Derrota del oficialismo en Honduras profundiza el aislamiento de Ortega y Murillo

Mientras el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Honduras cuenta los votos para definir entre Salvador Nasralla, del conservador Partido Liberal, y Nasry 'Tito' Asfura, del Partido Nacional, quien recibió el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump; para el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo el cuadro está claro: la derrota del oficialismo que lidera Xiomara Castro los deja sin otro aliado en la región.

Honduras es el tercero que pierden en las últimas semanas, marcando así una reconfiguración de los apoyos que todavía conservaban. Un revés que llega en un momento de alta tensión para el régimen, señalan analistas consultados por DESPACHO 505.

El 8 de noviembre de este año, tomó posesión de la presidencia de Bolivia el centroderecha Rodrigo Paz, acabando así con un ciclo político de 20 años iniciado por Evo Morales en 2006, uno de los aliados del régimen Ortega-Murillo. Desde antes de asumir la presidencia, Paz tomó distancia de los regímenes autoritarios de Nicaragua, Cuba y Venezuela. Prometió que abriría su país al mundo salvo a aquellos países "que no tienen democracia".

Apenas la semana pasada, la dictadura Ortega-Murillo también perdió a uno de sus mejores aliados en el Caribe. El primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, a quien el dictador nicaragüense bautizó como "El tío Ralph" en el acto del 19 de julio del 2022, perdió las elecciones tras 24 años de gobierno.

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“Honduras con el nuevo presidente que vaya a salir electo, va camino a dejar a los sandinistas en la total soledad, ya que se encontrarían inmensamente solos en la región centroamericana. Se espera que, ya sea Asfura o Nasralla ya no esté cercano a Ortega, su discurso será distinto, más con este oleaje que se está dando  hacia gobiernos conservadores en varios países del continente”, explica el analista político y exdiplomático nicaragüense José Dávila Membreño.

Xiomara Castro, presidenta saliente de ese país, fue benevolente cuando en foros internacionales se tocaba el tema de Nicaragua. Intentó interceder con los demás países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) para que aceptaran las ternas presentadas por la dictadura nicaragüense para la Secretaría General del organismo regional.

El economista y excarcelado político Juan Sebastián Chamorro coincide con el análisis de Dávila, señala que los Ortega-Murillo han perdido un “aliado con cierta influencia” que se suma a la pérdida de Bolivia y San Vicente y las Granadinas.

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“Generalmente los países centroamericanos han tenido que ser cautelosos con relación a Ortega porque básicamente son los del mismo vecindario, de Centroamérica. Esperaríamos cierta cautela diplomática de parte del nuevo gobierno de Honduras. Ojalá pueda tener un poco más de incidencia”, expone Chamorro.

Impacto negativo para los dictadores

El excarcelado político sostiene que la situación de Honduras “definitivamente va a tener un impacto negativo” para los dictadores de Nicaragua. Resalta que “se le están acabando los aliados a Ortega”, y mientras eso ocurre, como oposición aprovecharán la oportunidad a través de acercamientos con las autoridades electas de Honduras, ya sea el Partido Liberal o el Partido Nacional. “Lo bueno es que la izquierda se acabó en Honduras y eso hay que celebrarlo”, agrega.

El analista político José Dávila dice que los Ortega-Murillo están en una especie de “esquizofrenia política” en la que pese a que ven cómo se derrumban sus apoyos y la tolerancia de otras naciones, “no da un solo paso para salir del aislamiento diplomático en que se encuentran”.

Los Ortega Murillo están recibiendo presión internacional desde distintos puntos, por un lado, la izquierda latinoamericana pierde fuerza, por el otro, la tensión entre Estados Unidos y Venezuela, uno de los aliados de los dictadores, y en tercer lugar, la amenaza directa del gobierno estadounidense hacia Nicaragua de la suspensión del Tratado de Libre Comercio, conocido como Cafta-DR, o la imposición de aranceles de hasta un 100% a los productos nicaragüenses.

Esta presión, sumada a la exigencia de organismos internacionales y la oposición en el exilio, de la liberación total de los presos políticos, ha hecho que la dictadura opte por darles ciudad por cárcel. Y aunque según los analistas, esta es una forma de llamar la atención de la administración de Donald Trump, “es una señal muy débil” y no tiene ningún peso para que los Estados Unidos se interese en una negociación.