Murillo habla del “poder de las mujeres” en el 8M, pero omite represión y persecución al movimiento feminista
La dictadora Rosario Murillo emitió este sábado un mensaje extraordinario por el Día Internacional de la Mujer. En su intervención exaltó el “poder inmenso” de las mujeres nicaragüenses y su papel en lo que llamó la construcción de la patria y la paz, una narrativa asociada al modelo político que el régimen impulsa desde 2018 y que, según organizaciones de derechos humanos, ha significado un profundo retroceso para los derechos de las mujeres.
“Saludar a las mujeres de este pueblo… es saludar la gloria de Dios que se manifiesta en tanto amor de niñas, de adolescentes, de mujeres de todas las edades”, afirmó Murillo al inicio de su mensaje.
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A lo largo de su intervención, la dictadora insistió en una visión idealizada del papel femenino en la nación. “Las heroicas mujeres… hemos sabido asumir nuestro poder inmenso para construir, nunca para destruir”, sostuvo. También afirmó que las mujeres están “nunca doblegadas, nunca sometidas, nunca degradadas”.
Sin embargo, el discurso evitó referirse a las demandas históricas del movimiento feminista nicaragüense, así como a la represión que desde 2018 ha impedido las marchas del 8 de marzo en el país. Durante ocho años, la Policía ha prohibido las movilizaciones convocadas por organizaciones de mujeres, que durante décadas habían convertido esta fecha en una jornada de reivindicación pública.
Calla sobre violencia de género en Nicaragua
Murillo también aludió de forma general a la violencia de género, pero la presentó como un problema global. En su mensaje habló de “rezagos sociales y culturales” y de “pestes y plagas que nos salpican en todo el mundo”, entre ellas la “violencia machista” y el acoso, sin reconocer la situación que enfrentan las mujeres en Nicaragua ni las críticas de organismos de derechos humanos sobre la falta de políticas efectivas de prevención y protección.
En paralelo, organizaciones feministas han denunciado que el régimen de Daniel Ortega y Murillo oculta de manera deliberada las cifras reales de la violencia machista, restringiendo el acceso a estadísticas oficiales y desmantelando mecanismos institucionales de seguimiento.
Ante la falta de datos públicos confiables, iniciativas independientes han asumido la tarea de documentar los casos de violencia. El proyecto ContraData, verificador de violencia machista impulsado por Despacho 505 y La Lupa Feminista, registró en 2025 al menos 54 muertes violentas.
De ese total, las autoridades policiales y judiciales solo han reconocido 11 (20%) como femicidios, con base en la reforma aplicada en 2012 a la Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres (Ley 779), que limita el reconocimiento del delito a aquellos casos perpetrados por parejas o exparejas de las víctimas, dejando fuera otras formas de violencia feminicida.
Organizaciones feministas ilegalizadas en Nicaragua
El mensaje de Murillo también omitió el desmantelamiento del tejido organizativo feminista en el país. En los últimos años, decenas de organizaciones de mujeres han sido canceladas o despojadas de su personería jurídica, como parte de la ola de cierres de organizaciones civiles impulsada por el régimen.
La persecución y el hostigamiento también han empujado al exilio a numerosas defensoras de derechos de las mujeres, activistas y lideresas feministas que durante décadas sostuvieron redes de denuncia, acompañamiento a víctimas y sensibilización social frente a la violencia de género.
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De esta manera, el mensaje oficial por el 8M terminó reduciendo la fecha a un saludo celebratorio sobre el papel de las mujeres, sin abordar el contexto político que hoy limita la organización, la denuncia y la acción pública del movimiento feminista en Nicaragua.



