Ortega y Murillo busca alivio internacional con autorización de algunas procesiones

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha autorizado algunas procesiones católicas en Nicaragua, porque se sienten acorralados y busca proyectar hacia el exterior una imagen de normalidad y libertad religiosa que no corresponde con la situación de la Iglesia, sostienen defensores de los derechos humanos y religiosos.

Las procesiones autorizadas, entre ellas las dedicadas a la Virgen de la Merced, en Matagalpa, y San Jerónimo, en Masaya, se realizan bajo un fuerte control policial. El sacerdote exiliado Edwin Román sostiene que el régimen no ha dado marcha atrás en su política hacia la Iglesia, sino que ha cedido parcialmente ante la presión internacional.

“No piensen que la dictadura Ortega Murillo ha permitido procesiones excesivamente controladas como la de Masaya porque ya hay libertad religiosa. Lo hacen porque se sienten acorralados por la presión internacional”, afirmó Román.

El sacerdote considera que la autorización de algunas actividades religiosas forma parte de una estrategia del régimen para reducir la presión externa. “Cuando sienten miedo, se esconden bajo la sotana de la Iglesia”, sostuvo.

La abogada e investigadora Martha Molina, autora del estudio Una Iglesia Perseguida, coincide en que la autorización de unas pocas procesiones no representa un cambio sustancial en la relación entre el régimen y la Iglesia católica. “Grave error es pensar que permitir dos o cinco procesiones es sinónimo de libertad religiosa”, afirmó.

Según Molina, las celebraciones religiosas permitidas permanecen sometidas a vigilancia policial y las autoridades mantienen la capacidad de impedir cualquier expresión que consideren una amenaza política.

Una apertura limitada y bajo control

La decisión ha causado sorpresa incluso entre algunos organizadores religiosos, debido a que una procesión requiere preparación y coordinación previa. Sin embargo, las comunidades católicas carecen de margen para negociar las condiciones impuestas por las autoridades.

Incluso, algunas parroquias han anunciado e invitado, a través de las redes sociales, a la feligresía a participar de las actividades religiosa, autorización que ha sido trasladada de boca por parte de los agentes de policía.

Una fuente de la Iglesia Católica relató que diferentes mandos policiales están visitando a las diócesis para notificarles la autorización de parte de la dictadura.

No obstante, Molina sostiene que Ortega y Murillo han modificado su estrategia frente a la Iglesia después de no conseguir someterla completamente mediante la represión. Ahora, explica, el régimen combina el control de las actividades religiosas con el acercamiento a sacerdotes y mecanismos de coacción para proyectar una imagen de normalidad.

La apertura, además, no se aplica de manera general. Un día antes de las celebraciones de la Virgen de la Merced y San Jerónimo, el régimen impidió la salida de la procesión de San Miguel Arcángel.

En otras parroquias que celebran a San Jerónimo y a la Virgen de la Merced, las actividades religiosas continúan restringidas al interior de los templos. Para Molina, esta diferencia evidencia que las autorizaciones son selectivas y no constituyen un levantamiento general de las restricciones.

“Una pequeña parte del pueblo católico pudo expresar su fe”, reconoció la investigadora. Pero, a su juicio, Nicaragua continúa lejos de recuperar la libertad religiosa.