La eliminación del libre visado a cubanos es un gesto unilateral, aseguran opositores nicaragüenses
La decisión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de eliminar el libre visado para ciudadanos cubanos ha sido interpretada por los opositores Juan Sebastián Chamorro y Félix Maradiaga como una señal de desesperación ante la presión de Estados Unidos, más que un giro en la política migratoria del país.
Juan Sebastián Chamorro sostuvo que la medida de la dictadura busca ocultar el antecedente de haber colaborado con el traslado de más de 700.000 personas de distintas nacionalidades hacia Estados Unidos, a quienes se les permitió ingresar directamente por el aeropuerto de Managua.
“El mensaje que están queriendo enviar (la dictadura) es: ‘Aquí estoy y me estoy portando bien’”, señaló el dirigente, quien interpreta la medida como una acción unilateral dirigida a Washington, más que como el resultado de un diálogo formal.
En su opinión, el régimen intenta borrar o matizar su papel en uno de los episodios migratorios más controvertidos de la región en los últimos años.
"Yo creo que estas estrategias no llegan muy lejos, porque está claro que todo lo que han hecho en estos años, va a ser muy difícil que puedan simplemente lavarse la cara de todos los abusos y violaciones y ataques a Estados Unidos", apuntó.
“Son medidas superficiales y hasta hipócritas”
Por su parte, Félix Maradiaga interpretó la supresión del libre visado como una admisión implícita de debilidad. “Cuando una dictadura empieza a ceder, también empieza a admitir que no es invencible”, señaló.
Para el dirigente opositor, el cierre de una puerta que durante años convirtió a Nicaragua en una ruta clave para la migración irregular hacia el norte responde a una “corrección táctica” frente a una presión internacional creciente, y no a consideraciones humanitarias.
Maradiaga acusó a la dictadura sandinista de haber utilizado el territorio nicaragüense como un “trampolín” para migrantes de diversas nacionalidades, en una práctica que, dijo, equivalió a facilitar el tráfico de personas y a lucrar con el dolor y la pobreza, primero como fuente de ingresos y luego como herramienta para generar deliberadamente un problema en la frontera sur de Estados Unidos.
Ambos opositores coinciden en que el régimen busca ahora congraciarse con la administración de Donald Trump para evitar mayores sanciones o señalamientos. Según Maradiaga, Ortega y Murillo intentan ser excluida del bloque de dictaduras que desde Washington se percibe como un foco de inestabilidad regional, lo que ha relegado la retórica de solidaridad ideológica entre regímenes afines. “Cuando aprieta el poder real, cada dictadura se salva como puede”, afirmó.
No obstante, Maradiaga advirtió que se trata de medidas superficiales e incluso hipócritas, ya que el antinorteamericanismo de Ortega y su círculo de poder permanece intacto, aunque hoy se disimule tras decisiones de carácter técnico.
Desde la oposición, ambos líderes ven en este escenario una oportunidad que no debe desperdiciarse. Maradiaga llamó a una estrategia de unidad y liderazgo colegiado, descartando la idea de un interlocutor único ante Estados Unidos, y poniendo el foco en los nicaragüenses que siguen dentro del país y en los cientos de miles que viven en el exilio forzado.



