Y después de las protestas, ¿qué?

La incapacidad de las agrupaciones a institucionalizarse y organizarse es el talón de Aquiles que puede acabar, incluso, con las demandas de las protesta iniciales. Es esa necesaria institucionalización, que pasa por la unidad en la diversidad, la que hay que perseguir después de la oleada de manifestaciones.  

La oleada deprotestas ciudadanas de 2018 dejó un resultado que muchos en el país estánsubestimando: un movimiento social nacional azul y blanco. Lo acontecido enNicaragua no es una “revuelta aplastada” con demandas que no sobrevivieron a larepresión, sino que se trata del génesis de un movimiento nacional con amplioapoyo popular, con demandas organizadas, con acciones sostenidas y conidentidad sólida, a pesar de la multiplicidad de actores.

Cabe aclararque no en todos los casos, las oleadas de protestas generan per se unmovimiento social; y esta ha sido una excepcionalidad. Aunque podemos hablar dela existencia de un movimiento social nacional con símbolos y demandas comunesde democratización y justicia, la evidencia encontrada en una investigación deeste autor, sugiere que dentro del movimiento azul y blanco existen tresfacciones: los institucionalizados, los agrupados en organizaciones nogubernamentales para prestar servicios y los radicalizados.

LOS INSTITUCIONALIZADOS.

Se refiere alos grupos que combinaron procesos de organización interna, moderación de susobjetivos y demandas, adaptación a formas más convencionales de protestas, yque apuntan a salidas negociadas para la crisis sociopolítica resultante de laoleada. Son aquellos que han conformado amplias coaliciones que aglutinandiferentes sectores de la sociedad, evidenciando un amplio consenso socialsobre la demanda que se insiste: democracia y justicia. 

Esta facción trabaja en tres direcciones: diagnostica y define los problemas y amenazas, identificando al gobierno del presidente Daniel Ortega como causante; planifica y genera estrategias de resistencia y movilización; y motiva a la población al reafirmar las demandas no resueltas.

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Con estascaracterísticas es posible identificar a la Alianza Cívica por la Justicia y laDemocracia (AC) y la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB). Desde suscreaciones, estas coaliciones -hasta cierto punto la primera superpuesta en lasegunda- han recibido certificación internacional y han permanecido comointerlocutores en los intentos de negociación con el gobierno. Su tendencia ala institucionalización se evidencia en declaraciones de sus miembros. Eldoctor  Carlos Tünnermann, coordinadorgeneral de la Alianza, por ejemplo, en una reciente entrevista señaló: “Paralanzarnos a la tarea de promover una gran unidad nacional (…) teníamos queordenar la casa. Eso significa tener una organización. Necesitamos (…) irelaborando una especie de plan de nación.”

LOS AGRUPADOS EN ONG PARA PRESTARSERVICIOS

Dentro deesta facción se observan aquellos grupos que, aunque evocan las mismas demandasque los originaron, actualmente se encuentran prestando servicios o permanecenagrupados sin estrategias y organizaciones concretas. En las visitas de campodel autor, pudo constatarse esta tendencia en comunidades de exiliados en CostaRica y Estados Unidos, donde las agrupaciones prestan servicios de atenciónhumanitaria (en sus diversas formas) a aquellos que huyeron del país en elcontexto de la represión y/o la recesión económica.

 LOS RADICALIZADOS

Durante laoleada de protestas, esta facción apeló y recurrió al uso de medios armadoscomo alternativa para la consecución de las demandas, pero carecieron de organización,planificación, difusión y número. El Grupo Interdisciplinario de ExpertosIndependientes (GIEI) y entrevistas del investigador documentaron, por ejemplo,el uso de armas en determinados tranques en la zona pacífica, central y nortedel país. En Monimbó, Masaya, de acuerdo con entrevistas, también se identificóindicios de radicalización que, entre otras cosas, puede asociarse a latradición combativa y revolucionaria del barrio. 

Sin embargo,es posible advertir que a pesar de la documentada presencia de manifestantesarmados en algunos puntos específicos de protesta, sobre todo a medida queescalaba la represión, el registro muestra la presencia mayoritaria de personasque se manifestaban de forma pacífica.

Positivamente, durante y después de la oleada de protestas, la viabilidad y el número de esta facción se redujo. La presencia mínima de facciones radicalizadas es determinante para incrementar el grado de apoyo de la comunidad internacional, que es más propensa a denunciar y sancionar a Estados que reprimen a manifestantes si los grupos que protestan no recurren a la violencia y usan mecanismos civiles para canalizar sus demandas. Reducir la radicalización es también clave para estimular el apoyo entre la población general, que percibe a la resistencia civil y pacífica como menos extrema y por ende más atractiva.

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Ante elescenario post oleada de protestas, con demandas no resueltas, acuerdos sinalcanzar y peligrosos escenarios futuros como la agravada represión, lagalopante crisis económica, y posibles sanciones internacionales escaladas,estas tres facciones están adquiriendo un rol determinante.

Pero, esimportante hacer notar que, de acuerdo con varios teóricos e investigadores,solo los grupos que tienen objetivos claros y fuerte estructura organizacionalserán exitosos en la consecución de sus demandas. De hecho, se puede afirmarque la incapacidad de institucionalizarse y organizarse es muchas veces eltalón de Aquiles que puede acabar incluso con las demandas de protestainiciales. Es esa necesaria institucionalización, que pasa por la unidad en ladiversidad, la que hay que perseguir después de la oleada de protestas.