Jóvenes a la fuga
La crisis que vive el país desde abril pasado ha motivado la migración de jóvenes nicaragüenses. Desempleo, persecución y miedo son algunas de las respuestas que dan cuando se les pregunta por qué decidieron dejar Nicaragua.
Rayid y Estela tienen en común que son jóvenes e inmigrantes que residen en España. Ellos no incluyeron en sus propósitos de 2018 salir del país, sin embargo, la crisis que empezó en abril fue una avalancha que estropeó sus sueños. Ahora empiezan a construir una nueva vida en Madrid y Barcelona. Estas son sus historias.
SUEÑOS TRUNCADOS
Madrid.Rayid Alvarado, un joven capitalino de 23 años, salió de Nicaragua para exponeren República Checa la represión que vive el país desde el 18 abril. Días antesde su regreso, supo que en Managua su nombre figuraba como un “golpista”, que Estados Unidos financió para derrocar alpresidente Daniel Ortega. Pensó en su vida, consultó con sus padres, y finalmentetomó la decisión de exiliarse en España.
“Ser joven,líder, es un pecado para ellos, ya no podía regresar a Nicaragua, y fue así quecomencé el difícil camino del exilio”. Rayid este año egresaría de la carrerade Licenciatura en Derecho. Hasta abril de 2018, cursaba el quinto año en laUniversidad Centroamericana (UCA), pero hoy sus estudios están en el limbo.
Tras lasprotestas de mediados de abril en León, en contra a la reformas a la SeguridadSocial, decidió organizar junto con otros cinco compañeros un plantón en laUCA. El 18 de ese mismo mes fue agredido por partidarios del Frente Sandinista,por lo que tuvo que protegerse en las instalaciones del recinto.
“Desde el 18de abril empezamos nuestra lucha estudiantil”, cuenta. Después de ese día sesumó a las protestas y apoyó a estudiantes atrincherados en la UniversidadPolitécnica de Nicaragua (Upoli). Su participación le mereció el cargo devocero del Movimiento Autónomo 18 de Abril, integrado por universitarios,profesionales y campesinos.
En España notiene amigos, ni parientes, ni dinero. Rayid fue acogido por una familia denicaragüense. “No tenía nada qué hacer o porqué quedarme, he sido adoptado poruna familia que me han brindado techo y comida para seguir en la lucha desdedonde esté”, cuenta.
El joventodos los días resiente el haber dejado su familia y acusa al presidente DanielOrtega de truncar sus sueños. “No ha sido fácil, tampoco ha sido fácil vercompañeros que están muertos y otros que están en la cárcel como la AmayaCoppens, es difícil verlos presos por la injusticia”, comenta.
Desde quellegó a España, el 11 de octubre, se ha enfocado en hablar con organismos dederechos humanos y políticos españoles sobre la represión que vive el país.Dice que ese es su aporte a la resistencia cívica que aún continúa enNicaragua. “Que el mundo sepa qué está ocurriendo”, señala.
LAS NUEVAS OPORTUNIDADES
Barcelona. Amediados de julio el departamento de Recursos Humanos le llamó para informarleque debía tomar 30 de los 40 días de vacaciones acumuladas. “Tengo muchotrabajo, no puedo irme”, le increpó, infructuosamente al personal de laempresa. Estela, nombre ficticio, vio en esa orientación un mal augurio: eldespido.
Nuncaparticipó en marchas y nunca escribió comentario alguno en contra del gobiernodel presidente Daniel Ortega. Siempre, cuenta, se mantuvo al margen de loshechos. Pero ahora ve su huída de Nicaragua como una consecuencia de la crisisque el país vive desde abril. “Era inevitable que me despidieran, las empresaspiensan en su rentabilidad y la economía va mal, muy mal”.
No aceptólas vacaciones y, por el contrario, se adelantó a poner su carta de renuncia.Esa jugada le garantizó más dinero en su liquidación. Y por tanto, oxigenabapor casi dos meses la cuota de 180 dólares que paga por un carro sedan queadquirió en febrero pasado.
“Te imaginásdejar mi vida por otra. Estaba pagando mi carro, mi casa. Podía decir que vivíacómodamente, pero hoy admito que el presidente Daniel Ortega destruyó lossueños de muchos jóvenes, ante no lo veía así, pero tuvo que pasarme esto paradarme cuenta”, lamenta la joven.
Llegó aBarcelona el 12 de septiembre procedente de un vuelo de Panamá. Le acompañabauna maleta, su diploma de Licenciada en Marketing y Publicidad y 2,000 euros.En España le esperaba una amiga que salió de Nicaragua mucho antes que ella.
Ahoratrabaja en un restaurante como auxiliar de caja. Dice que esperará los tresaños para pedir la residencia por arraigo. Sus días se van entre el trabajo ylas caminatas por Barcelona que suele hacer desde que llegó.
“Es triste dejartu país en estas circunstancias, pero tenés dos opciones: quedarte y vercómo se desmorona o salir e intentarhacer tu vida en otro país”, insiste.
-¿Y nopensás regresar?
-Todos losdías me quiero ir a Nicaragua.
Los efectos de la migración de jóvenes
Para JuanSebastián Chamorro, director ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para elDesarrollo Económico y Social (Funides), la migración de jóvenes tiene dosgrandes efectos para el país.
“El primeroes que se echa a perder el costo que el país ha puesto en él o ella. La inversión en su educación, el gastopúblico reflejado en el salario de sus profesores, la infraestructura, losútiles escolares y los gastos de las familias se van al balde porque esoscostos los asumió el país y los familiares sin ver el beneficio”, dice.
El segundo,continúa el economista, tiene que ver con el beneficio perdido para el país.Chamorro se refiere al flujo de ingresos y salarios que el joven va a ganarpara el resto de su vida en otro país.
“Ese ingresose gasta en consumo, inversiones como la vivienda y la educación de sushijos. Esto es plata que se inyectará alpaís que lo acoge y que Nicaragua dejará de percibir”, agrega.
