Daniel Ortega cumple 80 años y se convierte en el dictador más longevo de América

Daniel Ortega cumple este martes 11 de noviembre 80 años de edad convertido en el dictador en ejercicio más longevo de América y el primero en ocupar la presidencia de Nicaragua siendo octogenario. 

Llegó al poder como comandante revolucionario y lo conserva, casi medio siglo después —tras una pausa entre 1990 y 2006— por medio del control total del aparato estatal, la represión y una red familiar que hoy controla el país.

Ortega nació en 1945 en La Libertad, Chontales, hijo de un contador caraceño y de una mujer campesina. Su juventud se forjó en la lucha clandestina contra la dictadura somocista, que lo llevó a la cárcel y al exilio. Formó parte de los nueve comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que encabezaron la insurrección de 1979 y la posterior Junta de Gobierno.

Después, a los 40 años, en 1985, asumió la presidencia. Cinco años después la perdió en las urnas frente a Violeta Barrios de Chamorro, pero nunca abandonó la ambición de regresar siendo el candidato del Frente Sandinista en las dos siguientes elecciones que perdió frente a Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. Lo consiguió en 2007, tras un pacto con el caudillo liberal Arnoldo Alemán y una larga estrategia para reconcentrar poder en torno a su figura.

El poder perpetuo

Desde su retorno al poder, Ortega ha gobernado sin contrapesos. Reformó la Constitución para permitir la reelección indefinida, se aseguró el control de la Asamblea Nacional, el Poder Judicial, el Ejército, la Policía y el Consejo Supremo Electoral.

Las elecciones de 2011 y 2016 fueron denunciadas por fraude, y las de 2021 se realizaron sin competencia: toda la oposición estaba en el exilio, encarcelada o desterrada tras la represión de las protestas de abril de 2018. Desde entonces, el régimen ha cerrado miles de organizaciones civiles, medios de comunicación y universidades, en lo que organismos internacionales califican como una de las dictaduras más represivas del mundo.

Este año, con la entrada en vigor de una nueva reforma constitucional formalizó el poder compartido con su esposa: Rosario Murillo pasó de vicepresidenta a “copresidenta”, consolidando un sistema de mando dual que prepara el terreno para la sucesión dinástica. Tres de los hijos de la pareja controlan áreas clave del Estado, desde la propaganda hasta la diplomacia y las empresas estatales.

El aislamiento y el deterioro

Ortega cumple 80 años en un contexto de aislamiento internacional. Acusado de crímenes de lesa humanidad por la represión de 2018 y por la persecución a la Iglesia católica y la prensa independiente, su gobierno se sostiene en alianzas con Rusia, Irán y China, países enfrentados a las democracias occidentales.

Nicaragua es hoy un Estado policial, sin libertades públicas y con un "copresidente" cuyo estado de salud es una incógnita. En sus escasas apariciones públicas se le ve desmejorado, de movimientos lentos y casi siempre acompañado de Murillo, quien monopoliza la palabra y las decisiones cotidianas del régimen.

El caudillo más longevo

Con casi dos décadas consecutivas en el poder, Ortega supera a todos los gobernantes autoritarios que ha tenido Nicaragua desde la independencia:

Tomás Martínez gobernó 11 años; José Santos Zelaya, 18; Anastasio Somoza García, 16; y su hijo, Anastasio Somoza Debayle, 10.

En dos meses, Ortega cumplirá 19 años seguidos en el cargo —29 si se suman sus años en la década de 1980— y, salvo imprevistos, terminará el actual periodo (que ahora es de seis años) en 2027, con 82 años de edad. Ningún otro presidente nicaragüense ha gobernado tanto tiempo, ni ha acumulado tanto poder personal.

El ocaso del comandante

De los viejos comandantes del FSLN, Ortega es el último en el poder. Convertido en símbolo del autoritarismo revolucionario, ha pasado de encarnar la esperanza de una generación a representar el cierre de un ciclo histórico marcado por la represión, la censura y el exilio masivo de sus compatriotas.

En el continente americano, solo Lula da Silva, presidente de Brasil y también nacido en 1945, comparte con él la condición de octogenario en el poder. Pero mientras Lula gobierna una democracia, Ortega preside un régimen familiar que se sostiene en la fuerza y el miedo.

A los 80 años, el hombre que un día prometió liberar a Nicaragua se aferra al poder en el ocaso de su vida. No hay de apertura a un cambio.