Báez: «Cuando parece que los malvados se han salido con la suya, la última palabra la tiene Dios»

Báez: «Cuando parece que los malvados se han salido con la suya, la última palabra la tiene Dios»

El Obispo Auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez llamó este domingo a no desesperarse ni sentirse abrumado «cuando parece que los malvados se han salido con la suya y la injusticia parece haber derrotado al bien y a la vedad», una semana después de las votaciones en Nicaragua en las que el dictador Daniel Ortega se reeligió junto a su esposa Rosario Murillo para un cuarto mandato presidencial.

Durante la homilía de este domingo, realizada desde su exilio en Miami, monseñor Báez insistió en que “cuando parece que el Sol de nuestra vida se oscurece, cuando todas las cosas parecen derrumbarse, cuando no sabemos ya qué hacer y nos sentimos angustiados y desorientados, no estamos nunca solos».

«En esos momentos Dios se acerca a nosotros para sostenernos y rescatarnos. Cuando parece que todo se ha acabado, Dios está actuando en favor nuestro, dando inicio a algo nuevo; cuando nos sentimos incapaces, inútiles o fracasados, Dios interviene en nuestra vida produciendo cambios inesperados, abriendo horizontes inéditos, quitando obstáculos insalvables”, dijo.

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A nivel social, agregó, “cuando parece que los malvados se han salido con la suya y la injusticia parece haber derrotado al bien y a la verdad, Dios se hace misteriosamente presente”. Por eso, “no debemos desesperar ni sentirnos abrumados” porque “la última palabra la tiene Dios y al final triunfará el bien, la verdad y la justicia”.

NO RESIGNARSE

El obispo señaló que delante de los poderes mundanos que intentan atemorizarnos y hacernos sentir impotentes, hay que superar dos actitudes que son contrarias a la fe: la resignación y el victimismo.

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«Nos resignamos cuando creemos que no hay nada qué hacer, nos cruzamos de brazos y nos contentamos con sobrevivir. Caemos en el victimismo cuando en el momento trágico nos dedicamos a lamentarnos o a buscar culpables entre nosotros, quedando encerrados en un círculo vicioso de miedo y de impotencia”, concluyó monseñor Silvio Báez.