Monseñor Báez celebró misa en la cárcel donde estuvo Luis Galeano y alentó a los migrantes: “Las paredes pueden encerrar el cuerpo, pero no la esperanza”

Una semana antes de que Luis Galeano recuperara la libertad, monseñor Silvio Báez tuvo acceso al centro de detención migratoria de Krome, en Miami, donde conversó y rezó con el periodista antes de celebrar una misa para los migrantes allí detenidos. El obispo nicaragüense, también forzado al exilio por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, llevó un mensaje especial a quienes tuvieron que abandonar sus países huyendo de dictaduras en busca de refugio y ahora enfrentan un encierro y la incertidumbre sobre su futuro y el de sus familias.

“Sé que para ustedes la vida aquí adentro es dura. A veces oscura, a veces indescifrable. Están privados de su libertad, lejos de todo lo suyo: de sus esposas, de sus hijos, de sus madres”, les dijo Báez durante la eucaristía que presidió el pasado 19 de septiembre y que ha hecho pública ahora que el periodista nicaragüense recuperó su libertad.

Báez se refirió directamente a quienes llegaron al exilio después de huir de regímenes autoritarios, una experiencia que él mismo conoce tras la persecución del régimen de Ortega y Murillo.

“Muchos vienen huyendo de dictaduras que no les dejaron otro camino que el exilio. Y ahora, en lugar de encontrar la paz que buscaban, se encuentran aquí, sin saber con certeza qué será de sus vidas mañana”, afirmó.

Báez vive fuera de Nicaragua desde 2019, cuando el papa Francisco le pidió permanecer fuera del país ante el riesgo que enfrentaba por el hostigamiento y las amenazas de las fuerzas represoras del régimen. En febrero de 2023, fue despojado de la nacionalidad nicaragüense junto a otros opositores, religiosos, periodistas y defensores de derechos humanos.

“No como quien visita una cárcel”

Desde sus primeras palabras ante los migrantes detenidos en Miami, Báez dejó claro que no quería ser visto como un visitante ajeno a su encierro.

“Vengo hoy a celebrar la Eucaristía con ustedes, no como quien visita una cárcel, sino como quien viene a estar con su propia familia. Soy obispo, pero sobre todo soy su hermano”, les dijo.

Sin mencionar nombres, Báez reveló además que entre los detenidos había personas a las que conocía personalmente. “Entre ustedes hay hermanos a quienes conozco de cerca, a quienes quiero de manera muy personal, y eso hace que este momento sea, para mí también, hondamente entrañable”, expresó.

Durante gran parte de la homilía, el religioso reflexionó sobre el dolor de la separación familiar, la incertidumbre sobre lo que les espera y la sensación de haber quedado al margen mientras fuera de Krome la vida continúa.

“Así nos sentimos a veces nosotros: sentados, solos, olvidados, como si nadie se fijara en nosotros, como si el mundo hubiera seguido su curso sin nosotros, dejándonos atrás”, señaló.

“Las paredes de un centro de detención no cierran ese futuro. Dios no quiere que se sientan inútiles, olvidados, ni descartados”, les dijo.

También habló de la soledad y del miedo que acompaña a quienes esperan una resolución de su situación lejos de sus familias. “Acérquense con sus tristezas, con sus heridas, con la soledad de estos días, con el miedo por sus familias, con las lágrimas que quizás no han podido llorar delante de nadie”, expresó instándolos a resistir el aislamiento apoyándose unos en otros.

“Las paredes pueden encerrar el cuerpo, pero no pueden encerrar la esperanza de quien confía en Dios. Con el Señor, lo mejor siempre está por venir”, les dijo.

El obispo concluyó su mensaje expresando su deseo de que la situación que atraviesan dé paso algún día a “la libertad, la justicia y la paz que ustedes tanto merecen”.