El difícil acceso a la salud de los exiliados en Costa Rica
Las ganas de sobrevivir en Costa Rica y el anhelo de un cambio en Nicaragua han acompañado a un exiliado de Masaya, que sólo se identifica con el seudónimo de “Jack” por temor a represalias contra sus hijos que aún se mantienen en el país.
La violencia gubernamental con que fue tratada su ciudad, lo obligó a exiliarse hace tres años en Panamá. Decidió irse del país, a pesar de su padecimiento de hipertiroidismo, que ha sido difícil de tratar en ese país.
En medio de sus problemas de salud, encontró una pequeña luz en las oficinas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
“Yo salí exiliado de Nicaragua el 10 de agosto de 2018, me escapé a Panamá, ahí una amiga me estaba esperando y me compró un medicamento naturista que me ayudó mucho, me compuso bastante. Luego a inicio de diciembre de ese mismo año, me crucé hacia Costa Rica y no ha sido fácil la situación de salud. Pues yo estoy jodido con esta enfermedad. Acnur me dio una tarjeta de salud para que me atendieran en cualquier hospital, pero es muy poco el tiempo (plazo de vencimiento de la tarjeta) que dan”, dijo.
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Esa tarjeta tuvo una vigencia de tres meses, que se extendió luego a seis meses. Actualmente, no se la aceptan y en Acnur no le dan respuesta: “No hay atención personalizada, ni contestan los mensajes que uno les manda, y así ando siempre con la enfermedad, con los mismos síntomas, a veces no trago y tengo que pasar el día solo con líquido o me cuesta tragar y así son mis días en el exilio”, se queja.
De tal manera que este paciente asegura que por el momento no está recibiendo ningún tipo de tratamiento para su enfermedad, mucho menos medicina, por lo que guarda la esperanza de que le reactiven la tarjeta de salud. Por lo pronto tiene que ir a trabajar como guarda de seguridad, con todo y la enfermedad que lo acompaña desde Nicaragua.
La periodista exiliada de Masaya, Francis Montenegro considera que de entrada lo más complicado para un exiliado nicaragüense es el desconocimiento por parte algunos trabajadores de salud costarricense sobre el documento que indica que esa persona es solicitante de refugio.
“Luego está que no somos prioridad porque tienen sus obligaciones para con sus conciudadanos costarricenses, además no contar con un seguro médico cuando uno va a que lo atiendan en un caso de emergencia, y ahí es como te digo que te podés encontrar la primer barrera, que es el desconocimiento de funcionarios de la salud acerca de este documento y los derechos que tenés con él”, contó.

Los exiliados, dice, tienen pocas posibilidades de tener una atención adecuada si no cuentan con seguro médico. En el caso de las mujeres, una cita al ginecólogo ronda los 25 mil colones que pueden equivaler unos 50 dólares, lo que para muchas refugiadas es una cifra bastante elevada en comparación a la capacidad adquisitiva que pueden obtener en un trabajo formal o informal.
Ante eso, prefieren priorizar la alimentación o el pago de la renta en detrimento de su propia salud. “Otro factor que perjudica en este país es el asunto de la xenofobia, a veces el miedo que nosotros (los exiliados) tenemos infundados por historias de otros compatriotas que no han podido ser atendidos, entonces te invade la inseguridad y no vas a un centro asistencial por el temor a la xenofobia de no ser atendido por ser pobre, por ser nicaragüense y más por ser solicitante de refugio”, explica la comunicadora.
Miguel López Baldizón, médico residente en Costa Rica, detalla que las enfermedades más frecuentes entre los exiliados nicaragüenses en este país están los padecimientos crónicos no transmisibles como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus; en segundo lugar se ubica la salud mental provocado por el estrés, ansiedad, neurosis ansiosa, depresión que ha llevado a algunos exiliados a tomar la decisión de privarse de la vida, y en tercer lugar problemas músculo- esqueléticos provocados seguramente por labores físicas a los que no estaban acostumbrados en Nicaragua.
“Entre las principales barreras que deben enfrentar los exiliados es el desconocimiento de cómo funciona el sistema de salud costarricense, aquí están ubicados los Ebais (Equipos Básicos de Atención Integral en Salud) clínicas pequeñas ubicados en cada barrios donde se realizan la atención primaria, para ser atendidos en estos locales es requisito fundamental tener un documento migratorio, puede ser un carnet de solicitante de refugio o posteriormente un carnet de residente y estar afiliado al Sistema de Seguridad Social”, explica López Baldizón.
Asegura que en cuanto a la situación del Covid 19, hubo una coordinación entre médicos epidemiólogos nicaragüenses radicados en Nicaragua y galenos nicaragüenses exiliados en Costa Rica, donde incluso se abrió una consulta virtual que también contemplaba atención psicológica en tiempos de pandemia, todo esto acompañado con las campañas virtuales para evitar contagio de la pandemia, así como dar a conocer la información importante que dentro del decreto de emergencia del Gobierno de Costa Rica están cubiertos a los extranjeros documentados o indocumentados que no tienen ningún tipo de restricción para ser atendidos en el caso de que estén padeciendo síntomas de Covid 19 en los hospitales.
“Los exiliados podrían tener una mejor atención teniendo el Seguro Social, para esto nosotros como Asociación de Exiliados Nicaragüenses, integramos mesas de trabajo con el gobierno de Costa Rica, también con Migración para ver temas migratorios, una mesa de trabajo con el área Social para ver el tema de salud donde está integrado la Caja Costarricense, del Seguro Social, el Ministerio de Salud, Acnur y algunas organizaciones de la sociedad civil en Costa Rica que trabajan en atención a los exiliados”, sostuvo el galeno.
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Subrayó que como Asociación de Médicos Nicaragüenses contribuyen desde hace tres años con atención a sus compatriotas exiliados de manera gratuita desde sus clínicas privadas, y por medio de muestras médicas o pequeñas donaciones logran ir resolviendo por lo menos los problemas menores como gripe, algún dolor muscular, diarrea, brote en la piel, tratamiento para la presión o diabetes, pero problemas de mayor magnitud como un trauma, apendicitis o alguien que tenga cáncer, éstos son referidos a los hospitales porque esas patologías escapan de las posibilidades y capacidad de estas clínicas particulares.
“En estos tres años calculamos que hemos atendido a más de seis mil refugiados nicaragüenses sin costo alguno, y esto ha sido parte de nuestro aporte a la lucha por la libertad y la democracia en Nicaragua”, enfatizó el médico nicaragüense.
Yader Valdivia, exiliado en Costa Rica, defensor de derechos humanos y miembro del colectivo Nicaragua Nunca Más, considera que el Gobierno de Daniel Ortega tiene una gran responsabilidad con las afectaciones de salud que a futuro muchos nicaragüenses puedan padecer una vez que se exilien por la crisis sociopolítica que ha generado la represión gubernamental.

“También recordemos que el Estado de Costa Rica tiene una responsabilidad con los refugiados que provienen de Nicaragua y garantizar los derechos fundamentales entre ellos el derecho a la salud”, dijo.
En Costa Rica una noche de atención en un hospital anda alrededor de mil dólares por noche, en algunos casos ha habido personas que han recibido facturas de hasta tres mil dólares, sostiene Valdivia.
Mencionó que el Estado de Costa Rica no contempla un programa de atención de la salud mental para los refugiados por la represión política. A esto le suma que los nicaragüenses hacen las solicitudes de refugio a través de llamadas telefónicas y que tienen un precio bastante elevado y que en ocasiones la persona no cuenta con el suficiente efectivo para hacer este tipo de gestiones.
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Según las cifras de Acnur de 2021, en Costa Rica, se registra más de 85 mil nicaragüenses solicitantes de refugio, sumando los más recientes desplazamientos de reconocidos opositores, además de otros ciudadanos que tiene registrado el Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más y que no hacen público sus exilios por seguridad.
De tal manera, que el defensor de derechos humanos, asegura que la cifra de desplazados ha venido aumentando no sólo hacia Costa Rica, sino al resto del mundo y que en muchos casos lo hacen de forma sigilosa máxime en estos días que la represión orteguista ha venido aumentando en Nicaragua.



