Monseñor Báez llama a desafiar “las tinieblas del poder despótico y cruel” y a no ser cómplices del miedo

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, hizo un enérgico llamado a plantarse con firmeza frente a los poderosos que “siembran tinieblas”, en coherencia con el mandato cristiano de ser un contrapunto a la corrupción y al “poder despótico y cruel” que oprime a los pueblos. El prelado subrayó la necesidad de una fe activa, capaz de iluminar las sombras de la opresión y la injusticia.

En su sermón, inspirado en la lectura del Evangelio de Mateo, Báez retomó la metáfora de la sal, explicando que los cristianos están llamados a "dar sabor a la vida" y a "preservar lo bueno en el mundo". Subrayó que esta misión implica rechazar la complicidad con la corrupción y luchar por la honestidad y la verdad.

El religioso advirtió que la fe pierde sentido cuando se acomoda al poder o al dinero, a los que describió como “ídolos que corrompen y producen marginación y miseria”. Frente a ello, planteó que la misión cristiana implica ponerse del lado de las víctimas del abuso, defender la dignidad humana y rechazar la violencia, la intimidación y el miedo como formas de control social.

Báez también alertó sobre el riesgo de una Iglesia “insípida”, incapaz de dar sabor a la vida pública. “La sal se puede volver insípida”, recordó, tras subrayar que una fe superficial o desconectada de la realidad termina siendo irrelevante. Sin embargo, insistió en que siempre es posible “volver a sazonar la vida” recuperando la coherencia entre el mensaje y la práctica. Animó a los presentes a no caer en el pesimismo, recordando que siempre se puede "volver a sazonar la vida".

Refiriéndose a la luz, Báez destacó que los cristianos no brillan con luz propia, sino que son "iluminados por Jesús". Esta luz, explicó, debe manifestarse a través de "nuestra vida sencilla y honesta, con nuestra ternura con los más frágiles, nuestra capacidad de perdonar siempre, nuestra incansable lucha por la justicia y nuestros esfuerzos por crear puentes que lleven a la paz."

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En un mensaje que sin hacer una clara alusión directa a la situación política del país encaja con el momento crítico que atraviesa, el obispo auxiliar hizo un llamado a "desenmascarar las tinieblas del poder despótico y cruel, que amenaza, intimida y oprime." Concluyó su homilía reafirmando la misión de los discípulos de Jesús: "preservar la vida y darle sabor, ser testigos del evangelio e iluminar con su luz", encontrando en la Eucaristía la fuerza para irradiar la "luz de la libertad de Jesús."