La Asamblea Nacional inicia los trámites para legalizar la abolición de las elecciones en Nicaragua
Dos días después de que el dictador Daniel Ortega anunciara públicamente el fin de las elecciones en Nicaragua, la Asamblea Nacional bajo su control formalizó el inicio de los trámites para legalizar la medida. A través de un comunicado emitido este martes, el Parlamento confirmó que ya trabaja en el diseño de un plan normativo que elimine cualquier posibilidad de alternancia democrática.
La Asamblea Nacional que preside el diputado Gustavo Porras está «iniciando los análisis necesarios para elaborar un Plan de Trabajo que cumpla con las orientaciones presidenciales».
Pese al anuncio de urgencia, el Legislativo evitó ofrecer detalles sobre los mecanismos que empleará. Hasta el momento, no se ha introducido ninguna iniciativa de ley formal en la Asamblea. El comunicado detalla únicamente que la vía para ejecutar la orden del dictador será la coordinación directa con Consejo Supremo Electoral, controlado por el régimen.
«La Asamblea Nacional realizará sesiones especiales con el Consejo Supremo Electoral, para asegurar los pasos constitucionales, legales y formales, que fundamenten las reformas», indica el texto.
¿Partido único o parlamentarismo?
Expertos constitucionalistas y politólogos consultados por DESPACHO 505 señalan que el régimen estaría evaluando dos escenarios jurídicos para maquillar la abolición de las elecciones.
El primero contempla una reforma de la Constitución para declarar oficialmente a Nicaragua como un Estado de partido único, copiando los modelos totalitarios de Cuba y China. El segundo escenario apunta a una mutación hacia un sistema parlamentarista, donde el Ejecutivo sea elegido de forma indirecta por los mismos diputados oficialistas de la Asamblea Nacional, cerrando definitivamente las urnas a la ciudadanía.
La premura del Parlamento responde directamente a la orden dictada por Ortega el domingo 19 de julio en Managua, durante el acto oficial del aniversario de la revolución sandinista.
En esa comparecencia, el dictador sepultó explícitamente el derecho al sufragio al afirmar: «Aquí no volverán a haber elecciones». Ortega fue enfático al asegurar que bajo ninguna circunstancia permitiría que la oposición organizada intente «atrapar el gobierno, atrapar el poder», sentenciando con un «jamás, jamás, jamás» el retorno de la democracia.
En ese mismo ordenó a la Asamblea Nacional redactar «las leyes que les pongan un muro, un bloque, a los golpistas, a los vendepatria».



