Daniel Ortega amenaza al cuerpo diplomático: “El embajador que quiera darnos lecciones, ¡afuera!”
El dictador Daniel Ortega lanzó este lunes una nueva y agresiva amenaza contra el cuerpo diplomático acreditado en Nicaragua, advirtiendo que cualquier embajador que se atreva a opinar o cuestionar lo que su régimen califica como “asuntos internos” será expulsado sin contemplaciones.
La advertencia fue lanzada desde Managua durante un acto de ascenso de grados militares, en un discurso que reafirma la política de cero tolerancia impuesta por el régimen frente a cualquier forma de fiscalización o crítica extranjera. No es la primera vez que hace una advertencia de este tipo a los representantes de gobiernos extranjeros, pero en este contexto es una clara imposición de censura a los diplomáticos.
“Aquí tenemos bien clara nuestra posición frente a los embajadores que quieran entrometerse, y lo dice la canción Soberanía: Allá afuera que digan lo que quieran, pero aquí, en tierra nica, donde ondea la bandera azul y blanco, que fue defendida por la bandera roja y negra de Sandino, ¡el que se trata de entrometer, afuera!”, exclamó Ortega, con tono exaltado.
Ortega, que este año cumple 80 años y ostenta el poder de forma ininterrumpida desde 2007, comparte ahora el control absoluto del país con su esposa Rosario Murillo nombrada "copresidenta". Ambos son señalados por organismos internacionales como responsables de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, incluyendo crímenes de lesa humanidad.
En su arenga, Ortega aludió al encargado de Negocios de Estados Unidos en Cuba de quien dijo "sentía un cónsul del imperio", para justificar su postura y reiterar su advertencia:
“El embajador que quiera darnos lecciones aquí, ¡afuera! Que vayan a dar esas declaraciones afuera, pero aquí se respeta la bandera azul y blanco y la bandera roja y negra”.
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El “respeto” que exige Ortega es, en realidad, un eufemismo que encubre la brutal represión que ha impuesto desde 2018, cuando junto a Murillo consolidó un giro dictatorial. Desde entonces, el país vive bajo un estado policial de facto, sin libertades públicas ni garantías democráticas.
Organismos internacionales han documentado una sistemática persecución política, represión contra la sociedad civil y un cierre total de los espacios democráticos. Como parte de esta política, el régimen ha expulsado a representantes de la Unión Europea, el Vaticano, la OEA, la ONU y embajadores de varios países europeos. Además, ha impuesto severas restricciones al trabajo de organizaciones internacionales.
Las nuevas amenazas contra el cuerpo diplomático no solo evidencian el aislamiento creciente del régimen, sino que anticipan un nuevo endurecimiento contra cualquier voz extranjera que intente fiscalizar los abusos del poder en Nicaragua.



