Nicaragua, Irán y la guerra en Medio Oriente: ¿Qué riesgos enfrenta el país por su alianza con Teherán?
La entrada de Estados Unidos en la guerra entre Irán e Israel, tras el ataque a tres instalaciones nucleares iraníes este fin de semana, ha marcado un punto de inflexión en la geopolítica internacional. En medio de esta escalada militar, Nicaragua, bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ha reafirmado su apoyo irrestricto al gobierno de Irán, alineándose abiertamente con uno de los principales enemigos de Washington. Esta decisión coloca al país centroamericano en un escenario de alto riesgo, tanto diplomático como económico y de seguridad.
Las relaciones entre el régimen de Daniel Ortega con Irán se han fortalecido progresivamente desde su regreso al poder en 2007. En esa etapa, Nicaragua reactivó lazos con gobiernos considerados adversarios de Washington, entre ellos Teherán, y estableció vínculos directos con el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad (fallecido en 2024), con quien Ortega compartía un discurso de “resistencia antiimperialista”. A lo largo de los años, se firmaron acuerdos de cooperación en infraestructura, energía, salud y tecnología, aunque muchos de estos no se ejecutaron plenamente.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó en la última década. En 2022, el régimen creó la Comisión Nicaragüense para el Desarrollo de la Energía Atómica con Fines Pacíficos, como parte de memorandos de entendimiento firmados con Irán y Rusia. En junio de 2023, el presidente iraní Ebrahim Raisí —quien también fallecería trágicamente en 2024— visitó Managua y fue recibido con honores de Estado.
Durante su visita se firmaron tres memorandos de cooperación: uno para establecer una Comisión Mixta de cooperación económica, científica y técnica; otro sobre reformas judiciales; y uno más para la provisión de insumos médicos. Ortega también sostuvo reuniones con el canciller iraní Hossein Amir-Abdollahian, donde se discutieron posibles áreas de colaboración militar, energética y tecnológica. En una declaración polémica durante uno de estos encuentros, Ortega llegó a afirmar que “tener una armita atómica genera respeto”, lo que levantó alertas en círculos diplomáticos internacionales.
A través de un comunicado conjunto de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que Nicaragua suscribió, el régimen condenó “en los términos más enérgicos” el “criminal ataque militar” de Estados Unidos contra lo que denominó instalaciones “nucleares pacíficas” de la República Islámica de Irán. El documento afirma que se trató de una "flagrante agresión" que viola la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional, y advierte que este acto “pone en peligro la seguridad global y desestabiliza aún más la región".
Además de esta condena, el régimen sandinista mantiene abierta su embajada en Teherán y ha roto relaciones diplomáticas con Israel, a quien acusa de genocidio por su ofensiva militar en Gaza.
Para analistas consultados por DESPACHO 505, este posicionamiento va mucho más allá de un gesto ideológico. "Con la guerra desatada y Estados Unidos involucrado directamente, los países que apoyan activamente al régimen iraní pueden pasar a ser considerados parte del conflicto", explica un experto en relaciones internacionales.
En este contexto, Nicaragua podría enfrentar una intensificación del aislamiento internacional que ya padece. Las consecuencias podrían incluir sanciones económicas más severas, bloqueo de exportaciones, limitaciones para recibir remesas y hasta la expulsión del tratado de libre comercio con Estados Unidos (CAFTA‑DR), del cual depende cerca de la mitad de sus exportaciones.
Uno de los escenarios más graves, advierten los expertos, sería que el gobierno de Estados Unidos llegue a considerar a Nicaragua como un Estado patrocinador del terrorismo. Esta posibilidad se ve alimentada por las denuncias formuladas desde el año pasado por diplomáticos israelíes en la región, quienes aseguraron en entrevista con DESPACHO 505 que grupos vinculados a Irán, como Hezbollah, operan desde territorio nicaragüense con protección del régimen de Ortega. Las embajadas iraníes en América Latina han sido señaladas como centros de coordinación encubiertos, y Nicaragua, según esas fuentes, no sería la excepción.
Consecuencias y advertencias
Ser incluido en la lista negra de Estados patrocinadores del terrorismo, en la que figuran países como Irán, Cuba, Corea del Norte y Siria, implicaría un aislamiento total del sistema financiero global.
Nicaragua podría perder acceso a créditos internacionales, cooperación multilateral e incluso ser objeto de sanciones secundarias que afectarían a empresas extranjeras que operen en su territorio.
"No se trata de una amenaza teórica. Si Estados Unidos concluye que Nicaragua funciona como una pieza del aparato iraní en el hemisferio, la respuesta no será solo diplomática, será estructural", advierte uno de los analistas consultados.
Más allá de lo geopolítico, las implicaciones serían directas para la población: encarecimiento de productos, caída del empleo, mayor dificultad para migrar, disminución de remesas y una presión creciente sobre la economía informal.
En un país ya golpeado por la crisis institucional, la represión política y la emigración masiva, el alineamiento con Irán puede resultar en un costo altísimo. Ortega ha tomado partido en una guerra que escapa al control regional, y lo ha hecho sin garantías, arriesgando convertir a Nicaragua en una nueva paria internacional.



