Propagandistas y troles del régimen activan cacería de “traidores”
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha redoblado las labores de espionaje político en el país tras la extracción del dictador Nicolás Maduro de Venezuela. Además de la vigilancia en los barrios activada apenas con las primeras noticias del bombardeo en Caracas ordenado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, el oficialismo ha desplegado una voraz estrategia mediática que articula a su aparato oficial con propagandistas y troles en redes sociales.
La operación se ha centrado en reforzar la narrativa prochavista mediante la saturación de los medios oficialistas con contenidos producidos por aliados internacionales del chavismo y "cazar" traidores dentro de las propias filas sandinistas, mientras Ortega y Murillo mantienen una inusual cautela diplomática, expresada en un discurso libre de los habituales epítetos antiimperialistas y de confrontación directa a Estados Unidos, al que hasta antes de la caída de su principal socio, llamaban "yakee enimigo de la humanidad".
"Se ha herido la seguridad y la paz en nuestra América caribeña, nos hemos declarado en infinita hermandad con el pueblo de Bolívar, de Chávez, de Nicolás, que se eleva sobre todas las miserias para exigir justicia y respeto, y a la vida de Nicolás, Cilia, hermanos entrañables que han sido secuestrados y trasladados ilegalmente a los Estados Unidos donde se pretende seguir hiriendo la autoridad, la dignidad y el honor de todos", es lo más fuerte que dijo la codictadora Rosario Murillo en su alocución de este lunes en los medios oficialistas.
Estrategia: la diseminación del miedo
Expertos señalan que, ante un escenario tan delicado como el que supone para el régimen presenciar la caída de uno de sus principales aliados, Ortega y Murillo cuidan cada movimiento. La respuesta inmediata ha sido intensificar la diseminación del miedo mediante el uso de agitadores, propagandistas y laboratorios de troles que operan con múltiples perfiles en redes sociales para lanzar advertencias y amenazas veladas. Se trata, coinciden los analistas, de un mecanismo clásico de control político, orientado a inhibir cualquier atisbo de disidencia interna y a reafirmar métodos de represion que el régimen ha empleado de forma sistemática.
"Estamos vigilantes ante cualquier situación que se dé en nuestros sectores", advierte un mensaje publicado en la página de Facebook Domitila Lugo D4.3. En la misma línea, la cuenta Dignidad Sandinista llamó a una "vigilancia permanente ante cualquier golpista", al alertar que "ante la presencia del enemigo no se descansa".
Este tipo de mensajes, difundidos de forma coordinada en redes sociales afines al régimen, refuerzan el clima de intimidación y funcionan como señales de control político dirigidas tanto a las bases oficialistas como a posibles disidentes.
Lejos de la retórica de paz que el régimen dice promover, los mensajes replicados por sus operadores digitales vuelven a dejar al descubierto una política de cero tolerancia a la libre opinión. La presión no se dirige solo contra la oposición tradicional: alcanza a sus propias filas, donde el silencio comienza a ser interpretado como una señal de deslealtad y convierte a los militantes en sujetos "sospechosos".
"El silencio en las redes sociales es uno de los síntomas de un traidor", "ojo, pestaña y ceja", "ojo con esos sandinistas que se llaman o se hacen llamar ‘sandinistas’ solo en las buenas", advirtio Digniad Sandinista.
En otras publicaciones como la de la página Distrito 3 FSLN Matagalpa ordenaron a los fanáticos sandinistas "reportar todo tipo de incidencias" al puesto de mando del partido sandinista.
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Analistas señalan que ante la caída de Maduro, el régimen está dando claras señales de miedo y nerviosismo y, como parte de esto, despliégan un filtro de traidores a toda escala, incluyendo dentro del círculo del poder. El máximo temor que enfrentan -dicen- es que su blindaje de poder sea minado por filtraciones y traiciones que podrían implicar consecuencias políticas graves para ellos, como ha pasado con su socio venezolano.
Cobran "lealtades" compradas con prebendas
Como parte del discurso de intimidación y odio que se reproduce en redes sociales, sectores afines al sandinismo han puesto la mira en estudiantes de escuelas y universidades públicas, especialmente aquellos que han sido beneficiados con bonos, becas u otros apoyos estatales. Se trata de beneficios derivados de programas y políticas públicas que constituyen obligaciones del Estado por mandato constitucional, pero que el régimen administra como herramientas de control político y lealtad forzada.
"Critican y maldicen, pero no dudan en aprovechar los beneficios… reniegan de la vaca, pero bien que se toman la leche", "hasta por caja te llevás la leche, criticón", se lee en otra de las publicaciones divulgadas por el aparataje de comunicación de la dictadura, entre ellas la Red de Comunicadores.
El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (Ghren) que ha investigado y documentado las violaciones de derechos humanos en Nicaragua, concluyó en febrero de 2025, que en Nicaragua "toda la población es vigilada" por medio de servicios de inteligencia que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo activó desde abril de 2018 para reprimir, intimidar, amenazar y encarcelar a opositores y que en los últimos años ha convertido en una monstruosa red de espionaje.
Según el Ghren, los servicios de inteligencia el régimen están liderados principalmente por la Policía, el Ejército, Ministerio del Interior, el Sistema Penitenciario Nacional, la Unidad de Análisis Financiero, el Instituto de Telecomunicaciones y Correos (Telcor) y hasta el Ministerio de Salud (Minsa).
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En ese engranaje, Telcor cumple un papel clave al albergar granjas de troles que operan desde instalaciones estatales, como el Centro de Convenciones Pabánic y el Instituto Nacional Técnico, y que, bajo coordinación partidaria, difunden propaganda, acosan a críticos y consolidan un clima de vigilancia permanente, en el que incluso el silencio es interpretado como una falta. El mensaje es inequívoco: en la Nicaragua actual, disentir, callar o no aplaudir tiene consecuencias.



