Monseñor Rolando Álvarez pide a nicaragüenses “no dejarse vencer por el demonio”
Como parte de la reflexión sobre el episodio bíblico que relata la tentación de Jesús en el desierto, monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, llamó este domingo a los nicaragüenses a “no dejarse vencer por el demonio”.
“Nicaragua, pidámosle a Jesús que no nos deje en el desierto y que no nos dejemos vencer por el demonio”, dijo el jerarca durante su homilía. Agregó que el pueblo creyente debe pedirle a Jesús, hijo de Dios, a tener las fuerzas para vencer el mal, y en ese sentido recordó que las grandes tentaciones humanas que amenazan a los hombres son los bienes, el poder y el placer.
“Jesús ha entrado en el drama humano, en la pobreza humana, desciende a los peligros que acechan al hombre y por eso va al desierto. Nicaragua pidámosle a Jesús que no nos deje en el desierto y que no nos dejemos vencer por el demonio”, llamó.
“Antes bien –agregó– vencer el mal, con la fuerza indestructible del bien”, dijo el jerarca desde la catedral de Matagalpa. Además, advirtió a los asistentes, que en esta tierra “camina el tentador que conoce de las codicias y ambiciones del orgullo y de la vanidad”.
GRANDES TENTACIONES
El prelado agregó que cuando el tentador (el demonio) propone transformar las piedras en pan “es pensar que los bienes materiales pueden llenar el corazón del hombre, tener bienes materiales a cualquier costo, a cualquier precio aún al costo o al precio de la propia conciencia, de la propia dignidad”, criticó.
Dijo que los bienes materiales llegan a ser una necesidad de los voráces. “Es un vicio adictivo para el que no tiene límites de almacenar en sus graneros. El tener se vuelve una droga sin la cual no puede vivir por lo que cada quien podría ponerse su propio precio”, reflexionó Álvarez.
Para el religioso, las tentaciones que vivió Jesús en el desierto, son las mismas que la gente padece con frecuencia. “Podríamos decir que las tres tentaciones a Jesús en el desierto, son como una síntesis de las tres grandes tentaciones a la humanidad”, comparó.
¿POR CUÁNTO HAS VENDIDO A TU HERMANO?
Monseñor mencionó durante su homilía dos principios a los que los hombres y mujeres creyentes no deben traicionar jamás: la fidelidad es una y la lealtad a los principios es otra, dijo.
“Cabe entonces la pregunta ¿Por cuánto te has vendido? ¿Por cuánto has vendido a tu hermano?”, se preguntó. “El pan es importante, la libertad es más importante pero lo más importante de todo es la fidelidad constante y la lealtad a los principios jamás traicionados”, agregó.
Dijo que “cuando no se respeta esta jerarquía de los bienes, sino que se invierte ya no hay justicia, ya no hay preocupación por el hombre que sufre, sino que se crea desajuste y destrucción, caos y anarquía. Se entra en el reino de la arbitrariedad”, criticó.



