Miguel Obando y Bravo: del poder moral al «santo útil” del sandinismo
El cardenal Miguel Obando y Bravo fue una de las figuras más influyentes de la historia reciente de Nicaragua. Durante su servicio pastoral, fue testigo de la dictadura somocista, del primer régimen sandinista, de la instauración de la democracia en los años 90 y se mantuvo como figura clave en los periodos posteriores, cuando Daniel Ortega cumplió su promesa de "gobernar desde abajo" y sumió al país en una inestabilidad política y social.
El poder de quien fue el primer cardenal de Nicaragua —ordenado por el papa Juan Pablo II en mayo de 1985— no surgió a la sombra de un partido político, sino de la autoridad moral de la Iglesia católica, históricamente una de las instituciones más influyentes en el país y uno de los pocos contrapesos a los sectores dominantes. Eso hizo que durante la mitad del Siglo XX la voz del cardenal Obando y Bravo pesara en las decisiones políticas, influyendo de manera determinante en procesos electorales y acompañando, con palabras o silencios, los momentos más críticos de la vida nacional.
Nunca se colocó al margen. Intervino, tomó partido y escogió cuándo confrontar y cuándo "reconciliarse" con el poder. De ahí que su trayectoria resulte un arco complejo, para muchos cuestionable: pasó de desafiar abiertamente al sandinismo y de ser un mediador durante la transición democrática a convertirse en el "padrino" del retorno de Daniel Ortega a la Presidencia.
"En la vida del cardenal Miguel Obando pesan más las acciones políticas que la vida pastoral que realizó en la Arquidiócesis de Managua", sostiene el periodista Israel Espinoza, especialista en temas religiosos.
Describe a Obando y Bravo como un mediador clave en los grandes conflictos del país. "Su figura es imprescindible para entender el comportamiento que tuvo la Iglesia nicaragüense desde 1970 —cuando llegó al arzobispado— hasta el año 2005, cuando pasó a retiro. Desde sus discrepancias con la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, hasta su confrontación con el régimen que surgió de la revolución de julio de 1979; Obando y Bravo fue testigo, y en muchos casos, actor clave de la historia del país en clave política", añade.
Artífice del "viborazo" que anotó el segundo fracaso electoral a Ortega
Miguel Obando y Bravo nació el 2 de enero de 1926 en La Libertad, Chontales, en el seno de una familia campesina. Desde joven manifestó su vocación religiosa y fue ordenado sacerdote en 1958, a los 32 años.
Diez años más tarde, en 1968, fue nombrado obispo auxiliar de Managua y en 1970 escaló a arzobispo de la capital, cargo desde el cual se convertiría en una de las figuras prominentes dentro y fuera de la Iglesia. En esa época confrontó a la dictadura familiar de Anastasio Somoza y medió a favor de los guerrilleros sandinistas.
Su peso político se consolidó en los años ochenta, en medio de la guerra, y lo ejerció sin titubeos en procesos electorales profundamente polarizados.
Desde el púlpito confrontó de manera directa al sandinismo. Tanto que se le reconoce como el patrocinador del segundo fracaso de Ortega en las urnas, en 1996, cuando en misa dominical en la Catedral de Managua, vistiendo la túnica roja cardenalicia, pronunció "la parabola de la víbora traicionera" que literalmente no existe en el Evangelio, pero que utilizó para llamar a la ciudadanía a "reflexionar qué era lo que más conviene para la patria" e inclinar la balanza a favor del expresidente Arnoldo Alemán, sentado ese domingo en las primeras butacas del templo.
Fue una intervención calculada en un momento de alta tensión nacional, con capacidad de incidir en percepciones, alineamientos y decisiones electorales, y quedó registrada en la memoria popular como el "viborazo".
Lejos de ser un gesto anecdótico, aquella homilía selló una de las grandes rupturas entre la jerarquía católica y el Frente Sandinista, y posicionó al cardenal como referente moral del antisandinismo. Para Ortega y su cúpula quedó claro que Obando y Bravo era un actor clave en el juego del poder.
Bendijo a Ortega y Murillo y se convirtió al sandinismo… hasta su muerte
La "reconciliación" y "luna de miel" del cardenal Miguel Obando y Bravo con el sandinismo se produjo antes del retorno de Daniel Ortega a la Presidencia y quedó sellada ante el altar, en septiembre de 2005, cuando bendijo la unión que el caudillo sandinista mantenía desde hacía décadas con Rosario Murillo. Ese gesto no fue menor: pavimentó el camino hacia la victoria electoral de Ortega que acumulaba tres derrotas consecutivas en las urnas, y selló una alianza que sostuvo hasta su muerte.
El matrimonio Ortega-Murillo ha sido considerada una operación de legitimación previa, que allanó el camino para el regreso del sandinismo al poder. El cardenal que había sido su antagonista más visible se convirtió en una pieza clave de su reposicionamiento político.
¿Qué provocó el viro político del cardenal? González Espinoza, quien ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar la historia de la Iglesia nicaragüense, ubica ese momento a inicios de la década del 2000, cuando la Contraloría General de la República investigaba por corrupción a Roberto Rivas Reyes, el exmagistrado presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) que para entonces era director de la Comisión de Promoción Arquidiocesana (Coprosa) y quien se sabe era muy cercano al religioso.
La Contraloría, en aquel entonces, en manos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) comenzó a investigar las irregularidades de Coprosa y esto tuvo como efecto que el cardenal Obando se acercara a este partido con tal de dar carpetazo a la investigación y que se dejara tranquilo a Roberto Rivas y a partir de los años 2003 y 2004, inicia este acercamiento entre el arzobispo Obando y el FSLN. De esa época es el famoso "perdón" que pide Ortega a la Iglesia por los excesos cometidos contra los católicos durante la década revolucionaria y entonces el cardenal oficia una misa por el 25 aniversario de la revolución.
Esta maniobra política, de arrinconar a Roberto Rivas, le permitió al dictador Ortega recuperar el control del Poder Electoral y conseguir ejecutar los fraudes del 2008 y 2011.
Para cuando Ortega llegó al poder, en 2007, la relación con el cardenal ya estaba definida. Obando y Bravo pasó a formar parte de sus aliados. La dictadura logró por primera vez dividir a la iglesia católica que era dirigida por Leopoldo Brenes, considerado un hombre prudente y ahora bajo el control del sandinismo.
El 20 de diciembre de 2017, durante su primer mandato como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a través de la ley Magnitsky, sancionó a Roberto Rivas Reyes, tras acusarlo de violar los derechos humanos y permitir los fraudes electorales que favorecieron a Daniel Ortega para permanecer en el poder.
El nuevo "santo" del sandinismo
La figura del cardenal Miguel Obando y Bravo ahora es nuevamente utilizada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo a conveniencia política. Quien fue su adversario más incómodo y su aliado fiel, es hoy reivindicado, exaltado y convertido en un referente de paz y concordia, una especie de nuevo "héroe" del sandinismo.
El periodista Israel González Espinoza, apunta que el cardenal Miguel Obando y Bravo no es venerable ante la Iglesia y que los dictadores están utilizando su imagen para intentar lavarse la cara ante las múltiples denuncias de persecución religiosa.
"No existe tal veneración. Existe la manipulación de la figura de quien fuera el 'ex-hombre fuerte' de la Iglesia nicaragüense durante la segunda mitad del siglo XX. El desaparecido arzobispo Obando murió como un aliado del régimen orteguista y lo han 'rescatado' como bandera para hacer creer a la opinión pública que no existe persecución religiosa en contra de los católicos en el Nicaragua", subraya González Espinoza.
El periodista sostiene que la manipulación de la figura de Miguel Obando y Bravo no es solo una estrategia de la dictadura, sino también de la familia Rivas Reyes, acaudalada y a cargo de la Universidad Católica, fundada por el cardenal, que se ha presentado como "guardiana" de su memoria.
Al cardenal Miguel Obando y Bravo se le han dedicado actos oficiales, discursos exaltados e incluso una efeméride nacional. En la narrativa oficial, se le proyecta como "el amigo fiel", recuperando su faceta de aliado del sandinismo y borrando la del pastor que denunció abusos, confrontó al sandinismo y movilizó a amplios sectores de la sociedad contra el autoritarismo.
González Espinoza recuerda que un año después de asumir el control del país, Ortega nombró a Obando presidente de la Comisión de Paz y Reconciliación, un cargo político que mantuvo hasta su muerte en junio de 2018. Su presidencia coincidió con los meses más violentos de la represion a las protestas cívicas que estallaron ese año y que según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dejó más de 355 crímenes impunes y múltimples violaciones a los derechos humanos.
"Evidentemente, el orteguismo reivindica con ahínco la etapa (de Obando) como arzobispo emérito, cuando se convirtió en un aliado del partido de Ortega y Murillo. Desde 2007, fue presidente de la Comisión de Reconciliación y Paz y una presencia casi permanente en los actos políticos del régimen. Para ellos, contar con Obando representaba tener un líder católico a su lado, aunque sin influencia real en la marcha de la Iglesia debido a su retiro", plantea el periodista.
Este "manoseo y ensalzamiento interesado" a la figura del cardenal Miguel Obando y Bravo es el último "servicio" al régimen que está prestando incluso muerto.
