Personas sin hogar están a merced del coronavirus
Sin información, ni recursos que les permita adoptar las medidas básicas para evitar contagiarse de coronavirus, las personas sin hogar son un grupo vulnerable a contagios.
Un trozo de cartón que utiliza como colchón y unas viejas chinelas que coloca como almohada es lo único de lo que dispone Engel Javier Galán, de 18 años, para pasar las noches. Se acomoda sobre la acera de una vivienda de la ciudad de Rivas y al salir el sol, cuando escucha a la gente transitar por las calles, abre sus ojos y recibe el nuevo día. Es una de las personas sin hogar, un grupo vulnerable al coronavirus en Nicaragua.
Se pone en pies y recoge del piso un ramillete de hojas de palmas de coco que utiliza para elaborar figuras que ofrece a las personas a cambio de unas monedas o comida.
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En la ciudad de Rivas, hay al menos una decena de personas queal igual que Engel Javier carecen de un hogar seguro, y cuya condición devulnerabilidad se agrava en el contexto de la emergencia sanitaria por elcoronavirus.
“Yo sé que hay alarma mundial por el coronavirus, pero por necesidad vivo en las calles desde que tenía 13 años. A veces estoy por San Juan del Sur y en otras ocasiones en Rivas y nunca me ha sucedido nada malo, porque siempre estoy con Dios. No temo al Covid-19”, comenta el joven que es originario de Masaya.

SIN TECHO SON GRUPO DE ALTO RIESGO
En Nicaragua no existen estadísticas sobre la cantidad de personas en condición de mendicidad. El Estado no desarrolla programas de asistencia y la mayor parte de la sociedad asume su presencia con “normalidad”.
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Niños, adolescentes y adolescentes permanecen en las callesde las principales ciudades y hasta llegan a ser reconocidos como “personajes”.Y gracias a que “ganan la voluntad” de algunos lugareños consiguen lo justopara no morir de hambre.
Sin embargo, en este contexto de crisis sanitaria, el doctorLuis Ocampo Jara, especialista en Medicina Interna, alerta sobre la necesidadde que estas personas reciban atención integral. Son “grupo con una altaposibilidad de afectación y contagio, porque han abandonado muchos hábitos higiénicosque los expone”, apunta.
El especialista explica que se trata de personas con sistemas inmunológicos débiles derivados de la marginalidad a la que están condenados.
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Hasta la fecha, el Ministerio de Salud reporta 14 casos positivosde coronavirus en Nicaragua, de los cuales cuatro han fallecido, trespermanecen hospitalizados y el resto se ha recuperado. No obstante, expertosindependientes sostienen que el número de casos y fallecimientos es mayor al reflejadoen las estadísticas oficiales y advierten que a partir de ahora se verá un incrementoexponencial de casos.
“Entre 7 y 10 días, es el tiempo que queda para que el contagio de Covid-19 se incremente de una manera alarmante en el país, aunque la emergencia no se haya declarado e insistan que no estamos en la etapa de transmisión comunitaria, si la estamos, solo que hay ausencia de información epidemiológica de los pacientes confirmados y eso no permite saber con claridad la realidad”, declaró a Despacho 505 el epidemiólogo Álvaro Ramírez.
SIN ORIENTACIÓN SOBRE EL RIESGO
El doctor Denis García, especialista en urología, también considera que hace falta que las autoridades brinden protección a las personas sin hogar ya que no tienen la información necesaria, ni los recursos y disciplina que se requieren para adoptar medidas de protección ante el coronavirus.
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“Ellos están desprovistos de alguien que los asista oatienda y podrían infectarse y ser vectores de trasmisión y es convenientetener a nivel nacional un plan de contingencia para esta población que sonparte de nuestra sociedad, marginada, abandonada y desplazada”, señaló García.
NO PERCIBEN EL PELIGRO

Felipe Bravo, un hombre delgado que le gusta lucir unatupida barba y vestir camisa manga larga, todas las noches duerme en uncorredor frente al costado sur del parque de Rivas. “Jesucristo me protege y eneste país no tenemos la afectación de otros lugares, pero si algo me sucede yome mantengo durante el día cerca del hospital”, dice con tranquilidad.
Revela que tiene familia en Chinandega y Chichigalpa, perose trasladó a Rivas con la idea de conseguir ayuda para construir una caseta dondevivir. A Felipe es usual verlo cargando tres sacos rumbo al hospital o el parque.
El más popular entre los rivenses es el matagalpino Pascual Castillo González, de 62 años. Asegura que desde inicios de la década de los 90 vive en las calles de esta ciudad, tras sufrir una traición amorosa.
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“Yo me vine a rodar a Rivas con la esperanza de conseguir un lugar donde vivir y aquí sobrevivo lustrando (zapatos) y de la ayuda de personas. He andado durmiendo por diversas aceras (de la ciudad) y hasta en los bomberos y gracias a Dios nunca me ha pasado nada y tampoco creo que me afecte el coronavirus”, señaló Pascual.
José Martin Jiménez Mora, de 60 años, también es parte delgrupo de personas que deambula por las calles de Rivas. También expresa que nole teme al Covid-19.
“Yo ando en las calles del 2002 y nada me ha pasado… Antesdormía en las aceras, pero actualmente los bomberos me dan donde dormir y en lagasolinera me limpio con un trapo húmedo”, dice confiado en que el virus no loafectará.




