Monseñor Báez acusa a los tiranos de sacrificar la libertad del pueblo “al servicio del diablo”

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, advirtió este domingo que “el poder es un ídolo al que los tiranos sacrifican la libertad y la esperanza de los pueblos”, un mensaje que, sin hacer una alusión directa, refuerza su crítica a las prácticas autoritarias del régimen de Daniel Ortega y de Rosario Murillo.

Monseñor Báez, quien fue forzado al exilio en 2019, fue tajante al señalar durante su homilía del primer domingo de Cuaresma que la ambición política deteriora la convivencia y erosiona la esperanza de los pueblos.

El obispo centró su reflexión en el texto bíblico que relata las tentaciones de Jesús en el desierto y recordó que “el mal se disfraza, se presenta atractivo y con apariencia de bien”, por lo que, para no caer en su engaño, “necesitamos discernimiento y lucidez espiritual”.

Báez hizo un especial énfasis en la tentación de buscar el poder a cualquier costo. “El deseo de imponernos y dominar está presente en todos los seres humanos. Es grande la tentación de buscar poder, fama y el éxito a cualquier precio. La convivencia cotidiana se hace más difícil cuando cada uno lucha por imponerse”. Añadió que “los más nobles ideales se pervierten a causa de las ambiciones egoístas y las luchas de poder”.

“El poder es un ídolo mortífero al que los tiranos sacrifican la libertad y la esperanza de los pueblos (…) Quienes hacen uso del poder para oprimir, están al servicio del diablo”, reiteró.

Exhortación sobre el materialismo y la búsqueda del beneficio inmediato

El religioso criticó la tendencia a reducir la vida colectiva a la satisfacción de necesidades inmediatas o a la consecución de ventajas personales, advirtiendo que esta lógica erosiona la solidaridad y fragmenta a la sociedad. Señaló que una comunidad que solo se orienta por el interés propio “se vuelve vulnerable, dependiente y sin capacidad de sostener proyectos comunes”. Subrayó que el bienestar aislado no sustituye la responsabilidad colectiva ni la construcción de un país más justo.

Asimismo, cuestionó la actitud de evadir responsabilidades y esperar que otros resuelvan los problemas estructurales del país. Afirmó que esta pasividad social favorece el estancamiento y prolonga la crisis. “No podemos esperar soluciones sin luchar y organizarnos”, dijo, insistiendo en que la transformación política requiere implicación ciudadana, decisiones valientes y una disposición real a asumir riesgos.

En su homilía, Báez incluyó insistentes exhortaciones a evitar la pasividad ante los problemas sociales. Llamó a asumir decisiones valientes y a organizarse para enfrentar las dificultades, descartando la idea de soluciones milagrosas sin compromiso ciudadano. “Esta tentación aparece cuando queremos huir del esfuerzo y de los riesgos propios de la vida, queriendo que Dios resuelva nuestras dificultades. La vida es ardua y exigente, y Dios no nos ahorra las dificultades, pero nos asegura su presencia cercana y amorosa que nos sostiene y acompaña”.

Agregó que tampoco frente a los problemas sociales se debe caer en la pasividad: “Debemos tomar decisiones valientes y asumir compromisos arriesgados. No podemos esperar soluciones milagrosas, sin luchar y organizarnos, pero siempre confiando en el amor de Dios que no nos abandona y despliega su fuerza en nuestra debilidad”.

El obispo advirtió que “la vida tiende a fragmentarse y desordenarse” y que, por ello, “necesitamos unificarnos interiormente”. Recordó que la Cuaresma es un tiempo propicio “para poner orden en nuestro corazón, en nuestro cuerpo y en nuestro tiempo”.

Sin mencionar a grupos específicos, Báez subrayó que la desunión, las rivalidades estériles y la incapacidad de articular esfuerzos comunes han debilitado a las comunidades, llamando a recuperar la cohesión y la responsabilidad compartida para enfrentar los desafíos del país.