Monseñor Álvarez insiste en la unidad: “No deben ser para siempre las lesiones”
En una misa celebrada esta semana en la Ciudad del Vaticano, monseñor Rolando José Álvarez, obispo de Matagalpa y uno de los más emblemáticos líderes eclesiásticos desterrados por el régimen de Daniel Ortega, dirigió una homilía centrada en el llamado urgente a la unidad. Su mensaje, de fuerte carga espiritual, resuena profundamente en el contexto político actual marcado por la fragmentación de los sectores de oposición nicaragüense en el exilio.
La homilía fue compartida por el sacerdote Erick Díaz, también exiliado, quien estuvo en la misa junto a monseñor Álvarez.
“La unidad es un don. Y como don, es una gracia y un trabajo que quienes conformamos el cuerpo místico de Cristo hemos de realizar todos los días de nuestra vida”, dijo el obispo.
Oposición dispersa y sin incidencia
Aunque el mensaje parte desde una reflexión teológica, sus palabras tienen claras implicaciones para la realidad política. Monseñor Álvarez no esquivó los obstáculos concretos que impiden la unidad, mencionando expresamente: “la intriga, la difamación, la envidia, la soberbia, la infidelidad, la deslealtad, la ambición y la traición”.
Sin hacer mención directa a la política, monseñor Álvarez enumeró lo que fácilmente puede asociarse con la dinámica que ha marcado las divisiones dentro del exilio.
Siete años después del inicio de la crisis sociopolítica en Nicaragua, y pese a múltiples llamados a la articulación de una oposición unida, el exilio sigue marcado por la dispersión, la desconfianza y la falta de incidencia directa en el país. En este contexto, el mensaje del obispo Álvarez no solo exhorta a la Iglesia, sino también a quienes aspiran a la reconstrucción democrática de la nación.
“Las lesiones a la unidad no son para siempre. No deben ser para siempre. Dios nos ha dado su gracia”, afirmó con convicción. “Debemos hacer hasta lo imposible para que nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestras diócesis, nuestras iglesias y nuestra Iglesia permanezcan en la unidad.”
Desde el Vaticano, donde celebró la Eucaristía junto a otros sacerdotes también exiliados, monseñor Álvarez continúa siendo una referencia moral para el pueblo nicaragüense. Su voz, ahora elevada desde el corazón mismo de la Iglesia, sigue llamando a la reconciliación, al perdón y a la unidad como caminos esenciales no solo para la vida espiritual, sino también para la reconstrucción social y política de Nicaragua.



