Bajo asedio y vigilancia, la Iglesia resiste: la estrategia del régimen para debilitarla desde dentro

La Iglesia católica de Nicaragua enfrenta la octava Semana Santa consecutiva bajo persecución política, en un contexto en el que la represión ha escalado a niveles cada vez más profundos y sistemáticos. Desde dentro, resiste en silencio ante el despliegue de una maquinaria diseñada para erosionar sus bases y debilitar progresivamente su estructura.

Se trata de un entramado represivo que combina intimidación, descrédito, restricciones, vigilancia y espionaje, así como destierro y exilio, y que además apunta a bloquear el ejercicio de la fe y el relevo generacional del trabajo pastoral.

Lea: Feligreses presentan a sus mascotas a San Lázaro en Masaya para pedir por su salud

En ese contexto, los fieles vivirán nuevamente la festividad religiosa bajo restricciones, sin procesiones ni expresiones públicas de fe. Pero la prohibición de los viacrucis -al menos  2,045 este año, según estimciones de la investigadora Marta Patricia Molina- es apenas la cara visible de una estrategia más profunda del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo:  reducir la capacidad de la Igleisa de sostenerse en el tiempo.

La saña es evidente en  diócesis a cargo de obispos desterrados tras sufrir exilio forzado, cárcel, destierro y despojo de su nacionalidad: Matagalpa, Siuna, Estelí y Jintega donde, de acuerdo a denuncias, el régimen ha bloqueado las ordenaciones de sacerdotes y diáconos.

Irónicamente, el discurso oficial en voz de Murillo, cargado de mensajes de amor, paz y respeto, choca con un cerco que silencia, confina y restringe el ejercicio de la fe. Un ejemplo claro es la prohibición de las tradiciones religiosas de esta época, que en el mejor de los casos se reducen al interior de las parroquias.

Las actividades religiosas que logran realizarse dentro de los templos se desarrollan bajo estricta vigilancia policial y presencia de agentes vestidos de civil, según documenta la abogada Martha Patricia Molina en su informe Nicaragua: ¿Una Iglesia perseguida?, que registra más de 1,000 agresiones contra la Iglesia católica desde 2018.

Para Molina, la ofensiva del régimen responde a que, pese a los ataques contra obispos y sacerdotes, no han logrado silenciarla ni desmantelarla.

En este sentido, el periodista católico Israel González Espinoza, explica que los discursos de Rosario Murillo se pueden considerar como una “blasfemia” y que están plagados de falsedades, porque, mientras ella habla de paz, manipula las imágenes de los santos de la Iglesia Católica.

"La señora Murillo siempre ha sido una incongruente entre lo que dice y lo que hace. Se manifiesta "cristiana" pero persigue a la Iglesia. En su verborrea de los mediodías habla de amor y paz, pero ha impuesto un régimen de terrorismo de Estado entre los nicaragüenses que disienten del orteguismo, tanto dentro como fuera del país, así que podríamos decir dos cosas: Miente casi de forma patológica; y su manipulación de la figura de Dios, la Virgen, los santos y la fe del pueblo es una blasfemia", señaló González Espinoza.

Esquema de represión para ejercer control

El patrón no es aislado ni coyuntural. Forma parte de un esquema más amplio de represión que busca controlar cualquier expresión independiente en el país. "Han aplastado el ejercicio de la ciudadanía y cualquier expresión de derechos, mientras hablan de paz y amor", señala Gonzalo Carrión, del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más.

Más allá de las prohibiciones visibles, la presión contra la Iglesia incluye destierros, confiscaciones y restricciones que impactan su funcionamiento interno.

Según expertos, el efecto acumulado es un desgaste progresivo: menos sacerdotes en el país, menos espacios de formación y una creciente dificultad para sostener la labor pastoral. Molina documenta al menos 304 religiosos desterrados, entre sacerdotes, monjas y obispos; así como la confiscación de 39 propiedades eclesiales, incluido el Seminario San Luis Gonzaga de la Diócesis de Matagalpa.

Además: Suben el costo del récord policial sin aviso: esto denuncian los ciudadanos

A esto se suma un fenómeno menos visible pero igual de significativo: el debilitamiento del relevo vocacional.“La gente sigue participando, aunque con temor. Pero hay desánimo entre los jóvenes al no poder expresar su fe en público", explica Molina.

Actividades tradicionales como los viacrucis dramatizados en barrios, organizados por colegios parroquiales, han sido suspendidas, reduciendo los espacios donde las nuevas generaciones se vinculan con la vida religiosa.

En los últimos meses, la persecución también se ha extendido a iglesias evangélicas, con confiscación de propiedades e ilegalización de organizaciones religiosas. Según Carrión, esto responde a la negativa de muchos líderes religiosos a alinearse con el discurso oficial. “El régimen busca imponer una narrativa única. La expresión de la fe, incluso en espacios íntimos, ha sido perseguida”, afirma.

En medio de la presión internacional, particularmente de Estados Unidos, asoma la idea de posibles retornos de religiosos desterrados. Sin embargo, defensores advierten que no existen condiciones reales de seguridad. “Cada vez que hay presión internacional, la represión aumenta dentro del país. Los que pagan las consecuencias son los sacerdotes y laicos que permanecen en Nicaragua”, advierte Molina.

Carrión insiste en que cualquier retorno debe garantizar la integridad física y el libre ejercicio del ministerio pastoral, condiciones que actualmente no están dadas.

La represión no ha debilitado la fe

A pesar del asedio, la participación de fieles en los templos se mantiene. Para el periodista católico Israel González Espinoza, esto evidencia que la estrategia del régimen no ha logrado romper el vínculo entre la Iglesia y la población. "Las parroquias llenas en Semana Santa muestran el respaldo popular. La persecución no ha logrado apagar la fe”, señala.

Sin embargo, advierte que el régimen combina represión con un discurso religioso que busca legitimarse ante la población. "Se declaran cristianos, pero persiguen a la Iglesia. Hablan de amor y paz mientras imponen un régimen de terror contra quienes disienten”, afirma.

Espinoza advierte que el nivel de restricción a la libertad religiosa en Nicaragua es tan grave que exige acciones más contundentes, y sostiene que Estados Unidos debe aumentar la presión económica para obligar a la dictadura Ortega Murillo a ceder y permitir el retorno de los desterrados y exiliados.

"Si realmente quisiera hacer algo por la libertad religiosa en Nicaragua, debería presionar económicamente al régimen. Sin cortar el financiamiento, seguirán ignorando los reclamos de democratización", sugiere.

Lea más: Sin fondos para sostener cárceles, el régimen ordena frenar detenciones y desacatar a jueces

El experto en temas religiosos llama a no perder de vista que, pese a la persecución, el régimen resulta debilitado, mientrtas  la feligresía continúa acuerpando a sus pastores. "Los católicos saben que la persecución es semilla de nuevos cristianos. Están dando testimonio de su fe. Que las parroquias estén llenas en Semana Santa demuestra el respaldo popular a la Iglesia", valoró.

Molina coincide: "la fe de los católicos se ha fortalecido a través de la oración. Ante las restricciones, buscan formas de continuar con la evangelización".