Juan Pablo II y Francisco, la posición de los dos papa ante la persecución a la iglesia Católica en Nicaragua
El viernes 4 de julio de 1986, Daniel Ortega, entonces presidente de Nicaragua, hizo blanco de su furia represora contra la Iglesia a monseñor Pablo Vega Mantilla, vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y primer obispo de la Diócesis de Juigalpa, Chontales, al expulsarlo a Honduras por supuestamente apoyar a la Contra en una actitud que en su momento el Frente Sandinista consideró antipatriótica.
Esa acción del Gobierno sandinista de aquella época provocó la reacción inmediata del papa Juan Pablo II quien lamentó y condenó el hecho e instó a Ortega a recapacitar. 36 años después, en un contexto diferente, el mismo Daniel Ortega está confrontado con la Iglesia, al punto que mantiene bajo arresto al obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez.
Los analistas creen que Ortega está dispuesto a desterrarlo del país. La respuesta del papa Francisco dista de la que dio Juan Pablo II en el siglo pasado. Recientemente Francisco rompió el silencio y dijo: «Sigo desde cerca con preocupación y dolor la situación creada en Nicaragua que involucra a personas e instituciones».
Desde la Plaza de San Pedro, el actual Papa continúo: «Quisiera expresar mi convicción y mi deseo de que por medio de un diálogo abierto y sincero se pueda aún encontrar las bases para una convivencia respetuosa y pacífica». Alvarez es acusado de intentar desestabilizar al Estado de Nicaragua haciendo uso de las redes sociales.
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El Gobierno sandinista que dirigía Daniel Ortega en aquel entonces, acusó a monseñor Vega Mantilla de apoyar a la contrarrevolución y de estar a favor de la intervención de los “yanquis”. A monseñor lo sacaron a la medianoche y lo enviaron a Honduras.
La respuesta de Juan Pablo II
Aunque no existía la inmediatez del internet y de las redes sociales, la noticia se conoció en todo el mundo, fue así que al día siguiente, el periodista Juan Arias, corresponsal del diario El País, en Colombia, publicó el artículo “El Papa dice que la expulsión del obispo Vega de Nicaragua recuerda ‘épocas oscuras’ en la acción contra la Iglesia”.
En la nota periodística, Arias informó que el Papa Juan Pablo II dijo que su alegría por haber ordenado a 150 sacerdotes se veía turbada “por la triste noticia de que monseñor Pablo Antonio Vega Mantilla, obispo de Juigalpa y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, ha sido alejado por la fuerza de su prelatura y expulsado de su propia patria».
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El papa Juan Pablo II también habló de la evocación de épocas oscuras para la iglesia: «‘Este casi increíble hecho me ha entristecido hondamente, tanto más por cuanto evoca épocas oscuras -aún no muy lejana en el tiempo de lo que bien se podría razonablemente creer superadas en la acción llevada a cabo contra la Iglesia”.
El máximo líder de la iglesia católico no se quedó solo en el lamento, sino que también increpó a Daniel Ortega y a su Gobierno para que recapacitaran. “Bien querría esperar que los responsables de esta decisión recapaciten sobre la gravedad de tal medida, que, además, contradice reiteradas afirmaciones de querer una pacífica y respetuosa convivencia con la Iglesia», resaltó el papa Juan Pablo II.
La distancia del Papa Francisco
Así como un día viernes expulsaron a monseñor Vega Mantilla de Nicaragua, fue este viernes 19 de agosto de 2022 que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó a la Policía entrar a la Curia de la Diócesis de Matagalpa para sacar a la fuerza a monseñor Rolando Álvarez.
Acusado de intentar organizar grupos violentos, monseñor Álvarez, bachiller en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma, licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana y máster en Doctrina Social en la Iglesia por la Universidad Pontificia de Salamanca, ha sido blanco de hostigamiento y persecución por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
En mayo de 2022, el obispo Rolando Álvarez permaneció cinco días asediado por la Policía de la dictadura Ortega Murillo, en la parroquia del Santo Cristo de Las Colinas, donde estaba haciendo ayuno indefinido. Durante ese tiempo, el papa Francisco guardó silencio sobre lo que estaba sucediendo en el país, por lo que fue criticado por voces adversas al régimen Ortega Murillo.
Un discurso que no convence
El ataque contra monseñor Álvarez arreció cuando el 4 de agosto fue obligado a permanecer encerrado junto a 11 personas más, entre sacerdotes, camarógrafos, seminaristas y coristas, en la curia de la Diócesis de Matagalpa.
16 días duró esa medida contra el obispo y El Vaticano no se pronunció en ningún momento. El 19 agosto sacaron a la fuerza a monseñor Álvarez de la curia para trasladarlo a Managua, donde permanece bajo el régimen de casa por cárcel.
Dos días después de esa acción, que según algunos testigos fue violenta, el papa Francisco, este domingo, 21 de agosto, dio un mensaje escueto en el que llama al diálogo y al entendimiento, sin solidarizarse nunca con el obispo Álvarez.
Sus palabras han dado pie a la controversia, porque muchos analistas aseguran que no se puede dialogar con un régimen sanguinario y déspota como el Ortega Murillo.
Asimismo, el papa Francisco ha sido cuestionado porque nunca ha abordado de forma directa los atropellos de Ortega y Murillo contra la Iglesia, ni siquiera cuando monseñor Silvio Báez tuvo que exiliarse o cuando cuando prácticamente expulsaron al Nuncio Apostólico, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, en marzo de 2022.



