Ortega encrudece guerra contra la iglesia Católica

El régimen ha recurrido a prácticas de los años 80 para enfrentarse al clero. Fuentes cercanas a la institución religiosa critican la pasividad del cardenal Brenes.

En la última década, laiglesia Católica se han contrapuesto fuertemente a Daniel Ortega. Si se buscanlos momentos claves cabrían la critica del clero al fraude cometido por elConsejo Supremo Electoral (CSE) en las elecciones municipales de 2008 y ladivulgación en 2014 de una carta pastoral de la Conferencia Episcopal deNicaragua en la que le advirtió al dictador de que “nadie es eterno”. Peroninguno de esos dos encontronazos entre la institución y el gobierno se comparaa la guerra que ha emprendido el régimen a partir de abril de 2018. El Carmenha ordenado a sus simpatizantes saquear y profanar templos e insultar y golpeara sacerdotes.

La actitud cruda hacia elclero es una copia del guión ya practicado por Ortega en la década de los 80.Los sacerdotes en el último año han sufrido ataques por parte de simpatizantesy paramilitares de la dictadura, en sus mismos templos, a vista y paciencia dela Policía Orteguista. La última acción del régimen es el estado de sitioimpuesto por las fuerzas represoras en las iglesias San Miguel y San Juan enMasaya, y los ataques y tomas de la Catedral de Managua. Ortega, y suvicepresidenta Rosario Murillo, han desatado su furia porque gran parte de losobispos y sacerdotes del país apoyan las demandas de justicias, democracia ylibertad de la ciudadanía.

“Ortega tiene miedo y noconoce otro camino que la represión. Ha intentado dividir a la jerarquía de laiglesia Católica y no ha podido. Ha buscado dar más relieve a las iglesiasevangélicas y con eso no ha logrado tampoco quitarle prestigio a la iglesia Católica.Tiene mucho miedo desde lo que pasó en Bolivia. Y sabe que las iglesias puedenconvocar, agrupar y apoyar a la gente, como ya lo hicieron el año pasado”, diceuna fuente cercana a la iglesia Católica que habló con Despacho 505 en calidadde anónimo.

ENEMIGO


La iglesia Católica ha pasado a la lista de enemigos de Ortega, después de quela CEN fungiera como mediadora y testigo de un Diálogo Nacional entre elrégimen y la oposición, agrupada en la Alianza Cívica por la Justicia y laDemocracia. Ante la clara posición de los jerarcas por la justicia y lademocratización del país, el dictador los ha atacado cada vez que puede, y losacusa de ser cómplices de un intento de golpe de Estado en su contra.

“Yo pensaba que eranmediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte delplan con los golpistas”, dijo un Ortega furibundo el 19 de julio de 2018. “Medolió que los señores obispos tuvieran esa actitud de golpistas”, añadió esemismo día en el acto por el 39 aniversario de la Revolución sandinista. Públicamente,Ortega dio por concluido el diálogo, aunque en febrero de este año convocó alcardenal Leopoldo Brenes y al nuncio monseñor Waldemar Sommertag para quefuesen testigos en una mesa de negociación entre la dictadura y la Alianza.

De los insultos  y las amenazas, el régimen pasó la violencia.El 10 de julio, los simpatizantes de Ortega golpearon al cardenal Brenes, alNuncio, y el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez. Los obispos viajaron a Diriambapara evitar una masacre, pues por esos días la dictadura ejecutaba la llamadaOperación Limpieza para despejar las vías bloqueadas por opositores. Elepisodio más reciente lo han protagonizado nuevamente las turbas y policías, enla parroquia San Miguel Arcángel,  ciudadde Masaya, donde permanecen desde el jueves 14 de noviembre, siete madres depresos políticos, en huelga de hambre.

La Policía ha acordonado eltemplo, mientras que Unión Fenosa y la Empresa Nicaragüense de Acueductos yAlcantarillados (Enacal) han cortado los servicios de agua y energía.  Este acto de asedio fue  condenado por la comunidad internacional, alpunto que España, Costa Rica, Estados Unidos y la Unión Europea exigieron alrégimen el cese al asedio y permitir que las madres de los presos recibanatención médica y agua. El padre Edwin Román ha denunciado que su estado desalud ha desmejorado.

“A Ortega lo desgasta,nacional e internacionalmente. Siete madres y un párroco en Masaya hanevidenciado su miedo, el nivel de crueldad con el que responde, su incapacidadde un diálogo. No le conviene. A la iglesia jerárquica le demanda máscompromiso. Y a la iglesia, que es la gente le aumenta su indignación. Todo loque hace va contra él mismo. Y contra ella. Rosario Murillo llamó a lossacerdotes «lobos repugnantes». Sólo añaden indignación dentro deNicaragua y desprestigio fuera”, analiza un religioso cercano al clero.

ACTITUD DE BRENES

Los religiosos han criticado la postura del cardenal Leopoldo Brenes y del nuncio Sommertag ante la guerra de la dictadura contra la Iglesia. La Arquidiócesis de Managua ha emitido tímidos comunicados de prensa en los que se solidariza con el padre Román, mientras Brenes dice que está insistiendo para que se les autorice el acceso al templo, pero todavía no recibe respuesta.

“Estamos haciendo lasgestiones debidas, no se puede ingresar así no más, cuando tengamos pues vamosa ir. Es una gestión muy particular”, expuso el Arzobispo al responder alllamado de la población a que la jerarquía católica ejerza más presión para quesea retirado el cerco policial de la iglesia San Miguel. El jueves 14 denoviembre, los agentes orteguitas apresaron a 13 ciudadanos que llegaron a esetemplo, y tres días después el Ministerio Público presentó cargos en su contrapor portación ilegal de armas.

Tras la toma de la Catedralde Managua, por parte de las turbas, la Arquidiócesis de Managua condenó laagresión física contra el padre Rodolfo López y sor Arelys Guzmán, cuando agitadoressandinistas ingresaron violentamente la noche del lunes pasado para impedir queun grupo de madres de presos políticos continuaran con la huelga de hambre porla liberación de sus familiares. Pocas veces Brenes ha firmado un comunicadocon contundencia.

“Brenes ha actuado con pasividad,con cobardía también. No está ni a la altura del momento ni a la altura de sucargo. No tiene «olor de oveja», como pedía el Papa Francisco a sussacerdotes. También ha recibido favores del Gobierno y los agradece con esa pasividad.Y la gente se da cuenta”, señala la fuente con la que habló Despacho 505. Estemedio intentó comunicarse con el cardenal Brenes, pero no hubo respuesta.


Los mismos sacerdotes critican al máximo jerarca de la iglesia Católica. Elpadre Harvin Padilla, párroco del templo San Juan Bautista, de Masaya, denuncióque el régimen de Daniel Ortega está solicitando ante las autoridades de eclesialesel cambio de al menos cuatro sacerdotes críticos en esa ciudad, entre los quese encuentra él y el padre Edwin Román. El cura Padillo dijo además querechazaba cualquier intermediación del cardenal Brenes.

LAS MOVIDAS DEL VATICANO

Silvio Báez es la figura dela Iglesia con  mayor aprobación por sucrítica férrea contra la dictadura, sin embargo tuvo que salir de Nicaragua porórdenes del papa Francisco. La movida tuvo dos análisis: uno, que el Nuncioincidió en ese llamado del Vaticano; y dos,  que Francisco optó por sacarlo del país paraprotegerlo.  El Obispo Auxiliar de Brenesera el sacerdote más incómodo para el régimen.

Báez denunció en una conferencia de prensa que la Embajada de Estados Unidos en Managua le advirtió de un plan del régimen para asesinarlo. “La Embajada de Estados Unidos me comunicó eso y me lo comunicó a un nivel de alta certeza de la seguridad americana. Se le comuniqué al cardenal (Leopoldo) Brenes y a la Conferencia Episcopal de Nicaragua, que había un plan para asesinarme”, denunció.

Sobre esta guerra quesostiene Ortega contra la Iglesia, el exministro de Educación, Humberto Belli,dijo a la Voz de América que al dictador se le ha olvidado todo lo que aprendióen los años 80, porque “esa confrontación con la Iglesia Católica le costómuchísimo en términos de imagen internacional y de la feligresía en Nicaragua”,valoró Belli.

Belli escribió en 1980 el libro“Cristianos bajo fuego”, un detallado recuento de cómo el gobiernorevolucionario de entonces pretendió suplantar a la jerarquía creando unallamada “Iglesia Popular”, que con la complicidad de algunos sacerdotes, sepuso al servicio de los intereses propagandísticos del régimen.

El caso más escandaloso y quemás ofendió al clero, según Belli, fue la vejación de monseñor BismarkCarballo, aunque tras la derrota electoral de 1990,  exmiembros de la Dirección General deSeguridad del Estado revelaron que fue un montaje. Daniel Ortega y loscomandantes de la revolución tienen un pasado oscuro con la institución delVaticano.

Sin embargo, antes de 2007,en plenas campañas electorales, Ortega pidió perdón a la Iglesia por todos losataques cometidos durante su primer mandato como Presidente de Nicaragua en ladécada de los 80.  Además se acercó a suotrora crítico el cardenal Miguel Obando y Bravo para vender la imagen de unpolítico católico.

Obando y Bravo casó a Ortegay Murillo en 2005. Y ya en el poder, el dictador ordenó a sus diputados queapoyaran la penalización del aborto en Nicaragua. Así se congració con laIglesia. La luna de miel duró poco, porque a partir de 2008 las críticas de losobispos empezaron a convertirse en piedras en los zapatos del dictador. “Ortegaquiere una Iglesia a su medida, pero no la ha logrado”, dicen fuentesreligiosas.