Las remesas en Nicaragua pasaron de representar el 9% del PIB en 2012 al 14% en 2020, convirtiéndose en uno de los pilares más fuertes de una economía en recesión. El dinero que envían mujeres desde Costa Rica y España saca a flote a hogares empobrecidos.
José Denis Cruz | 9 Junio 2021
Ada López nació en una casa de tablas y piso de tierra en una comunidad de Somotillo, Chinandega. Con
esfuerzo estudió un Técnico Agropecuario y por mucho que buscó trabajo no encontró, por lo que se resignó a
ser ayudante de cocina y lavar y planchar ajeno, hasta que en 2018, desesperada por no tener dinero con que
alimentar a sus dos hijos, decidió emigrar a España.
En dos años ha logrado lo que jamás habría pensado. Transformó su casa: le puso piso de cerámica, paredes de
concreto y un techo por el que ya no se cuela el agua cuando llueve; matriculó a sus hijos de 11 y 5 años en
clases de inglés en un centro privado; y el pasado diciembre se dio el lujo de organizar la graduación del
menor con una fiesta de más de 20 invitados y un pastel de dos libras.
Ahora ahorra para comprar una lavadora y un televisor para dárselos como regalo a su madre, de 70 años, este
30 de mayo, Día de la Madre. Todo eso ha sido posible desde que llegó a Madrid a trabajar en el cuido de
ancianos por un salario de 1,000 dólares al mes, en una casa de la que solo sale los domingos para descansar
por unas horas.
“¿Vos creés que en Nicaragua yo podría ahorrarme 400 dólares para invertirlos en mi casa?”, se pregunta esta
joven cuya historia demuestra que las mujeres están transformando hogares empobrecidos y oxigenando a una
economía golpeada por la crisis sociopolítica que arrastra el país desde abril de 2018 y agudizada por la
pandemia de coronavirus.
Los números oficiales demuestran ese peso. En 2020, Nicaragua recibió 1.851,4 millones de dólares en remesas
familiares, un 10% más que en 2019. Según datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), Estados Unidos se
mantuvo como la principal fuente de origen; no así Costa Rica, que en el último año fue desplazado al tercer
puesto por los envíos de divisas desde España, destino de centenas de mujeres que laboran en hogares de
“internas”, como Ada.
En total, los nicaragüenses recibieron de sus familiares residentes en los Estados Unidos 1.111,2 millones
de dólares el año pasado, 271,5 millones de dólares desde España, 270,1 millones de dólares desde Costa
Rica, 71,6 millones de dólares desde Panamá, y 23,6 millones de dólares desde Canadá.
Aunque no hay estudios oficiales recientes que analicen el impacto de las remesas e integren el enfoque de
género, se han realizado análisis sobre el comportamiento entre hombres y mujeres migrantes. El más reciente
lo elaboró en 2014 el organismo Diálogo Interamericano, titulado Migración y desarrollo en América Central,
y revela que las mujeres envían más dinero que los hombres.
El estudio se centró en Estados Unidos, pero permite dar una idea global del fenómeno migratorio de las
mujeres. Según el informe, el total de divisas enviadas en 2012 a América Latina y el Caribe fue de $61,000
millones. En promedio las mujeres enviaron remesas 13 veces al año, dos más que la cantidad reportada en
2009, mientras que los hombres enviaron 12 veces, sin cambios a lo largo de esos cinco años.
Otro informe de ese mismo organismo (Remesas a América Latina y el Caribe) publicado en 2017 demuestra que
en los últimos años más mujeres han emigrado, lo que las convirtió en la principal fuente de ingresos de sus
familias en sus países de origen. El envejecimiento de las poblaciones de los países desarrollados ha
provocado un aumento de la demanda de trabajadoras de los servicios de salud, mientras que la prosperidad
creciente en algunos países en desarrollo ha creado puestos de empleo para los trabajadores nacionales.
Ese es el caso de Ada, quien decidió irse a cuidar ancianos a España para no tener que repetir el ciclo de
pobreza en su hogar. De los ingresos que genera sobreviven sus dos hijos y su mamá, pero detrás de los 400 dólares que envía en remesas hay una historia de sacrificio que, según
economistas, se explica por los roles género.
Manuel Orozco, investigador y una de las personas que más conoce de migración y remesas del centro de
pensamiento Diálogo Interamericano, señala que más del 40% de las remesas provienen de mujeres, de
trabajadoras domésticas en España y Costa Rica, y las que se encargan de limpieza de casas en Estados
Unidos.
“Estas mujeres envían un poco más que sus contrapartes masculinas a pesar de tener ingresos menores. Dos
tercios de los receptores de las remesas son mujeres. Muchas son amas de casa y dependen del ingreso de la
remesa para su independencia económica”, agrega el investigador del organismo de Washington.
Pero también hay otras razones que permiten a las mujeres enviar más dinero. En principio está el hecho de
que ellas priorizan a su familia por encima de cualquier otro gasto a diferencia de los hombres; y segundo
porque aceptan trabajos de internas con extensas jornadas y con descansos por menos de 24 horas con el fin
de ahorrarse dinero en renta y alimentación. Estos son empleos en los que están expuestas a abusos laborales
y violencias sexuales.
“Hay más mujeres que están emigrando proporcionalmente, y por ende enviando más remesas por toda la
construcción de género, por la forma en que hombres y mujeres somos socializados, las mujeres tienden a
sentirse más responsables por el cuidado de los padres e hijos, hay una responsabilidad directa que se le
asigna a las mujeres”, explica la economista y feminista Ana Lucila Álvarez.
En eso también coincide Sandra Ramos, del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas “María Elena
Cuadra”, quien ve en esa realidad de mayor aporte de las mujeres a los hogares, un discurso de sacrificio,
pues se les ve como la “cuidadoras” que deben velar por la familia hasta por el último miembro.
Ese sentimiento de sacrificio, explica, ha sido inculcado en la vida de las mujeres, mientras que el hombre
tiende a desentenderse de sus obligaciones. “La mujer nicaragüense por ese sentido de responsabilidad, y que
se le ha echado en los hombros, se le carga que debemos sostener la vida, por eso es que las mujeres aportan
desde su condición de migrante para que la familia salga adelante”, comenta Ramos.
También dice que por el solo hecho de aportar más al hogar con remesas, no se puede ver a las mujeres como
héroes. “Debe ser una responsabilidad de hombre y mujeres, no solamente decir que son héroes, por eso, no
hay que romantizar el sacrificio que hacen las mujeres por desprenderse de sus condiciones para enviar
remesas”. Y es por que llama al Estado a asumir la responsabilidad de aminorar esa carga impuesta a las
mujeres.
Una día del año 2000, del que no recuerda la fecha exacta, la economista Ana Victoria Portocarrero, escuchó
decir a un funcionario del Banco Central de Nicaragua (BCN) que entre uno de los indicadores macroeconómicos
más relevantes estaban las remesas.
La persona que estaban exponiendo —recuerda— destacó lo bien que iba el país e incluía a las remesas en el
sector de exportación, como si de mercancía se trataran los nicaragüenses que decidía emigrar: “Eso es como
si se exporta carne, café, miraban las remesas como divisas por la exportación de la mano de obra
nicaragüense”, cuestiona la especialista.
Para entonces las remesas empezaban a tomar empuje y dejaban al país U$320 millones, un 6.27% del Producto
Interno Bruto de entonces, pero ya era un aporte considerable a la economía. “Plantear las remesas como un
éxito, como una exportación de mano de obra es antiético y apático con las personas que viven el drama, y
hay muy poca seriedad de cómo se maneja el tema”, agrega Portocarrero.
Lo cierto es que las remesas en Nicaragua son ingresos que han oxigenado la economía tras la crisis económica provocada por la Rebelión de Abril, y que se profundizó con la pandemia de coronavirus. Mientras todos los indicadores macroeconómicos sufrían un abrupto revés en 2020, las remesas alcanzaron un crecimiento de 10% pese a que había pronósticos que caerían fuertemente por la emergencia sanitaria global. España, Panamá, Estados Unidos y Costa Rica, principales emisores, experimentaron caídas en sus productos internos bruto.
A partir de 2012 las remesas empezaron a fortalecerse. Ese año superaron los 1,014 millones de dólares en
2012, y representaron el 9.7% del PIB, un crecimiento importante si toma en cuenta que en 1994 fue 1.3% del
raquítico PIB de la época. Ahora las remesas representan el 14% del PIB de Nicaragua (12,621.5 millones de
dólares).
El economista y expresidente de la Cámara de Comercio Americana (Amcham), Mario Arana, considera que el
nivel de importancia que tienen las remesas en Nicaragua se puede ver evidenciado en ese porcentaje que
representa para el Producto Interno Bruto del país y que solo es superado por el ingreso en exportaciones,
que en 2020 alcanzó C$2,953 millones.
“Estamos hablando de más de 1,800 millones de dólares en una economía de 13,000 millones de dólares, lo que
significa un 14% del Producto Interno Bruto, o sea, tiene un peso extraordinario, es decir, no hemos tenido
algo tan fuerte más allá de las exportaciones, ahorita es la segunda fuente de recursos externos que el país
tiene, así que es de mucho peso y de mucha importancia”, señala Arana.
El sociólogo Cirilo Ortero pone en perspectiva la dimensión de las remesas para Nicaragua al decir que
compiten con el Presupuesto General de la República (PGR) que este 2021 alcanzó egresos por 2.346,2
millones de dólares e ingresos por 2.321,5 millones de dólares.
Desde la Administración de Daniel Ortega se recibe con positivismo el aporte de las remesas a los
indicadores macroeconómicos. Según el Banco Central de Nicaragua, las remesas sufrieron un impacto negativo
en abril de 2020 cuando disminuyeron 9.1 por ciento interanual, luego de haber crecido 10.6 por ciento en el
primer trimestre. La desaceleración de las remesas en el segundo trimestre las llevó a crecer únicamente 5.6
por ciento, no obstante, en el tercero y cuarto trimestre volvieron a crecer a tasas de dos dígitos.
“La rápida recuperación de las remesas se debió a las características de la migración nicaragüense. En
particular, la fuerza laboral se ocupa en sectores de gran demanda como agricultura, alimentación, servicios
de distribución y venta al por menor, lo que facilitó su continuidad laboral y, además, su condición
migratoria les permitió mantener ingresos”, consideró el Banco Central en un informe de este año.
Los pocos datos que se tienen de Nicaragua precisan que la migración en Nicaragua representa más del 10% del
PIB y mantiene a más de 500,000 hogares fuera de la pobreza, un aspecto que es ignorado por el Gobierno y el
sector privado, según Diálogo Interamericano. Otro número aportado por la Fundación Nicaragüense para el
Desarrollo Económico y Social (Funides) es que las remesas representan el 20% de los hogares más pobres.
En Centroamérica, que cuenta con una población de 50 millones de habitantes, uno de cada tres hogares recibe
remesas. Es decir, cuatro millones de hogares de la región reciben dinero del extranjero. “Cuando se produce
una distorsión económica, las remesas adoptan un rol contra-cíclico frente a esa recesión y te permite
acolchonar shocks externos”, subraya Orozco.
Las remesas contribuyen al consumo del país, sin embargo, según Orozco, los gobiernos centroamericanos no
terminan de entender “cuál es el rol de la remesa en términos prácticos” y se “asume que lo importante es
que el dinero se consuma”. “Es una perspectiva un poco cortoplacista, poco macroeconómica, sin embargo, en
ese contexto básico es positivo porque mantuvo la capacidad de consumo en un momento de crisis económica”,
señaló.
Los pocos datos que se tienen de Nicaragua precisan que la migración en Nicaragua representa más del 10% del
PIB y mantiene a más de 500,000 hogares fuera de la pobreza, un aspecto que es ignorado por el Gobierno y el
sector privado, según Diálogo Interamericano. Otro número aportado por la Fundación Nicaragüense para el
Desarrollo Económico y Social (Funides) es que las remesas representan el 20% de los hogares más pobres.
El más reciente informe del Banco Central de Nicaragua precisa que los hogares nicaragüenses recibieron en
concepto de remesas familiares US$500.4 millones en el primer trimestre de este año, un 17.9% más que en el
mismo período de 2020.
Según el Banco Central de Nicaragua (BCN), en el acumulado a marzo de 2021, los nicaragüenses recibieron
U$75.9 millones más que lo captado en los tres primeros meses de 2020, cuando sumaron US$424,5 millones. De
ese total, el 61.3% provino de Estados Unidos (306.5 millones de dólares), seguido de España con un 15.4%
(77.2 millones de dólares), que ha desplazado del segundo lugar a Costa Rica, que ahora es tercero con un
13.3% (66.8 millones de dólares).
Antes de 2018, Reina Suazo y su esposo lograban juntar dinero para hacer pequeñas modificaciones en su casa,
ubicada en el barrio El Recreo, en Managua. Ella trabajaba como contadora en una ferretería de la capital y
él como electricista en una pequeña empresa, sin embargo fueron despedidos con dos meses de diferencia y no
pudieron cumplir con el proyecto de ampliar la sala.
Sus ingresos llegaban a los US$1,000 dólares, suficientes, dice Reina, para sobrevivir. “Pero nos
corrieron”, reprocha la mujer de 37 años que en octubre de 2019 optó por migrar a España para quedarse a
trabajar, al igual que Ada, en el cuido de ancianos. Su esposo no pudo viajar con ella porque no tenían más
dinero para solventar el viaje, así que ella ahora es el principal sustento de su hogar.
De no haber tomado esa decisión se habría quedado sin dinero y estaría pensando en cómo alimentar a su hija
de 17 años que este 2021 logró matricularse en la Universidad Centroamericana (UCA). La crisis que vive el
país desde abril de 2018 provocó que más de 172,000 nicaragüenses quedaran desempleados hasta finales de
2020. Pero las remesas han contribuido a evitar que los hogares caigan en el umbral de pobreza y pobreza
extrema.
De hecho, el informe de la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global titulado “Encuesta de
hogares para medir la pobreza en Nicaragua 2015” señala que los hogares que reciben remesas del exterior son
más propensos a salir de la pobreza extrema.
“Los hogares que reciben remesas del exterior tienen 22.8% más probabilidades de salir de la pobreza extrema
en comparación con los hogares que no reciben. Las remesas son determinantes positivas y significativas para
salir de la pobreza extrema”, señala.
También la Comisión Económica Para América Latina (Cepal) destaca que las remesas familiares son una fuente
importante de recursos y financiamiento externo para muchos países de América Latina y el Caribe, y
contribuyen significativamente a la disminución de la pobreza, al incremento del consumo privado y al
crecimiento económico nacional, entre otros factores.
“Si bien la mayor parte de las remesas se destina a cubrir necesidades inmediatas como alimentación, salud y
vivienda, existe la oportunidad de destinar una parte a actividades productivas generadoras de ingresos”,
señala el informe Fomento de la inversión de las remesas familiares en cadenas de valor: estudios de casos
de El Salvador, Guatemala y la República Dominicana.
Han pasado más de dos años y en esta casa de Somotillo, Chinandega, hay dos realidades que reflejan a
cabalidad las consecuencias de la migración de mujeres. Por un lado, está la nostalgia de una madre y sus
nietos que anhelan el pronto retorno de Ada, y a más de 8,000 kilómetros, en Madrid, está la satisfacción de
una mujer que ve la migración como algo que le trajo prosperidad.
Ada, obligada a ser madre a los 15 años, se ha sumado a miles de mujeres que han viajado a España y que han
hecho de este país el segundo en importancia en el envío de remesas.
Un estudio elaborado en 2005 por el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las
Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer demostró entonces que cada vez era mayor el número de mujeres
que migran de forma autónoma como principales proveedoras y cabezas de hogar, mientras va disminuyendo su
presencia como migrantes “dependientes” de sus maridos.
A Ada migrar no solo le trajo prosperidad en su hogar en Nicaragua sino que también independencia. “Yo
genero mi propio dinero y decido cómo usarlo”, dice. Los recursos generados en los primeros meses como
trabajadora migrante los usó para mejorar las condiciones de su casa, y ahora contempla un plan de ahorro
para un día, más temprano que tarde, dejar España y regresar a Nicaragua a establecer un negocio del que no
tiene ninguna idea en específico.
Como ella, miles de mujeres en el exterior, están contribuyendo a que los hogares no caigan en pobreza, que
este 2021 lo sufrirán 1.4 millones de nicaragüenses.
Este reportaje contó con la colaboración de Julio Estrada Galo, ilustraciones de Luis González