Chamarrazos del dictador

Ortega repitió su verborrea de siempre. Atacó a los obispos. Siguió con sus embustes sobre el golpe… un embuste que repite y repite a pesar de que solamente creen los borregos que le siguen. Nadie más.

Es evidente que Daniel Ortega inventó ese acto dedicado aBenjamín Zeledón como pretexto para enviar un mensaje.

Por cierto, hasta hace un tiempo, el dictador tenía por costumbredesaparecer por semanas, pero, últimamente, algo le ha agarrado que estasaliendo a cada rato. Obviamente, eso no es casual. Algo persigue.

Vamos al discurso. Antes debo recalcar que cumplo esta tarea ingrata de comentar las peroratas del dictador porque estoy convencido de que no podemos dejarle pasar nada. Su intención, al repetir y repetir, hasta el cansancio, las mismas cantinelas, es sembrar duda y confusión en la población, al menos en los más desprevenidos, provechándose de que cada vez son menos los medios de comunicación independientes.

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Ortega repitió su verborrea de siempre. Atacó a los obispos.Siguió con sus embustes sobre el golpe… un embuste que repite y repite a pesarde que solamente creen los borregos que le siguen. Nadie más. Aunque, a decirverdad, como la masacre perpetrada por los esbirros ha sido pública y notoria,ni los mismos seguidores del régimen creen el cuento del golpe. Repiten comoloras, pero nada más.

El dictador volvió a desempolvar su trasnochada retóricaanti-imperialista.

Un anti-imperialismo de mentira. Habla de imperialismo perono menciona los beneficios del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, elCAFTA.

Habla de imperialismo pero no menciona las remesas, quetambién vienen de ese país a oxigenar la economía.

No menciona los más de cien mil empleos que generan laszonas francas, cuya producción va en su mayor parte al mercado norteamericano. Nomenciona los créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del BancoMundial, instituciones que tienen como su mayor socio a Estados Unidos.

No menciona las inversiones de empresarios norteamericanos a quienes dirige zalamerías para que sigan invirtiendo en Nicaragua. Y siguió con sus mismas mentiras. Como dice nuestro pueblo, el ladrón juzga por su condición. Así, en el colmo de la desfachatez afirmó, refiriéndose a los dirigentes opositores: “No respetan acuerdo alguno, hablan de diálogo, firman acuerdos, y al final no reconocen los acuerdos“. Eso dijo.

Qué cáscara. El mismo que suscribió acuerdos en dos diálogosque después no cumplió, tiene el desparpajo de hablar de incumplimiento deacuerdos.

Además, el mismo personaje que obliga a los trabajadores delEstado a rotondear, a marchar y a firmar documentos, campantemente afirmó quela gente salió a las calles en las marchas azul y blanco porque los empresarioslos obligaron bajo la amenaza de correrlos. Semejante disparate solo puedehaberlo dicho en broma, pero lo dijo muy serio.

Más allá de esa retórica embustera, a nuestro entender, doscosas quedaron claras:

Primero. La preocupación central de Ortega es la amenaza de sanciones a su familia y a sus allegados. Le dio vueltas y revueltas al tema de las sanciones repitiendo que dañan a los más pobres, que dañan al pueblo.

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¿Qué tienen que ver los pobres con las sanciones alpresidente de la Asamblea Nacional y a Roberto Rivas?

¿Qué tienen que ver con los pobres las sanciones al jefe dela Policía y al jefe de los servicios de seguridad del régimen?

¿Qué tienen que ver los pobres con las sanciones impuestas ala exministra de Salud o al ministro de Transporte?

Las sanciones se impusieron a jerarcas del régimen porqueestán señalados de cometer delitos de lesa humanidad y actos de corrupción. Nadatienen que ver los pobres, ni la soberanía nacional con esas sanciones.

Dígame usted, qué tiene que ver el BANCORP, que también fuesancionado por servir como plataforma para el lavado de dinero… qué tiene quever con los pobres. Los más de 2,500 millones de dólares que resguardaba esebanco es parte, solo una parte de la fortuna de la familia gobernante.

Qué tienen que ver los pobres con la fortuna de la camarillagobernante

Nada. Los pobres nada tienen que ver. Ni los pobres. Ni lasoberanía tienen que ver.

Y dijo un disparate más. Que se está preparando para acusaren tribunales internacionales a los que sigue llamando golpistas. Un dobledisparate. Por un lado, todo el mundo sabe, afuera y adentro, que el monarcacontrola a fiscales, jueces y tribunales para enjuiciar y condenar a quien sele antoje.

En segundo lugar, todo el mundo sabe que Nicaragua no hasuscrito el convenio de la Corte Penal Internacional. Así que no se trata másque de fanfarronerías y chamarrazos.

Aquí, quien está señalado de cometer delitos de lesahumanidad por los más prominentes organismos de derechos humanos es eldictador.

Pero el mensaje de fondo fue hacia Estados Unidos. Se llena la boca hablando de vendepatrias cuando en realidad lo que pretendía era decir a los norteamericanos que está dispuesto a arreglarse con ellos, pero con ellos, no con los nicaragüenses. Toda la parafernalia del acto inventado fue con ese propósito. Los adornos retóricos “anti-imperialistas” estaban destinados a endulzar los oídos a su clientela. Esto es todo.

Nota: El presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor. La sección Voces es una contribución al debate público sobre temas  que nos afectan como sociedad. Lo planteado en el contenido no representa la visión de Despacho 505 o la de su línea editorial.