Murillo admite “ventarrones y tempestades” mientras crece la presión internacional contra el régimen
La codictadora Rosario Murillo, vocera del régimen que preside junto a su esposo, el codictador Daniel Ortega, se encomendó a Dios este viernes, en un discurso cargado de misticismo religioso, para admitir el momento de fragilidad política que atraviesa su dictadura.
Durante su alocución de este mediodía, la vocera reconoció enfrentar “ventarrones y tempestades” por la presión internacional, en un tono que contrasta con la retórica triunfalista habitual del oficialismo.
Su mensaje se produce en medio de un escenario de creciente presión de parte de los Estados Unidos y de la Organización de Estados Americanos (OEA) que denunciaron los abusos de la dictadura y que fue amplificadas por la Embajada de Estados Unidos en Managua.
Lejos de responder con argumentos políticos o explicaciones sobre las acusaciones de violaciones sistemáticas a los derechos humanos en el país, Murillo optó por refugiarse en un lenguaje simbólico y religioso.
“Que Dios padre nos permita entender que siempre, siempre debemos ir con las velas al viento para caminar, para elevar las plegarias que detengan ventarrones y tempestad porque los ventarrones y tempestades son parte de la naturaleza cuando vienen del clima, pero de otra forma no cuentan con el favor de Dios, porque los seres humanos no somos ventarrón, los seres humanos tenemos que ser alba, aurora. Climas favorables para la navegación, para el camino, para la senda que recorremos para la vida”, expresó Murillo con voz afligida.
Evita responder con nombres tras críticas de EE.UU.
Aunque la codictadora evitó mencionar directamente a funcionarios estadounidenses, su intervención se dio horas después de que figuras como la congresista republicana María Elvira Salazar intensificaran sus cuestionamientos contra la cúpula sandinista, llegando incluso a calificar a Murillo como “el mismo demonio”.
La dictadura ha sido señalada de perpetrar en Nicaragua la persecución contra líderes religiosos, opositores, periodistas y de reprimir y forzar al exilio a miles de nicaragüenses, así como el cierre sistemático de espacios cívicos.
“Abrazamos cada momento que nos ofrece la vida, hacemos nuestro lo difícil, porque la vida no es fácil, en la vida hay de todo, incluso las oportunidades dentro de lo difícil”, dijo Murillo.
“Perdónalos, porque no saben lo que hacen”
En otro momento de su discurso, Murillo volvió a descalificar —sin nombrarlos— a quienes cuestionan al régimen, atribuyendo las críticas a sentimientos negativos como el resentimiento o el odio, una estrategia recurrente para deslegitimar la disidencia.
“Sabemos decir también con voz clara, con voz clara y competente que lo que hacemos debemos saberlo bien. Cristo Jesús dijo perdónalos porque no saben lo que hacen y nuestro deber es aprender a saber, es decir, saber lo que hacemos para que el gran poder de Dios se manifieste y transforme para bien de todos, todos los desafíos”, continuó.
En el cierre, Murillo volvió a su discurso autoritario y cuestionando a las víctimas del régimen y a quienes han sido perseguidos por pensar distinto.
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“Esa es la premisa: pensar y actuar por el bien de todos, porque todos somos Nicaragua, nuestra Nicaragua”, sostuvo.
El uso reiterado de un lenguaje religioso y abstracto contrasta con la realidad concreta de un país marcado por la represión, el encarcelamiento de opositores, la censura y el exilio, elementos que el discurso oficial continúa eludiendo mientras el cerco internacional se estrecha.



