Exilio, censura y cierre de medios: radiografía de 20 años contra la prensa en Nicaragua

El desmantelamiento de la libertad de prensa en Nicaragua no ha sido improvisado ni coyuntural, sino el resultado de una estrategia sostenida durante dos décadas. Así lo concluye el informe presentado en Madrid por el colectivo Las Exiliadas, con el acompañamiento de la Reporteros Sin Fronteras, que documenta cómo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha ejecutado un proceso sistemático para eliminar el periodismo independiente.

El reporte, titulado 20 años del desmantelamiento de la libertad de prensa en Nicaragua, describe un patrón progresivo que ha derivado en un escenario crítico: al menos 61 medios cerrados o confiscados, más de 309 periodistas en el exilio, decenas en prisión y un 65% del territorio nacional convertido en “zonas de silencio” sin acceso a información independiente.

La presentación se realizó en la Asociación de la Prensa de Madrid, con la participación del periodista Carlos Fernando Chamorro, quien respaldó el diagnóstico de una ofensiva prolongada contra la prensa crítica.

Cuatro fases de una estrategia

El informe identifica cuatro etapas en esta política de control. La primera, entre 2006 y 2010, se centró en instalar el discurso oficial y estigmatizar a los medios independientes. La segunda (2011-2017) consolidó la cooptación institucional, con el control de reguladores, frecuencias y publicidad estatal.

A partir de 2018, en el contexto de la represión a las protestas cívicas, la persecución se volvió abierta y violenta. Desde 2021, el país atraviesa una fase de cierre total del espacio cívico, marcada por la criminalización del periodismo, la confiscación de medios y el exilio masivo.

“El ataque a la prensa no fue un daño colateral, sino un objetivo estratégico para eliminar el escrutinio público”, concluye el documento.

Exilio, despojo y periodismo transnacional

El informe subraya que la expulsión de periodistas no implica solo salir del país, sino perder redes, estabilidad y condiciones básicas de vida. Aun así, al menos 26 plataformas digitales continúan informando desde el exilio, principalmente desde Costa Rica, Estados Unidos y España, configurando un ecosistema mediático transnacional.

Este modelo se sostiene con redes colaborativas que incluyen periodistas dentro de Nicaragua que operan bajo anonimato y con protocolos de seguridad, en un contexto de alto riesgo.

Violencia de género como herramienta de represión

Uno de los hallazgos más contundentes del informe es el impacto diferenciado contra las mujeres periodistas. Ocho de cada diez comunicadoras atendidas en programas psicosociales reportaron haber sufrido violencia sexual como parte de la represión.

Las agresiones incluyen campañas de difamación con sesgo de género, amenazas de violencia sexual, ataques a la vida personal y hostigamiento que involucra a sus familias, especialmente a hijos e hijas.

Este patrón, advierte el informe, se intensificó a partir de 2018 y forma parte de una estrategia para disciplinar y silenciar voces críticas mediante el miedo.

Llamado internacional

Ante este panorama, Las Exiliadas instan a la comunidad internacional a ejercer presión diplomática y activar mecanismos de protección para periodistas en riesgo, incluyendo estatus migratorio seguro, apoyo psicosocial y condiciones para continuar ejerciendo la profesión.

El informe advierte que, sin estas medidas, el silenciamiento de Nicaragua no solo persistirá, sino que se consolidará como un modelo de represión sostenida contra la libertad de prensa.