Cruzando el Atlántico con una máquina de coser
Mariela Silva viajó desde Nicaragua hasta España para salvaguardar su vida y la de su hermana. Sobre su nombre pesan amenazas de muertes y cargos por terrorismo.
Mariela Silva llegó a Madrid en un vuelo procedente de Ciudad de Panamá, con su pasaporte y una máquina de coser envuelta en algunas piezas de ropa. Esos objetos, dice, se convirtieron en su prioridad desde que escapó a escondidas de Nagarote, León, el 26 de junio, tras un mortal ataque de fuerzas represoras afines al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.
“Elpasaporte es mi documento de viaje y con él debía andar por si me tocaba salira cualquier país, y la máquina la tenía que llevar conmigo porque quería seguirdiseñando, y no es lo mismo traerla a tener que comprar una, más cuando notenés dinero”, señala.
Ella, unajoven espigada de 27 años con ojos y sonrisa grandes, es diseñadora de modas.Estudió Derecho y Marketing, pero no concluyó las carreras universitariasporque decidió dedicar sus años a los bocetos de ropa y a la costura.
A su hoja devida se le suma una faceta de modelo, y otra, este año, de líder de movimientosuniversitarios, que desde abril han hecho tambalear al gobierno de Ortega.
Desde el 18de abril, Nicaragua está hundida en una crisis sociopolítica que ha dejado másde 512 muertos, según el último informe de la Asociación Nicaragüense ProDerechos Humanos (ANPDH).

La oposicióna una reforma a la Seguridad Social desencadenó una ola de protestas cívicasque fueron reprimidas por la Policía Nacional. Tras los primeros muertos y laviolencia, los nicaragüenses ahora exigen la renuncia de Ortega, el guerrillerosandinistas que ayudó a derrocar al dictador Anastasio Somoza, 1979.
OPERACIÓN ESCAPE
El 12 dejunio, ciudadanos autoconvocados levantaron barricadas en el municipio deNagarote, y otros municipios de Nicaragua, en protesta a la represión y a lasmuertes que ya acumulaba la crisis que inició en abril. Los ataques de parte depolicías y paramilitares dejaron tres muertos en ese municipio.
A las seisde la mañana del 25 de junio, fuerzas paramilitares y policiales llegaron aNagarote con la intención de desmontar las barricadas que jóvenesautoconvocados habían colocado en la carretera que une la capital de Nicaraguacon el Occidente del país.
La operaciónque se llamó limpieza, se replicó en otras ciudades nicaragüenses y aumentó el número de muertosdebido a la represión de los paramilitares, que amparados por la Policía Nacionalmataron y secuestraron.
Al escucharlos disparos, Mariela se dirigió al puesto médico improvisado que losprotestantes acondicionaron en la iglesia católica del municipio. Era asistentede primeros auxilios y estuvo colaborando desde el 13 de junio, ese día tuvo suprimer cara a cara con la muerte.
“En elpuesto médico vi a un muerto por primera vez, pensé que el señor (AlbertoUrroz) iba a sobrevivir, pero lo vi morir. Tenía una herida tan pequeña en latetilla derecha. A pesar que teníamos especialistas y medicinas, no se pudohacer nada”, recuerda.
Urroz, de 55años, fue impactado de bala cuando salió de su casa a asomarse a la procesióndel Santísimo, convocada por el vicariode la iglesia Santiago Apóstol, Juan López, para calmar los enfrentamientos enese municipio.
La tarde del25 de junio, luego de desmontar las barricadas, las fuerzas represivas delrégimen de Daniel Ortega emprendieron la persecución de jóvenes. Llegaron a laiglesia donde estaban los heridos y empezaron a disparar con armas de altocalibre. “No hubo respeto por la iglesia, jamás pensé que iban a atacar”,comenta.
Las fuerzasparapoliciales permanecieron asediando el templo hasta las tres de la tarde. Apesar de las advertencias, Mariela se quedó esa noche en Nagarote, por lo quesalió al día siguiente en un vehículo particular que tuvo que sortear retenesde civiles armados y policías en Mateare y Ciudad Sandino.
“La nocheantes de huir, mi casa estaba rodeada de paramilitares. Si hubiera abordado unbus para transportarme a Managua me habrían detenido”, cuenta. Llegó a lacapital pasado el mediodía y se asentó en una casa de seguridad.
Sin embargo,dos días después de llegar a Managua, recibió una llamada que la paralizó. “Hayuna redada en donde vivís, andan policías y paramilitares buscando a jóvenesque han estado en la lucha”, le advirtió alguien a Mariela Silva, minutos antesde dejar el supermercado en dirección adonde estaba residiendo.
Ese día, el28 de junio, desistió de hacer compras y empezó a buscar casas de amigos parapasar la noche. “Cuando recibí la llamada pensé: me mataron”, relata Mariela.Después de ese incidente su mamá la convenció de salir de Nicaragua. En su paíscorría el riesgo de ser detenida o asesinada.
Como ella,miles de nicaragüenses emprendieron huida hacia Costa Rica, Panamá, España,Estados Unidos y Guatemala para proteger sus vidas. El flujo migratorio podríaser mayor en tanto el Presidente de Nicaragua no busque una salida a la crisissociopolítica que ha afectado la economía, y continúe criminalizando lasprotestas ciudadanas.
Hasta iniciode agosto, la Organización de Naciones Unidas (ONU) registraba que cerca de23,000 personas buscan asilo en Costa Rica. William Spindler, portavoz deAcnur, precisó en Ginebra que el número de solicitudes de refugio en Costa Rica“aumentó exponencialmente” tras el comienzo de la represión en Nicaragua.
DESTINO ESPAÑA
En elAeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, Mariela se enfrentó con dos grandes miedos: que le impidieransalir del país o que le quitaran su máquina.
“Estabanerviosa porque llevaba una máquina de coser, y no sabía que me podían decir.Además, mi pasaje era de ida y vuelta por un mes, entonces es ilógico que andecargando una máquina. Decían que estaban revisando listas (para detener ajóvenes), y había muchos policías. Cuando subí al avión sentí un alivio”,recuerda.
Sin embargo,el alivio le duró el tiempo que ocupó para llegar a Madrid. Al pasar por lasventanillas del Aeropuerto Adolfo Suárez Barajas, un oficial vio sospechoso quellevara una máquina de coser. El interrogatorio duró siete minutos, pero paraMariela y su hermana Ashley, de 23 años, fueron una eternidad.
“Estabaconfiada cuando aterrizamos, pensé que ya estaba a salvo, pero en migración medetuvieron, me interrogaron y me preguntaron por la máquina, que porqué latraía si venía solo por un mes. Me dijeron que la carta de invitación que traíaera falsa, que me iban a regresar, todo eso me puso nerviosa”, dice.Finalmente, entró a España.
La carta ala que se refiere Mariela es una que la organización Pacem In Terris, conpresencia en España y Nicaragua, le extendió para que su ingreso fuese másfácil. En ella se establecía que ambas venían como parte de un programa deintercambio. “Si no la hubiera traído, me habrían regresado a Nicaragua”,asegura.
SUEÑOS TRUNCADOS
Su primeraincursión en eventos de moda fue en 2013 cuando le dieron la oportunidad depresentar una colección en la Semana de la Moda de Nicaragua. Ese añosintió por primera vez la ovación y losaplauso del público. Así empezó a patentizar su marca Aurelio Couture.
“La línea deAurelio Couture de Mariela Silva propone estilos frescos”, reseñó el canal demodas de la revista ¡HOLA! en una nota de cobertura del evento Nicaragua Diseña,del que es directora Camila Ortega, la hija del dictador que ha promovido eléxodo de miles de nicaragüenses.
Los atuendosde Mariela los exhibían importantes figuras de la farándula nicaragüense. “Eldiseño de moda es mi pasión”, me dijo una noche fría de España. Aún cuando enEuropa tiene más oportunidades de crecer en esta industria, todos los díassueña con regresar a Nicaragua.
Por ahora,Mariela está en trámite de asilo político en España.
“Sueño contriunfar en Europa. Si allá (en Nicaragua) es difícil (diseñar), aquí lo esmás, el textil es más caro, es una inversión más grande”, lamenta. Mientrasgestiona su asilo y encuentra un trabajo, Mariela se ha propuesto estudiarcursos de moda.
CARGOS EN SU CONTRA
Un día deabril, Silva y un grupo de jóvenes tomaron cubetas de pintura azul y blanco yse dirigieron al mirador del municipio de Nagarote. Cambiaron los colorespasteles que la primera dama le ha impregnado a casi todos los monumentos delpaís, por los de la bandera nacional.
Eso le valiópara que el alcalde de su municipio, Juan Gabriel Hernández, interpusiera unadenuncia ante la Policía Nacional. Además de la acusación de terrorista,valoraba el “perjuicio” a lamunicipalidad en 150,000 córdobas (US$4,830, aproximadamente).
“Según elalcalde, un grupo de muchachos y yohicimos vandalismo y secuestros. La acusación dice que el daño es por 150,000córdobas por la destrucción de la Alcaldía y el mirador. El daño a mi comunidades por quitar los colores de Rosario Murillo y pintar las gradas en azul yblanco”, denuncia.
A pesar deestar fuera de Nicaragua, dice que aún carga con el trauma de ver a policías yparamilitares disparando. El 30 de mayo, en la marcha del Día de las Madres,salió de Nagarote con una bandera azul y blanco en manos.
Dos busestransportaban a decenas de jóvenes sin saber que esa fecha registraría una delas masacres más sangrientas: 18 muertos a nivel nacional, según organismos dederechos humanos.
Ese día,Silva trataba de sacar de su mente dos escenarios funestos: regresar a Nagarotemuerta o regresar con el cuerpo inerte de un amigo. No se quería imaginarllegando a la casa de una familia con una mala noticia. Lo que sí sabía concerteza es que la muerte ese día era una especie de ruleta rusa.
“Ese fueotro de los días más difíciles de mi vida. No sabíamos nada de tres compañeros,pero lograron llegar al bus. Cuando pasamos lista me sentí tranquila,aliviada”, expresa. Esa tarde fuerzas represoras del régimen atacaron el finalde la marcha convocada por el movimiento Madres de Abril. Solo en Managuamurieron a tiros 11 personas.
Las imágenesde una multitud corriendo para protegerse de las ráfagas de balas y de cuerposde jóvenes transportados en motos, ensangrentados y con los ojos de la muerteen sus cabezas, difícilmente las podrá borrar de su mente.
-Pero,¿ahora estás más segura acá en España?, pregunto.
-Uno nuncadeja de correr riesgos, tengo miedo por mis amigos, por mis familiares. Elsimple hecho de estar hablando con vos, es un riesgo terrible.
EnNicaragua, el miedo a que nunca encontraran su cuerpo muerto, era más grandeque el miedo a morir.
