El asesinato de Roberto Samcam evidencia el alcance de la mano criminal de los Ortega-Murillo
El mayor en retiro Roberto Samcam fue asesinado a quemarropa en la puerta del apartamento donde vivía en el exilio, en San José Costa Rica. A las 7:40 de la mañana del jueves 19 de junio, antes de que las ocho detonaciones de arma de fuego irrumpiera la tranquilidad del condominio sólo se escuchó al sicario llamarlo por su nombre.
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) reconstruye las piezas de este caso sin descartar lo que para la oposición está claro: se trata de un crimen político que revela la peligrosidad criminal del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El opositor nicaragüense Félix Maradiaga, presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua, es parte de las voces disidentes que opinan que podría tratarse de una operación de represión transnacional. "Es una hipótesis que no puede descartarse a priori", afirmó.
"Samcam fue un duro crítico del régimen, con conocimiento del ámbito militar, y su asesinato ocurre en un contexto donde se ha documentado una sistemática política de persecución a opositores”, sospesa el opositor nicaragüense.
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El presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua dijo que le "corresponde a las autoridades judiciales y forenses de Costa Rica determinar los hechos, (pero que) el patrón y las circunstancias del crimen apuntan a un móvil político. Por eso es crucial que se investigue con total independencia y sin descartar ninguna línea", dijo.
La desterrada política Dora María Téllez, en cambio no deja lugar a la duda y sostiene que Costa Rica está frente a la consumación de un crimen político que, incluso, representa una amenaza para la seguridad de ese país, pues avisa que la dictadura tiene una base operativa criminal dentro de su territorio.
"Esta acción criminal de la dictadura de los Ortega Murillo confirma que el la dictadura Ortega-Murillo está actuando mediante sicarios en Costa Rica, tal y como lo demuestran otros atentados ocurridos en el pasado reciente que ponen en evidencia el funcionamiento de células de espionaje y sicariato del régimen orteguista en suelo costarricense", dijo por su parte el movimiento político opositor Unión Democrática Renovadora (Unamos) que también acusa a Daniel Ortega y Rosario Murillo de este "cobarde asesinato, del que habrán de responder frente a la justicia en un tiempo cercano".
"Desde su exilio en Costa Rica, Roberto Samcam denunció la represión en Nicaragua", anotó Unamos, que espera que las autoridades costarricenses "lleguen al fondo del crimen, identifiquen a los criminales y que estos sean castigados".
Sobre la figura de Samcam, quien se había pronunciado públicamente sobre la posibilidad de una salida armada al régimen de Managua, Maradiaga dijo que "un régimen como el de Ortega—obsesionado con el control total de la narrativa y el poder—cualquier figura con ascendencia o conocimiento estratégico puede ser vista como una amenaza. La dictadura siempre ha querido silenciar voces incómodas".
Apoyo internacional y señales de alerta
Maradiaga valoró como positiva la decisión de Estados Unidos de apoyar las investigaciones en Costa Rica, porque "confirma el interés de la comunidad internacional en asegurar justicia y evitar la impunidad. Es un mensaje claro de que los crímenes contra opositores no serán tolerados", expresó.
Consultado sobre la posibilidad de que el régimen Ortega-Murillo tenga estructuras operativas en Costa Rica para atacar a exiliados, Maradiaga no descartó esa hipótesis: "No podemos afirmar con certeza la existencia de una estructura formal, pero hay antecedentes preocupantes. Exiliados han denunciado amenazas, seguimiento y hostigamiento. Este asesinato eleva seriamente las alertas".
Añadio que existe "la posibilidad de que el régimen cuente con redes de inteligencia o colaboradores dentro de territorio costarricense para intimidar o atacar opositores debe ser investigada a fondo".
El exilio en peligro
El líder opositor advirtió que la represión ha entrado en una nueva fase que pasó desde el secuetro, la tortura y el destierro a la represión transnacioinal.
"Lamentablemente, esto representa un nuevo nivel. El régimen ya cruzó muchas líneas con el encarcelamiento arbitrario, la tortura, la desnacionalización y el destierro. Ahora, pasamos a un escenario de asesinatos", apuntó.
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Maradiaga considera que la represión transnacional es un mecanismo usado por régimenes autoritarios que se extiende más allá de las fronteras para perseguir, intimidar, o incluso, atacar a críticos desde el exilio.
"El caso de Roberto Samcam tiene todas las características de represión transnacional, y debe ser atendido en ese marco. Es urgente que organizaciones internacionales de derechos humanos y gobiernos democráticos se pronuncien y actúen con firmeza", dijo.



