Nicaragua se convierte en el único país de América Latina que reconoce anexiones rusas en Ucrania
El hijo de los codictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, Laureano Ortega, firmó este lunes en Moscú acuerdos de cooperación con representantes de las regiones ucranianas de Donetsk, Lugansk, Jersón, Zaporiyia y la ciudad de Sebastopol, todas bajo control ruso tras la invasión a Ucrania.
Con este gesto, la dictadura de Nicaragua se suma a Corea del Norte y Siria como los únicos países del mundo que han reconocido como parte de Rusia a esos territorios ocupados. Ni siquiera aliados cercanos de Moscú como Cuba, Venezuela o Irán han dado un paso semejante.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, agradeció al régimen lo que calificó como un acto de “verdadera amistad y solidaridad”. A su vez, Laureano Ortega describió como un “honor” firmar los acuerdos y justificó la anexión alegando que esas regiones han resistido “ataques fascistas” y han reclamado su “derecho histórico” a integrarse en la Federación de Rusia.
Aislamiento extremo y validación de una invasión
La decisión de la dictadura Ortega-Murillo equivale a reconocer abiertamente la legalidad de la invasión rusa a Ucrania, una guerra que ha dejado decenas de miles de muertos y que mantiene vigentes acusaciones de crímenes de guerra contra el propio Vladimir Putin por la deportación forzosa de niños ucranianos.
Analistas coinciden en que Nicaragua queda ahora en una posición diplomática extrema: valida lo que la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y la mayoría del mundo consideran una ocupación ilegal y una violación del derecho internacional. En la práctica, Managua se convierte en un socio simbólico que ofrece legitimidad política a Moscú a cambio de respaldo en foros internacionales, cooperación militar y promesas de apoyo económico.
El movimiento no sorprende del todo. En el pasado, el régimen nicaragüense ya había reconocido la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, dos regiones separatistas de Georgia bajo tutela de Rusia. Pero el contexto actual es mucho más sensible: Nicaragua pasa a ser el único país de América Latina que legitima de manera abierta la anexión de territorios en plena guerra.
Con esta firma, el régimen Ortega-Murillo no solo reafirma su alianza incondicional con el Kremlin, sino que también profundiza su aislamiento internacional y se distancia incluso de sus propios aliados ideológicos, que prefieren mantener la cautela en un conflicto que ha marcado una de las mayores rupturas del orden internacional en el siglo XXI.



