritmo de la lucha ha estado condicionadopor ciertos poderes fácticos, sobre todo los grandes capitales, y la comunidadinternacional; teniendo un peso importante la embajada de Estados Unidos en Managua.Para dichos actores, Ortega es un factor complejo.
Porun lado, sigue siendo el “hombre fuerte”, capaz de llenar el vacío de poder quese generaría frente a cualquier proceso insurreccional que lo haga renunciarpor la fuerza.
Aunquetambién es un factor de inestabilidad, dado que la crisis sociopolítica que elmismo Ortega ha provocado ha destruido la confianza de los agentes económicosy, por ende, el clima de inversiones en Nicaragua.
Pesea lo dicho anteriormente, una salida negociada que desemboque en un procesoelectoral libre, competitivo, transparente y observado, sería el camino mássensato y potable para los y las nicaragüenses, según los cálculos de estos dosactores. Sin embargo, este consenso no discutido de manera explícita por lasfuerzas democráticas, tiene fecha de expiración: 2021.
Yes que la ruta de salida tiene un enorme defecto: se ha dejado a voluntad deOrtega. Para la estrategia del diálogo, la negociación, la reforma electoral ylas elecciones libres, hace falta que Ortega actúe según las reglas limpias deljuego democrático. Por tanto, si el autócrata no actúa con voluntad políticaantes de celebrar las próximas elecciones generales, la estrategia de la salidapactada, tal como le llamó Ramón Jáuregui, quedaría deslegitimada y rechazada,incluso por facciones de las fuerzas opositoras.
Hay que construir un verdadero consenso.
Talcomo se dijo anteriormente, la estrategia se ha impuesto y bendecido “desdearriba” por la iglesia, por los grandes capitales y Estados Unidos, imposibilitándose,de esta manera, la construcción deliberada de una estrategia clara que, provisoriamente,ponga sobre la mesa el fracaso de la salida negociada y las elecciones libres,siempre una posibilidad en la gama de opciones de lo político.
Portanto, un primer paso fundamental es que las fuerzas democráticas que conformanla Coalición Nacional, con presencia del sector privado agremiado en el ConsejoSuperior de la Empresa Privada (Cosep), construyan un verdadero consenso entorno a la ruta de salida, y decidan entre esta disyuntiva, que siempre haestado presente en las discusiones, en torno a la renuncia o la salidanegociada. Por tanto, la estrategia que debería de seguir la oposición alrégimen y, sobre todo, el marco para la transición política.
Unsegundo paso necesario es la construcción de un consenso en torno a losmecanismos de presión internacional e interna. Si las fuerzas democráticasdeciden que la salida es la renuncia, se tendría que coordinar esfuerzos parael convencimiento de Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional, paraque, argumentando la ruptura del orden constitucional, se avance en laaplicación de la Carta Democrática y se desconozca la legitimidad del gobiernode Daniel Ortega, exigiendo su renuncia, la instauración de un Gobierno de Transición,conformado por la oposición y facciones del FSLN, y la celebración deelecciones libres.
Sinembargo, dado que Ortega no renunciaría por simple convencimiento de estarhaciendo lo correcto, también se necesita la construcción de un consenso entorno a mecanismos de presión internos, en donde todos los actores, de maneracreativa, pongan de su parte para llevar a cabo acciones que solo ellos puedenponer en función, tal como los paros nacionales.
Porotro lado, si las fuerzas opositoras deciden que el dialogo y la negociaciónson la salida estratégica para una transición política a Ortega, se tendría quepensar cómo dicha estrategia no se deja a la voluntad de la dictadura.
Paraesto es fundamental, tal y como se mencionó para el caso de la renuncia,construir una estrategia coordinada para presionar desde el ámbitointernacional e interno, en pro de forzar, no solo la apertura de lanegociación, sino las concesiones que la dictadura tendría que darle a lasfuerzas democráticas en pro de una reforma electoral amplia y unas condicionesfavorables para las elecciones generales próximas.
Más allá de la disyuntiva entre negociación y renuncia, que ha demostrado en el caso venezolano ser dos momentos de lo político en la contienda por el poder, ampliamente entrelazados, lo importante es que haya una claridad sobre la estrategia que se debe seguir para salir de la dictadura. Más aún, es fundamental darnos cuenta que no podemos dejar a la “suerte» de ciertos actores o a voluntad de Ortega la vida de millones de ciudadanos que hoy por hoy se encuentran ilusionados por vivir en libertad, justicia y democracia. Es momento de un salto cualitativo.
Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.
