Día incómodo para la dictadura: 44 años de la Toma del Palacio Nacional con Dora María Téllez presa y la muerte impune de Hugo Torres
Hoy es un día incómodo para la dictadura de Daniel Ortega y de Rosario Murillo. El sandinismo histórico le reclama celebrar 44 años de una hazaña guerrillera que protagonizaron Dora María Téllez y Hugo Torrez. A Téllez la tiene en una celda del Chipote y Torres murió siendo su prisionero político.
A Dora María Téllez solo le bastó ella y su M30, para ganarse el respeto dentro del Frente Sandinista, (FSLN). Pero a Ortega, unas pocas horas para ganarse el desprecio casi mundial, al echarle manos con una pelotón de antimotines en su casa en Ticuantepe, Masaya, el 13 de junio del año pasado.
Ese mismo día Ortega ordenó detener a Hugo Torres, otra acción de pésimo gusto, tomando en cuenta que el legendario guerrillero arriesgó su pellejo para sacarlo de prisión en otra toma histórica, el asalto a la casa del exfuncionario somocista José María Castillo en 1974. Tras ese golpe, el comando logró la liberación de Daniel Ortega, quien ya tenía siete años preso.
Pero un Ortega arrinconado por los años y convencido que nació para morir en el poder en Nicaragua y después heredarlo a su esposa y sus hijos, lo olvidó. Encarceló a Torres y el legendario guerrillero de 73 años, falleció siete meses después de su secuestro, el 13 de febrero pasado en condición de preso político tras un arresto que ya cumplía 244 días y que desmejoró rápidamente su salud. Torres era el vicepresidente de la organización Unamos, surgida de cambios en el antiguo Movimiento Renovador Sandinista.
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CONTRA DOS DICTADURAS
Torres y Téllez, le plantaron cara con armas a la dictadura de la familia de Anastasio Somoza, pero también, se opusieron por la vía cívica a la que su otrora compañero de armas, Daniel Ortega, encabeza desde una reelección presidencial amañada que nunca debió suceder y que según él y sus seguidores debe ser indefinida hasta que su reloj biológico se detenga.

Ortega no perdonó que se opusieran, los encarceló y desapareció su movimiento político, como parte de sus planes para atornillarse cinco años más en el poder. Y lo hizo sin vergüenza alguna, aunque eso lo acercara a parecerse cada vez más a Somoza, el dictador que Torres y Téllez, ya habían vencido con sus asaltos espectaculares.
Aquel 22 de agosto de 1978, hace 44 años, un grupo de 25 guerrilleros sandinistas se tomaron el Palacio Nacional, donde funcionaba el Congreso, que dominaba el régimen de Anastasio Somoza, igual que Ortega hoy domina la Asamblea Nacional.
La toma fue un duro golpe moral y estratégico a aquella dictadura. Lo primero porque fue un asalto en “las narices” de la Guardia Nacional y lo segundo, porque entre los personajes políticos se contaban Luis Pallais Debayle y José Somoza Abrego, el primo y el sobrino del dictador.
“A Dora María se le respeta, pero en el otro Frente Sandinista, el que derrotó al dictador Somoza, no el que mantiene en el poder al dictador Ortega”, recordó Héctor Mairena, del Consejo Político de la Unidad Azul y Blanco, UNAB, de la que forma parte la organización Unamos, a la que Téllez pertenece.
Hugo Torrez, el antiguo guerrillero no pudo vivir para ser libre de nuevo. Su muerte le dolió al país entero y fuera de el también. No hay quien no le critique a Daniel Ortega, el carcelero, que debió ser agradecido y nunca debió ordenar su arresto y puesta en prisión, pues el asalto a la casa del exfuncionario de Somoza José María castillo y en la que Torres también participó, lo sacó de una larga prisión de siete años.
Una parte del sandinismo histórico peleado con él, se lo ha enrostrado en público y la otra que está aún dentro de lo que queda del partido Frente Sandinista, lo ha dicho “entre dientes”. “Nunca debió ser así”, dice un militante jubilado, quien pide no ser identificado por temor a la represalia.
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PASTORA SE DESPIDIÓ CON OTRA HAZAÑA
Moisés Hassan, otro antiguo guerrillero, recordó que la toma del Palacio Nacional puso en el radar del mundo la lucha armada contra la estirpe sangrienta que gobernó al país por la fuerza durante casi 40 años. “Cuando hubo la toma del Congreso, el mundo miró para acá, hubo interés en saber contra quien y porqué estos muchachos que éramos nosotros, estábamos alzados en armas”, recordó.

A Hassan le causa gracia ver a hoy los seguidores de Ortega que deben conformarse en limitar sus fotos conmemorativas del aniversario de la Toma del Palacio Nacional a la imagen de Edén Pastora, “El comandante 0”, que dirigió el comando. “Edén fue un tipo que le voló balas al orteguismo cuando el mismo Ortega, gobernó con bota militar en los años 80”, recordó Hassan.
Pero a Pastora Ortega logró “enamorarlo”. Le mandó hacer un carné de militante de nuevo y volvió a las filas del FSLN, convertido en un terrateniente y casi gobernador plenipotenciario en Río San Juan.
Pastora falleció en junio de 2020 y durante sus últimos años, se mantuvo cerca de Ortega. El mismo se confesó “jefe paramilitar”, por dirigir a los fanáticos armados con las que Daniel Ortega y Rosario Murillo asesinaron a unos 320 nicaragüenses que se manifestaron en su contra tras el estallido social del 2018.
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A Pastora lo venció el tiempo, pero antes, en noviembre de 2019 agitó las filas del orteguismo al recordarles que debían preparar al FSLN ante la muerte de Ortega. Su mayor hazaña, fue descartar en una de las televisoras que manejan los hijos del orteguismo a Rosario Murillo como la sucesora.
El viejo militante dice que al no poder los fanáticos reconocer públicamente al exgeneral Torres y a la comandante Dora María Téllez, se conforman con la imagen del controversial Pastora. “Deben pelear la efemérides de hoy a como sea, aunque el mismo Ortega y Murillo les duela, uno porque sabe que el final se acerca y la otra porque su futuro sin él en incierto», dice.



