Dictadura rescata a Isidro Rivera y lo envía como embajador a Venezuela
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo rescató a un funcionario que había sido destituido en medio de cuestionamientos internos. Isidro Antonio Rivera Guadamuz fue nombrado como nuevo embajador de Nicaragua en Venezuela, según el Acuerdo Presidencial No. 33-2026 publicado este viernes en el Diario Oficial La Gaceta.
El documento, firmado el 26 de febrero por los codictadores, establece que el nombramiento “surte efectos a partir de la fecha de publicación”.
Rivera Guadamuz había sido separado en octubre de 2025 de su cargo como miembro propietario del Consejo Directivo del Banco de Fomento a la Producción (Produzcamos). Antes de eso, ocupó el Ministerio Agropecuario (MAG), institución que dirigió desde junio de 2022 hasta el 10 de julio de 2023, cuando fue destituido en medio de señalamientos por presuntos actos de corrupción.
Tras su salida del MAG, fue reubicado como ministro asesor presidencial para Tecnologías en Innovación Agropecuaria, cargo que perdió en agosto de 2024 durante una purga que dejó fuera a más de 30 asesores.
Su nombramiento ocurre apenas un día después de que el régimen revocara la designación de Valezka Fiorella López Herrera como embajadora en Venezuela, quien permaneció en el puesto menos de un mes. La decisión fue oficializada mediante el Acuerdo Presidencial No. 32-2026, sin que se explicaran las razones del relevo.
El constante movimiento de funcionarios y las reubicaciones tras destituciones forman parte de una práctica recurrente del régimen, que suele trasladar a cuadros desplazados hacia cargos diplomáticos.
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Venezuela vive una transición democrática, luego que la madrugada del 3 de enero, Estados Unidos bombardeara Caracas para arrestar y extraer al dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, para trasladarlos a Nueva York, donde responderán por el delito de narcotráfico.
La extracción de Maduro ha sido interpretada por diversos sectores de oposición al régimen Ortega Murillo como una movida que ha puesto en jaque a los regímenes autoritarios de Cuba y Nicaragua, cuyas cabezas temen un destino similar



