
Brisa Bucardo, defensora miskita: «El odio no es solo contra Jasmine, es contra todas las personas negras, afro e indígenas»
Jasmine Blandford es una mujer negra de casi dos metros de altura, cabello afro y una presencia imponente. Nació en Kukra Hill, en el Caribe Sur de Nicaragua, pero creció en Estados Unidos y no habla español con fluidez. Desde que fue coronada Miss Nicaragua 2026, su color de piel, sus rasgos afrocaribeños y su manera de hablar se han convertido en blanco de críticas y ataques racistas.
Para la comunicadora y defensora de derechos humanos Brisa Bucardo, el caso de Blandford revela una cuestión que va más allá de un concurso de belleza: «¿Hasta cuándo los pueblos indígenas y afrodescendientes vamos a tener que seguir saliendo a defender nuestra existencia, nuestros rasgos físicos, nuestras lenguas y nuestro derecho a ser parte de un país y de una región latinoamericana a los que pertenecemos?», cuestiona.
Bucardo considera «preocupante» que parte de los ataques hacia la reina de belleza provengan de países latinoamericanos donde la población afrodescendiente tiene una presencia histórica significativa. Opina que E¡esto demuestra que «tener una población étnica y culturalmente diversa no significa necesariamente haber superado el racismo».
Para Bucardo, esta contradicción evidencia la persistencia de prejuicios contra características que forman parte de la identidad de millones de latinoamericanos, desde la textura del cabello y los rasgos físicos hasta las lenguas y los acentos. En Kukra Hill, de donde procede la reina de belleza nicaragüense, por ejemplo, convergen el español, el inglés criollo y el miskito.
El peso de la nacionalidad y el clasismo
Bucardo considera que las agresiones contra Miss Nicaragua 2026 deben examinarse también desde la xenofobia y el clasismo, dos formas de discriminación que, a su juicio, refuerzan los prejuicios raciales.
«No todas las nacionalidades reciben el mismo trato, ni todos los acentos son cuestionados de la misma manera», afirma al señalar que la percepción económica de Nicaragua podría influir en el trato que recibe su representante. Como antecedente, recordó los ataques contra Sheynnis Palacios, Miss Universo 2023, aunque estableció una diferencia: mientras Blandford enfrenta agresiones relacionadas directamente con su identidad afrodescendiente, en el caso de Palacios predominó una dimensión clasista.
«En América Latina hemos construido jerarquías donde el origen de una persona, la situación económica de su país e incluso su manera de hablar español pueden determinar cuánto respeto recibe», añade.
Si caer en comparaciones entre las candidatas afrodescendientes que participan en el certamen, la defensora cuestiona el hecho de que determinados rasgos físicos sean aceptados en unas mujeres y utilizados para descalificar a otras.
«¿Cuánto influye la nacionalidad? ¿Cuánto pesa la percepción económica que se tiene de un país? ¿Por qué un acento puede ser considerado atractivo en una persona y motivo de burla en otra?», planteó.
Miss Nicaragua 2026 «es solo es un símbolo«
La comunicadora considera que los insultos contra Blandford tienen un alcance que trasciende a la candidata: «Todo este odio no es para Jasmine, ella solo es un símbolo. Es hacia todas las personas negras, afros, indígenas o costeñas».
El caso de Jasmine Blandford -subraya Bucardo- «es una representación bastante cruda de lo que nos toca vivir día a día» y de las dificultades adicionales que enfrentan estas poblaciones para obtener reconocimiento.
También relacionó la hostilidad contra la delegada nicaragüense con la visibilidad que ha comenzado a alcanzar dentro de Miss Universo 2026.
«Una cosa es aceptar que una mujer afrodescendiente centroamericana de padres migrantes participe y otra es verla destacar y convertirse en una candidata con posibilidades», señala.
Bucardo cree también necesario cuestionar por qué el creciente reconocimiento de la representante nicaragüense coincide con una mayor agresividad en las redes sociales.



