Monseñor Silvio Báez: la libertad comienza en el corazón, pero también interpela al poder

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, volvió a lanzar un mensaje que, leído en el contexto de Nicaragua, adquiere un fuerte contenido político y moral: ningún proceso de liberación social será auténtico si las personas —especialmente quienes ejercen el poder— no experimentan primero una transformación interior.

Durante su homilía de este tercer domingo del tiempo litúrgico de Cuaresma, monseñor Báez afirmó que “el agua del Espíritu de Dios, que es fuerza, novedad y creatividad que actúa en la historia, también sacia la sed de justicia y paz de los pueblos”. Este pasaje del evangelio que relata que Jesús pidió de beber agua a una Samaritana, fue interpretada por el purpurado como una verdad incómoda para los sistemas autoritarios: la sed de justicia de los pueblos no desaparece con represión ni propaganda.

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Báez, uno de los obispos más críticos frente al régimen de Daniel Ortega, advirtió que los regímenes opresores, las estructuras sociales injustas y las formas corruptas de ejercer el poder no desaparecen solo con el esfuerzo humano. A su juicio, los cambios estructurales solo pueden sostenerse cuando existe una verdadera liberación interior de las personas.

Aunque su reflexión se mueve en el terreno espiritual, la lectura política es inevitable en un país donde el poder se ha concentrado en una sola familia y donde el Estado ha sido señalado por organismos internacionales por violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Una crítica que trasciende lo religioso

El mensaje del obispo apunta a un problema común en la historia latinoamericana, donde : las revoluciones y los discursos de liberación que terminan reproduciendo nuevas formas de opresión.

Báez advierte que, sin hombres y mujeres libres interiormente —“purificados de los ídolos, íntegros, honestos y respetuosos de la justicia”—, los procesos de cambio social corren el riesgo de convertirse en simples sustituciones de élites.

Esta frase contiene una crítica profunda a la lógica del poder en muchos regímenes autoritarios se proclaman liberadores mientras concentran poder, eliminan contrapesos y persiguen la disidencia.

En Nicaragua, donde la oposición política, los movimientos sociales y las organizaciones civiles han sido desmantelados o empujados al exilio, el planteamiento del obispo cobra una resonancia particular.

La raíz del problema: el corazón humano

Para monseñor Silvio Báez, quien vive exiliado en Estados Unidos, señaló que en las naciones con regímenes autoritarios, el problema no es únicamente político o institucional, sino que también es una problemática moral y espiritual.

“No basta con luchar por transformar la sociedad; es necesario dejar que Dios renueve nuestro corazón”, exhortó desde la parroquia Santa Ágata. Esta idea conecta con una tradición cristiana que sostiene que la injusticia social nace primero en el interior de las personas: en la ambición desmedida, la idolatría del poder, la corrupción y el desprecio por la dignidad humana.

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Desde esa perspectiva, Báez no solo interpeló a quienes gobiernan, sino también a la sociedad entera, donde señaló que sin ciudadanos honestos, sin líderes capaces de renunciar a los privilegios y sin una cultura que respete la ley y la justicia, cualquier cambio político puede terminar repitiendo los mismos vicios.