Economía de Nicaragua crece 4.9% en 2025, pero el consumo en los hogares se ralentiza
La economía de Nicaragua cerró el año 2025 con un crecimiento del 4.9 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, el ritmo de gasto de las familias nicaragüenses experimentó una marcada desaceleración. Según dtos del Banco Central publicados este martes, el consumo de los hogares —indicador clave del bienestar cotidiano— pasó de crecer un 8.8 por ciento a un 5.8 por ciento en el último año.
El enfriamiento en el consumo de las familias ocurre en un contexto de opacidad oficial sobre las remesas, un flujo vital para la economía nicaragüense que el Banco Central ha dejado de publicar desde abril de 2025. En ese último reporte, la entidad admitió una caída de 30 millones de dólares respecto al mes anterior.
Expertos sostienen que esta tendencia se ha profundizado debido a la incertidumbre migratoria en Estados Unidos, lo que ha golpeado directamente el envío de dinero desde el principal país emisor y explica, en gran medida, por qué los hogares nicaragüenses han perdido capacidad de compra pese al crecimiento de las cifras macroeconómicas.
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El Producto Interno Bruto es la medida que suma el valor de todos los bienes y servicios producidos en el país y su aumento llevó el tamaño de la economía hasta los 22,237.2 millones de dólares. Este incremento del 12.9 por ciento en términos monetarios respecto a 2024 refleja tanto el aumento de la producción como el ajuste de los precios en el mercado nacional.
La construcción crece y la agricultura cae
Desde la perspectiva de la producción, que detalla qué actividades generaron más valor, la construcción se consolidó como el motor principal con un repunte del 17.3 por ciento. A este dinamismo se sumaron el comercio con un 9.3 por ciento y el sector de hoteles y restaurantes con un 8.0 por ciento, lo que sugiere un flujo constante en las transacciones de bienes y servicios turísticos.
Otros rubros con saldos positivos fueron la minería con un 7.4 por ciento y el sector pecuario con un 6.3 por ciento.
Sin embargo, el informe revela bajas en sectores fundamentales. La actividad de pesca y acuicultura sufrió una fuerte caída del 10.2 por ciento, seguida por la generación de electricidad que bajó un 5.6 por ciento. Resulta notable la contracción del 2.9 por ciento en la agricultura, un pilar histórico de la economía que se movió en sentido contrario al crecimiento general del país.
Inversión pública y privada
Al analizar el comportamiento desde el enfoque del gasto, que explica quiénes mueven el dinero, destaca la formación bruta de capital fijo, que se refiere a la inversión en infraestructura y equipos, que creció un 21.3 por ciento. Este impulso estuvo liderado por el sector público con un incremento del 23.7 por ciento en sus inversiones, frente al 19.9 por ciento de la inversión privada.
Dentro de esta inversión, la compra de maquinaria y equipo fue el componente más dinámico con un 28.1 por ciento de aumento. No obstante, el consumo final del gobierno apenas varió con un incremento del 1.0 por ciento, tras haber caído un 1.2 por ciento el año anterior.
Finalmente, el informe detalla que la demanda externa neta restó 4.1 puntos porcentuales al crecimiento total. Esto ocurre cuando las importaciones, que subieron un 11.1 por ciento, superan el ritmo de las exportaciones, las cuales avanzaron un 5.8 por ciento, dejando un saldo donde el país compra al exterior más de lo que logra vender en los mercados internacionales.



