Los tres escenarios sobre la caída de la dictadura Ortega-Murillo en Nicaragua, según el Cetcam
A pesar de que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa uno de sus momentos más frágiles desde la rebelión cívica de 2018, marcada por aislamiento internacional y las crecientes sanciones de Estados Unidos tras la caída de Nicolás Maduro, su salida pasa por tres grandes escenarios: el afianzamiento de la dictadura; una transición controlada; y una transición democrática, según un análisis del Centro de Estudios Transdiscipliniarios de Centroamérica (Cetcam).
De acuerdo al análisis, existe la posibilidad de que el régimen sandinista se fortalezca en la figura de Rosario Murillo, con o sin Daniel Ortega, a pesar de la carencia de legitimidad. En este escenario, las tensiones y contradicciones dentro del "orteguismo" serían contenidas, mientras el aparato represivo se mantiene como pilar de sostenimiento del régimen.
En este contexto, la presión internacional sería insuficiente, especialmente, si la oposición nicaragüense no consigue articular una estrategia capaz de forzar una transición democrática. En Nicaragua está previsto que el 7 de noviembre del 2027 se realicen las elecciones generales, que podrían reeditar una farsa electoral sin garantías como las ocurridas desde el 2011.
La edición 189 del suplemento Perspectivas del Cetcam, pone el foco en la fragilidad de la oposición nicaragüense, en su mayoría forzada al exilio tras la represión sistemática de los últimos ocho años. La oposición es descrita como un "amplio y diverso espectro" de organizaciones políticas, movimientos sociales, redes cívicas y actores independientes, dentro y fuera del país.
No obstante, esas coincidencias no han cristalizado en una plataforma unitaria sólida. Las diferencias ideológicas, los recelos acumulados y las disputas sobre liderazgos y estrategias han impedido la conformación de un frente amplio con capacidad real de interlocución y presión.
Segundo escenario: transición controlada
Una segunda posibilidad podría ser el de una "transición" controlada desde el mismo régimen Ortega-Murillo y las cúpulas orteguistas, que impulsen ajustes al modelo totalitario, pero preservando sus intereses esenciales de impunidad y las fortunas acumuladas.
"La represión adoptaría formas menos brutales; mientras un sector de la oposición se adaptaría a estas condiciones, renunciando a demandas fundamentales y sometiéndose a concesiones parciales", plantea la Cetcam.
En ese contexto, las elecciones de 2027 se realizarían con cambios cosméticos de la ley electoral y con la participación de fuerzas políticas previamente filtradas o toleradas por el régimen, como resultado de una negociación bilateral con los Estados Unidos, que podría derivar en la sustitución de los dictadores sandinistas, y otros tipos de ofrecimientos como la ruptura en los negocios con China y el espionaje ruso desde Nicaragua.
Así como la definición de una hoja de ruta mínima que incluya la liberación incondicional de presos políticos, cese de la represión, restitución de libertades, retorno seguro de exiliados y reformas electorales creíbles para 2027.
Prepararse para una transición democrática
El informe insiste en que una negociación política es probable "más temprano que tarde" y advierte: toda negociación implica concesiones y depende de la correlación de fuerzas. Si la oposición llega dividida, sin liderazgo reconocido y sin respaldo social claro, su margen para exigir transformaciones profundas se reducirá.
"Sin una oposición cohesionada y preparada, ese proceso podría traducirse en reformas cosméticas que preserven impunidad y estructuras de poder", indica el análisis.
El texto también apunta a la necesidad de tender puentes con sectores del aparato estatal —incluidos funcionarios y miembros de las fuerzas armadas no implicados en violaciones de derechos humanos— para garantizar estabilidad en un eventual proceso de cambio.
Sin embargo, advierte que el debilitamiento del régimen sandinista no garantiza por sí mismo una transición democrática, ya que la historia reciente muestra que las salidas negociadas pueden derivar en reacomodos internos antes que en rupturas estructurales.
En ese escenario, el gran reto no es únicamente la caída de Ortega o el fracaso de la sucesión dinástica encabezada por Murillo. Es si la oposición, golpeada por el exilio y la fragmentación, logrará reconstruir la cohesión y la legitimidad necesarias para encabezar una alternativa creíble.



