25N en Nicaragua: el rastro de muerte, impunidad y desamparo que la dictadura oculta

En Nicaragua, la violencia que sufren las mujeres parece no importar al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Las féminas siguen siendo acalladas pese a que, incluso por ley, se plasmó la igualdad de género. Los femicidios no cesan y las violaciones sexuales se han convertido en una “pandemia”.

El régimen Ortega-Murillo no presenta cifras de femicidios, y el año pasado tampoco se conocieron reportes sobre violencia sexual en el país, pareciera que la violencia hacia las mujeres no existe, o es lo que tratan de hacer creer, porque según los grupos feministas en exilio, en la última década la situación se ha “agudizado”.

Solo en 2024, unas 91 mujeres nicaragüenses perdieron la vida en manos de la violencia machista dentro y fuera del país, y hasta mediados de noviembre de este 2025, las organizaciones feministas como La Corriente contabilizan 72 mujeres asesinadas, 52 femicidios dentro de Nicaragua y 20 en el extranjero.

Tan solo en la primera quincena de enero, ocho nicaragüenses perdieron la vida a manos de la violencia machista. Dos de estos femicidios ocurrieron en territorio nacional, cuatro en Costa Rica, uno en Guatemala y uno en Estados Unidos. La cifra cuadruplicó a los ocurridos en la misma fecha de 2024.

La socióloga María Teresa Blandón, miembro del programa feminista La Corriente y con una larga trayectoria en defensa de las mujeres, destaca que en Nicaragua los femicidios y la violencia contra la mujer se han agudizado por el incremento de los discursos violentos, sexistas, agresivos y humillantes hacia las mujeres, particularmente de los hombres.

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“Esto hace que muchos hombres desarrollen o fortalezcan o exhiban con mayor fuerza unos comportamientos abusivos hacia las mujeres y eso ocurre tanto en el espacio privado como en el espacio público”, señala Blandón.

Odio hacia las mujeres

El odio de parte de algunos hombres hacia las mujeres parece no tener límites. El pasado 11 de noviembre, se conoció el femicidio de Jissel del Carmen Carvajal Guatemala, de 38 años, quien murió tras ser agredida por su cónyuge, Óscar Danilo Granados Herrera, de 47 años.

El femicidio ocurrió en Amakita, una pequeña comarca de la microrregión de Ayapal, en el municipio de San José de Bocay, Jinotega. De acuerdo con testimonios de habitantes de la comunidad, el hombre la golpeó en repetidas ocasiones con una tranca de madera. Vecinos que escucharon los gritos acudieron a auxiliarla y la trasladaron a un centro de salud, pero Jissel no sobrevivió a las lesiones.

Cinco horas antes del deceso de Carvajal Guatemala, se conoció del hallazgo del cuerpo de Stephany Sánchez Noguera, de 17 años, una estudiante de secundaria reportada como desaparecida desde hacía cinco días en el municipio de La Paz, Carazo. Su cuerpo fue encontrado con signos de violencia en una comunidad vecina de Santa Teresa.

“La situación de las mujeres en Nicaragua es compleja, es difícil porque están expuestas, tanto las adultas como las niñas, dentro y fuera de sus casas. Y esto es todavía peor porque no se cuenta ni con un entramado institucional, ni con políticas públicas, ni siquiera, digamos, con una ley consistente para atender esta problemática”, expone la socióloga.

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Los femicidios son el resultado fatal de una violencia que se extiende hacia varios ámbitos, social, económico, cultural, entre otros. Además, no es la única consecuencia del machismo. Las mujeres también son ultrajadas y abusadas sexualmente.

Las mujeres también son víctimas de abuso sexual

Solo en 2023, el Instituto de Medicina Legal (IML) reportó 5,271 peritaciones medicolegales por violencia sexual, es decir, 14 personas entre adultos y menores fueron abusadas sexualmente por cada día, aunque no se detalle el sexo, geralmente son las mujeres las más violentadas.

El dato puede ser mayor, pues muchas víctimas sufren este tipo de violencia en el silencio y tienen miedo de denunciar por amenazas o porque no sienten que sus familias y las autoridades las vayan a proteger.

La femininista María Teresa Blandón denuncia que en Nicaragua las mujeres están desprotegidas y tampoco hay políticas de prevención. Señala al régimen de ser cómplice de la violencia hacia las mujeres por ocultar las cifras, y también, por excarcelar a hombres que purgaban condenas por cometer delitos graves, y que en algunas ocasiones reinciden cometiendo femicidios y violaciones.

“No hay un espacio donde esté la Corte Suprema de Justicia, Ministerio Público, Policía Nacional, Instituto de Medicina Legal, Ministerio de Educación y Ministerio de Salud, que son instituciones del Estado que tendrían que jugar un papel clave para la prevención de la violencia de género y para la sanción de los agresores”, denuncia la feminista.

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Sin cifras oficiales de violencia

Hasta ahora, no hay reportes oficiales sobre femicidios, y tampoco se tiene datos de violencia hacia las mujeres. Desde el año pasado, el IML dejó de publicar sus boletines mensuales en su sitio web, donde mes a mes se podía cuantificar parte de los casos de violencia sexual.

Tampoco se puede conocer información sobre otro tipo de agresiones hacia las féminas, pues desde 2018 el régimen emprendió una cacería contra los grupos feministas obligándolas al exilio, además cerró y confiscó las organizaciones que defendían a las mujeres.

María Teresa Blandón exige al régimen Ortega-Murillo que no mienta ni esconda las cifras y que tampoco le oriente al Instituto de Medicina Legal que ya no muestre cifras sobre otras formas de violencia como el abuso sexual contra menores, que según ella, “en Nicaragua es una verdadera pandemia”, además de la violencia física y psicológica que sufren miles de mujeres en el seno de sus hogares. Incluso en las propias instituciones del Estado.

La situación es tal que ni siquiera hay medios de comunicación dentro de Nicaragua que se atrevan a cuestionar al régimen ante la falta de información. Su aparataje de propaganda no siempre menciona los casos de violencia a las féminas como parte del machismo, a menudo los califican como problemas maritales y hay asesinatos de mujeres que son asociados a robos u otro tipo de causas, antes de llamarlos como lo que son, femicidios.

“Los jefes de policía y los propios medios sandinistas de propaganda insisten en asociarlo con asunto de salud mental o de amorío, desamores, traiciones. O sea, no quieren que la gente entienda cuál es la causa real de la violencia, que no tiene nada que ver con estos argumentos”, destaca Blandón.

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En 2008, a un año de haber llegado por segunda vez al poder Daniel Ortega, se aprobó la Ley de Igualdad de derechos y oportunidades, que 12 años después fue ajustada a conveniencia del régimen. Esta normativa junto a la Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres (779) aprobada en 2012, buscaban reivindicar los derechos e igualdad de las féminas frente a los hombres, pero hasta ahora solo han llenado igual número de escaños en la Asamblea Nacional y consejos municipales, siendo codirectoras o copresidentas en el Estado, pero sin voz.

Hasta la misma codictadora Rosario Murillo, promotora de la supuesta igualdad, sigue relegada a la sombra del dictador Daniel Ortega, a quien los altos funcionarios ven como el jefe supremo. En los actos oficiales a Ortega se le ve juramentar e imponer grados a los miembros de la Policía o el Ejército, mientras Murillo pasa a segundo plano como una secretaria o asistente que se limita a leer los Acuerdos Presidenciales.

¿Por qué ocultan las cifras?

Pero todo tiene su razón de ser. Según Blandón, la dictadura esconde las cifras porque se niega a aceptar los convenios internacionales sobre la eliminación de todas las formas de violencia hacia las mujeres, e incluso se niega a reconocer lo que establece la Ley 779 aprobada en el segundo mandato de Ortega, que señala que la causa de la violencia está en las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres.

“La situación se complica mucho más en un país donde reina la impunidad… La violencia hacia las mujeres tiene que ver con la discriminación, el sexismo y la impunidad que tiene que ver con una sociedad que tolera la violencia contra las mujeres y con un Estado que es omiso y por eso mismo es cómplice de la violencia”, sostiene la socióloga.

En el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, que se conmemora el 25 de noviembre, Blandón exige a los Ortega-Murillo que cumplan con sus responsabilidades en la protección de las mujeres, y llama a las familias a estar alertas ante cualquier situación de violencia, principalmente machista y a no ser indiferente a ello.