Monseñor Báez: “Jesús sigue clamando y sufriendo en las personas y los pueblos crucificados” 

El obispo axiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez pidió este Domingo de Ramos no apagar el hambre y la sed de justicia «en un mundo sometido por poderes tenebrosos al servicio de la injusticia».

La Iglesia recuerda hoy la pasión y muerte de Jesús que monseñor Báez la resumen como una historia de discípulos miedosos dispuestos a huir y a traicionarlo, hombres de la religión altaneros e hipócritas, soldados crueles amaestrados para torturar y matar, turbas manipuladas e insensibles que se dejan llevar por la irracionalidad y autoridades políticas inmorales, corruptas y sanguinarias.

Según explica el obispo, Jesús fue víctima de una detención ilegal y dos juicios: uno religioso y otro político plagado de irregularidades.

“Quienes lo apresaron no tenían ninguna orden judicial para hacerlo, fue arrestado sin haber cometido ningún delito y sometido a un juicio religioso y a otro político, en los que no se respetaron los más mínimos procedimientos establecidos por la Ley”, explicó.

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Báez señaló que, en el juicio religioso, el sumo sacerdote Caifás lo acusó de blasfemia, sirviéndose de testigos falsos que mentían sin pudor alguno.

En el juicio político, el gobernador romano Poncio Pilatos, quien no encontró ninguna evidencia que respaldara las acusaciones en su contra, cedió a las presiones políticas, no quiso poner en juego sus privilegios y su poder y lo condenó a muerte.

Los ejemplos que pone el obispo axiliar de Managua coinciden con los procedimientos emprendidos por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo para encarcelar y condenar a los presos políticos en Nicaragua.

LA VOZ DE UNA MUJER PAGANA

El Evangelio de este domingo menciona que una mujer pagana se dio cuenta de la injusticia que se estaba cometiendo contra Jesús. Esa mujer, que no era judía ni creía en Dios, era la mujer de Pilato.

«No sabemos su nombre, pero representa la reserva moral que hay en la conciencia de todo ser humano, incluso en el más malvado y alejado de Dios», expresó Báez, explicando que la mujer de Pilato le mandó a decir a su marido que no se metiera «con ese justo, porque hoy en sueños he sufrido mucho por él».

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«Pilato no la escuchó, pudo más en él su ambición de poder y su miedo y se doblegó ante su conciencia corrupta y oscura», añadió el obispo.

Según Báez, la voz de esa mujer representa las voces de quienes hoy defienden a las víctimas inocentes y se alzan contra el atropello a los derechos humanos.

«Estas voces dan la apariencia de ser débiles y dispersas, el mundo no parece escucharlas y los poderosos se esfuerzan en aplastarlas y acallarlas. Sin embargo, lo que hizo la mujer de Pilato es necesario seguir haciéndolo hoy. Tenemos que ser voz de los justos que no tienen voz y son condenados; y tenemos que ser voz contra los que tienen demasiada voz y, por eso, condenan a los justos», pidió Báez.

El obispo insistió a la feligresía que hay que esforzarse en conservar incorruptible la conciencia.