Rosario Murillo refuerza orden de vigilar a opositores “metiches” y “sobrados”
Rosario Murillo arremetió este lunes contra sus opositores, a quienes llamó “sobrados” y “metiches”, al tiempo que reafirmó la consigna del dictador Daniel Ortega, de “vigilar” a quienes disienten. La vocera del régimen utilizó su alocución diaria para justificar acciones de represión.
Las declaraciones de Murillo se dan tras las amenazas directas de Ortega el pasado 19 de julio, cuando llamó a la militancia sandinista a estar “vigilante” de los opositores, para facilitar su captura y enjuiciamiento. “Por ahí algunos de aquellos sobrados y metiches podrán estar queriendo asechar, pero aquí estamos vigilantes siempre”, repitió Murillo este lunes, apelando a la “misión patriótica” de controlar y neutralizar a la disidencia.
En ese contexto, la Policía ejecutó el pasado 17 de julio una redada en Jinotepe, Carazo, donde detuvo a siete personas identificadas como opositores. Entre los arrestados están el pastor evangélico Rudy Palacios Vargas, enfermo de cáncer, y su hermana Yesica Palacios Vargas. También fueron capturados Olga María Lara Rojas, Pedro López, José Armando López Mojica, y el padre e hijo Mauricio Alonso y Mauricio Alonso Estrada.
Organizaciones defensoras de derechos humanos denuncian que, al día de hoy, se desconoce el paradero y situación legal de estas personas, lo que constituye una desaparición forzada bajo estándares internacionales. La Policía ha negado información a familiares y abogados.
El Ejército como mensaje de intimidación
Murillo también utilizó su intervención para reforzar el mensaje de fuerza, anunciando la exposición del Ejército en la Plaza de la Fe, que incluye armas y equipos militares. La actividad, según la codictadora, demuestra que “en todo momento estamos listos para defender la paz, la tranquilidad y la seguridad de las familias”.
“Una bonita y elocuente exposición”, dijo Murillo, refiriéndose al evento que será encabezado por el jefe del Ejército, general Julio César Avilés, este martes.
El uso del Ejército como herramienta simbólica de intimidación no es nuevo. A finales de febrero, el Grupo de Expertos de Naciones Unidas sobre Nicaragua señaló que altos mandos militares participaron en la cadena de mando durante la represión de las protestas de 2018. La CIDH estima en al menos 355 las víctimas mortales de esa represión, aunque organismos locales elevan la cifra a más de 500.
Opositores y defensores de derechos humanos ven en estas exposiciones militares una estrategia de amedrentamiento, que busca reforzar la imagen de un régimen que no solo se mantiene por la fuerza, sino que la exhibe como medio legítimo para acallar la disidencia.



