EE. UU. pone fin al periodo de gracia para que las empresas extranjeras rompan con Cuba sin represalias

EE. UU. pone fin este viernes al periodo de gracia otorgado a empresas extranjeras con presencia en Cuba para que rompan lazos con la isla antes de enfrentar represalias por parte de Washington.

Esta medida forma parte de la constante presión sobre La Habana, que la víspera llegó a su dirigente Miguel Díaz-Canel y a un hijo de Raúl Castro con más sanciones.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, decretó el pasado 1 de mayo medidas contra entidades extranjeras que operen en sectores vitales de energía, defensa, minería y servicios financieros en la nación caribeña, tras lo que su Administración puso como límite el 5 de junio para que las entidades deshicieran sus vínculos.

En esta nueva vuelta de tuerca en la campaña que busca ahogar a una Cuba ya en crisis, Trump advirtió a quienes mantuvieran negocios con el régimen cubano y su conglomerado empresarial militar, Gaesa, – sancionado por Washington- de que se exponían al bloqueo de sus activos en EE. UU.

La medida también incluye sanciones económicas y prohibición de entrada al territorio estadounidense a personas extranjeras que hayan trabajado o trabajen para entidades gubernamentales cubanas, estén implicados en violaciones de derechos humanos o en actos de corrupción.

Desde la isla han tachado de «ilegales y abusivas» a estas acciones, que se unen al embargo de crudo impuesto por el republicano tras la captura de Nicolás Maduro, y la acusación penal contra el dictador Raúl Castro por el derribo de avionetas del exilio cubanoestadounidense en 1996.

Un día antes de que expire el plazo de las sanciones a entidades, el Departamento del Tesoro impuso este jueves sanciones financieras a Díaz-Canel, varios de sus familiares, a un hijo de Castro, además de al Ministerio de las Fuerzas Armadas de Cuba y a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

Los primeros en romper con La Habana

La presión estadounidense sobre Cuba ya ha generado una desbandada de empresas internacionales con décadas de presencia en la isla.

Las primeras en abandonar el país fueron una serie de aerolíneas que, a la caída de la demanda por las incertidumbre geopolítica, tuvieron que añadir la falta de combustible para aviones en los aeropuertos cubanos debido al embargo petrolero de EE. UU.

Desde febrero, han suspendido sus rutas al país caribeño, muy dependiente del turismo, las cuatro aerolíneas canadienses y las dos rusas que conectaban con Cuba, a las que luego se unieron grandes como Air France, Turkish Airlines e Iberia.

Poco después las dos principales navieras que operaban en Cuba, la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd, anunciaron que dejaban de aceptar nuevas reservas para envíos a o desde la isla.

Movimientos para evitar represalias

Apenas días después de la firma de la nueva orden ejecutiva de Trump, la minera canadiense Sherritt, con la mayor inversión extranjera en la isla, suspendió de manera inmediata su participación directa en la extracción de níquel y cobalto.

Con el plazo para romper con Cuba a punto de expirar, las cuatro mayores hoteleras extranjeras en el país movieron ficha. Las españolas Meliá e Iberostar dejaron de operar todos los establecimientos propiedad de los militares cubanos, mientras que la canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipielago cesaron por completo su actividad en la isla.

La última decisión para evitar las sanciones la ha dado un banco, cuyo nombre no ha trascendido, que era el único que gestionaba las operaciones de las plataformas de pagos Visa y Mastercard con Cuba, cerrando una vía esencial de ingresos en el país caribeño.

Escalada en una tensión histórica

Aunque está enfocada a afectar a las entidades extranjeras que operan en Cuba, tanto de manera individual como compañías mixtas con el régimen cubano, en las áreas de la energía, la defensa, las finanzas, la minería y la seguridad, el lenguaje ambiguo de la orden abre la puerta a sanciones contra empresas sin presencia en la isla.

Expertos resaltan su propósito disuasorio contra quienes han interactuado o interactúen con el régimen de la isla, en medio de la escalada en la retórica antagónica entre dos enemigos acérrimos que, luego del momento dulce que supuso el «deshielo» entre 2014 y 2017, han recrudecido los ataques mutuos, al menos en público.

Washington y La Habana han establecido contactos a nivel diplomático, militar y de inteligencia de los que han trascendido pocos detalles.

Trump ha amenazado con hacerse con el control de la isla de un modo u otro, aunque también ha dicho que están dispuestos a dialogar con una Cuba al borde del colapso.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, reconoció esta semana que para que se puedan aplicar las profundas transformaciones que exige EE. UU. es necesario un cambio de liderazgo en el país, algo que el régimen cubano rechaza porque advierte de que no negociará su soberanía.