Gustavo Porras confirma estado de alerta del régimen tras caída de Maduro, pero evita criticar a Trump
El presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, confirmó que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo se mantiene en estado de alerta y ha reforzado su aparato de vigilancia y control interno, en un contexto marcado por la caída de uno de sus principales aliados regionales, el dictador venezolano Nicolás Maduro.
Durante una entrevista en Canal 8, Porras llamó a la militancia sandinista a “andar siempre vigilantes” ante el temor del régimen a un nuevo alzamiento popular tras la captura de Maduro por parte de Estados Unidos. “Ya vimos qué nos pasó si no estábamos alerta… criminal acción en 2018”, dijo.
Porras evitó en todo momento referirse a la situación en Venezuela y no se atrevió a criticar a Estados Unidos y al presidente Trump.
El sancionado presidente del Parlamento insistió en que los sandinistas son “gente de paz” y que no buscan “dañar a nadie”. Sin embargo, en un tono contradictorio, advirtió que “la paz se garantiza estando alerta”, dejando claro que el oficialismo mantiene una lógica de vigilancia permanente sobre la población.
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, continuó Porras, retomando el discurso oficial que criminaliza las protestas ciudadanas de ese año, sin mencionar de forma explícita la crisis venezolana, aunque esta mantiene al régimen nicaragüense bajo la lupa de Estados Unidos.
Estados Unidos apunta hacia Cuba y Nicaragua
Tras la caída de Maduro, el régimen Ortega-Murillo ha moderado su retórica antiimperialista contra Estados Unidos. Este giro ocurre mientras figuras del Partido Republicano advierten que Nicaragua podría ser uno de los próximos objetivos de presión regional.
El senador estadounidense Rick Scott afirmó en Fox News que la acción impulsada por el presidente Donald Trump en Venezuela “abrirá el camino para Cuba y Nicaragua”.
Pese a estas declaraciones, la reacción del régimen nicaragüense ha sido contenida y tibia. La defensa pública de Maduro ha carecido de la contundencia habitual, un silencio que contrasta con el despliegue interno de medidas de control político y social.
Vigilancia territorial, propaganda y cacería interna
En paralelo al discurso de “alerta”, el régimen ha intensificado una operación de control interno basada en propaganda, vigilancia digital, diseminación del miedo y la identificación de supuestos “traidores”.
Estas labores de vigilancia política se ejecutan principalmente a través de estructuras partidarias como los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), los Comités de Liderazgo Sandinista (CLS) y las Unidades de Victoria Electoral (UVE), que operan en barrios y comunidades del país.
De forma simultánea, el oficialismo ha desplegado una estrategia mediática coordinada que articula medios estatales, operadores políticos y redes de troles en plataformas digitales, desde donde se promueve una narrativa de amenaza permanente y se señala públicamente a críticos y disidentes como “enemigos” o “traidores”.
Este endurecimiento del control interno evidencia el temor del régimen a un escenario de desestabilización regional, en momentos en que la caída de Maduro ha alterado el equilibrio político de los aliados autoritarios en América Latina.



