Ortega y Murillo nombran nueva Contralora sumisa y decorativa
La Asamblea Nacional, controlada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, aprobó este martes el nombramiento de María Elieth Esquivel Tinoco como miembro propietaria del Consejo Superior de la Contraloría General de la República, en sustitución de María José Mejía García, quien renunció al cargo.
En Nicaragua, el Consejo Superior es el órgano máximo que dirige la Contraloría General, y quien preside este Consejo asume automáticamente el cargo de Contralor o Contralora General de la República. Por tanto, con este nombramiento, María Elieth Esquivel se convierte en la nueva Contralora General.
El Consejo Superior de la Contraloría está compuesto por cinco miembros propietarios y tres suplentes, encargados de supervisar el control, fiscalización y auditoría de los recursos públicos y la administración estatal. Teóricamente, su función es garantizar que los fondos del Estado se utilicen con transparencia y conforme a la ley, previniendo la corrupción y promoviendo la rendición de cuentas.
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Sin embargo, en el contexto político actual de Nicaragua, donde la separación de poderes está prácticamente eliminada y todas las instituciones responden Ortega y Murillo, esta función queda desvirtuada. La Contraloría, en lugar de ser un órgano independiente y riguroso, se convierte en un apéndice del Ejecutivo, incapaz de ejercer un control real sobre el uso de los recursos públicos.
Al mismo tiempo la Asamblea Nacional aprobó una reforma a la Ley Orgánica de la Contraloría, que introduce la figura de una copresidencia para aparentar equidad de género, pero que en la práctica no modifica el sometimiento del Consejo al poder ejecutivo ni garantiza autonomía.
Sobre la nueva contralora
María Elieth Esquivel fue codirectora del Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (INIFOM) y trabajó en la Procuraduría de las Municipalidades en la Procuraduría General de la República. Tiene una trayectoria ligada a instituciones bajo control directo del régimen y ha mostrado públicamente su afinidad con el Frente Sandinista, participando en actos con símbolos partidarios. Su nombramiento no genera expectativas de independencia ni de fiscalización efectiva, sino que más bien confirma la continuidad de un control político absoluto sobre esta institución clave.
La falta de control efectivo tiene consecuencias evidentes: según el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 de Transparencia Internacional, Nicaragua ocupa el puesto 172 de 180 países, con una puntuación de 14 sobre 100, reflejando un nivel alarmante de corrupción y la ausencia de mecanismos efectivos de control y rendición de cuentas.
En resumen, el nombramiento de María Elieth Esquivel como Contralora General es un reflejo más del estado de las instituciones públicas en Nicaragua: un sistema cerrado, sin independencia ni transparencia, donde la corrupción y la impunidad prevalecen.



